Si conocemos a alguien que recientemente ha perdido un ser querido o a alguien que está pasando por una situación similar, tenemos la responsabilidad de “llorar con los que lloran” (Mosíah 18:9). El Élder Dale G. Renlund compartió hace poco, a través de Facebook una experiencia que le enseñó la importancia de mostrar compasión, aún cuando faltan las palabras.

Esta semana Ruth y yo fuimos al funeral de una joven madre llamada Julie, que había luchado valientemente contra el cáncer y que finalmente había sido llamada al Hogar Celestial. Dejó cinco hermosas hijas y a su amoroso esposo Nathan. Nathan es un querido amigo mío. Mientras lo abrazaba en el velorio, las lágrimas corrían libremente.

Nathan sabe muy bien, al igual que yo, la veracidad del evangelio. Ambos sabemos que el poder sellador es real y que se reunirá nuevamente con Julie y que ella estará al tanto de él y de sus hijas. Sabemos que esto es posible, gracias a la Resurrección y la Expiación de nuestro Salvador, que son parte del plan perfecto de nuestro Padre Celestial.

Sin embargo, esa noche mientras abrazaba a mi querido amigo, aprendí algo acerca de lo que significa “llorar con los que lloran” (Mosíah 18:9). No encontraba las palabras adecuadas que pudieran sanar el dolor de Nathan. Las palabras se sentían tan triviales y vacías. Así que, cada uno derramó lágrimas y lloramos juntos.

 

 

 

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por LDS Living Staff y publicado en ldsliving.com, con el título “At the Funeral of a Young LDS Mom, Elder Renlund Shows How to Comfort Others, Even When Words Fail

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Traducido por Marlene Merino.