Lo que podemos aprender de los papás malos de la Biblia

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En muchas ocasiones la Biblia nos ofrece historias sobre papás con defectos y fallas. Es reconfortante ver estas historias.

No todos los libros que están en oferta son malos. A veces, al igual que con las ventas de garaje, la canasta con los libros baratos en la librería se puede encontrar con una joya, una obra que vale la pena leer como: “Malos papás de la Biblia” (Bad Dads on the Bible) por Roland C. Warren.

El libro de Warren llamó mi atención ya que estamos a puertas del Día del Padre. También, con 207 páginas, sentí que al libro le faltaba 500 páginas. Estoy convencido que cada padre en la Biblia se sintió como un fracaso en algún momento.

Todos nos sentimos así.

Cada padre en todos los países, en todas las épocas, en todos los idiomas, en algún momento se pregunta: “¿Qué estaba pensando?”

Miremos a Adán. Uno de sus hijos asesinó al otro. Eso debe haber hecho que se ponga a pensar en sus habilidades de crianza.

Los hijos de Jacob vendieron a un hermano como esclavo, y Abraham envió a su hijo Ismael en el frío. Estoy seguro de que algunas largas noches de reflexión siguieron a estos acontecimientos.

Y ni siquiera hablemos sobre los capítulos sobre Lot y sus hijas.

Aún así, lo que me gustó del libro de Warren era la forma en que evita a esos “íconos” y ofrece padres bíblicos menos conocidos con debilidades. Él nos relata sobre Manoa, por ejemplo, el padre de Sansón.

Un ángel vino a Manoa y le dijo exactamente cómo criar a su hijo. Pero cuando Sansón le pidió a su padre que le consiguiera una mujer filistea para que sea su esposa, el viejo papá hizo lo posible para llevarse bien con su hijo. Cuando la mujer filistea dijo que no dejaría que los niños de Sansón supieran de Jehová, Manoa otra vez siguió la corriente.

A veces seguir la corriente es una buena política. Sólo que así no funciona la crianza. Ceder a lo que exigen los niños no resuelve el problema, crea problemas mayores.

Estoy seguro de que, en su lecho de muerte, Manoa pensó en eso.

Después tenemos a Labán y a sus dos hijas, Raquel y Lea. Ya sabes en que resultó eso. Labán hizo que se casara con la mujer equivocada.

El engaño de Labán sembró la discordia en su familia en los años venideros.

La falta de honradez no es algo que los padres deben modelar para sus hijos. Los niños aprenderán eso.

En muchas ocasiones la Biblia nos ofrece historias sobre padres con defectos y fallas.

Es reconfortante ver estas historias.

Nunca he dado gato por liebre en una boda, pero he cometido algunos errores. Y cuando fallo como papá, sé que no estoy solo.

El problema es que los niños sensibles tienden a recordar los errores del papá durante años y años. Ellos pueden recordarlos siempre.

Cuando mi hijo Ian tenía 6 años, me demoré en llevarlo a la escuela. Durante el caos en la casa, el gato saltó sobre la mesa y comenzó a beber la leche. Empuje el gato de la mesa al suelo. (Aterrizó sobre sus pies, por supuesto).

Sin embargo, si tuviera que llamar a mi hijo hoy y empezar a recordar los días de antaño, la historia de “papá y el gato volador” saldrían a la luz una vez más.

No parece justo.

Pero el trato justo nunca fue parte de la descripción del trabajo de ser padre.

Preguntale a Lot, Laban y Manoa. Sus errores son contados en todo el mundo, 5.000 años después de que sucedieron.

Me pregunto si la leyenda del “gato volador” todavía seguirá persiguiendo mi historia personal en el año 7016.

Y me pregunto si alguien como Roland C. Warren estará allí para escribir sobre esa leyenda.

 

Escrito por Jerry Johnston para Deseret News. Traducido al español por Mariela Viernes.

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