Irónicamente, los mismos métodos que utilizamos para fomentar la pureza en nuestros hijos a veces los llevan a la adicción a la pornografía en lugar de ayudarlos a hacerse camino entre la exposición y los tropiezos inevitables.

Se podría haber justificado a la familia Callahan* al pensar que nunca pasarían por el sufrimiento de la adicción, la traición y el divorcio. Se casaron en el templo, enseñaron fielmente el Evangelio en su hogar, y despidieron a sus hijos que sirvieron en misiones y se sellaron con sus propios cónyuges en el templo.

Acababan de celebrar unas maravillosas fiestas navideñas con todos sus hijos y nietos, y todo estaba muy bien. Pero, unos días después, su hijo Brandon envió un correo a sus padres y hermanos que acabó con su paz.

“Traicioné a mi familia. Probablemente, [Melly] y yo nos divorciemos porque la engañé. Hay mucho más que debo contar acerca de quién soy ahora y cómo llegué aquí, pero la conclusión es que por ahora dejaré la Iglesia. Me siento triste por deshonrarlos a todos ustedes con esto, mi corazón está roto por lastimar y perder [a Melly]. Mi corazón ha estado roto durante mucho tiempo”.

La familia destrozada de Brandon se esforzó por ayudar al joven que amaron y pensaron que conocían.

Surgió una adicción a la pornografía que duró 16 años, más de la mitad de su vida. El matrimonio no sobrevivió, tampoco la fe de Brandon en Dios.

Es una historia que últimamente se ha vuelto demasiado común y, a menudo, hace que los Santos de los Últimos no puedan entender la facilidad en que la adicción a la pornografía puede asentarse en una comunidad que condena expresamente el pecado sexual de cualquier tipo.

Si bien se demostró que tales cosas son difíciles de cuantificar, las comunidades de Santos de los Últimos Días tienen tasas de consumo de pornografía similares a aquellas ajenas a la fe e incluso pueden tener una tasa mayor de adicción debido a una cultura de temor y vergüenza en cuanto a las relaciones sexuales.

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Irónicamente, los mismos métodos que utilizamos para fomentar la pureza en nuestros hijos a veces los llevan a la adicción a la pornografía en lugar de ayudarlos a hacerse camino entre la exposición y los tropiezos inevitables.

Generaciones de padres han usado la vergüenza y el miedo para motivar a sus hijos desde la cuna hasta la edad adulta, creando así una fuerte tradición de enseñanza que todavía se puede encontrar en las familias, las escuelas y los lugares de trabajo en todas partes.

Sin embargo, un trabajo innovador reciente sobre la psicología de la vergüenza ha comenzado a aclarar los efectos nocivos de estos métodos. En especial, el hecho de que la vergüenza crea condiciones que a menudo conducen a la adicción.

Esto se debe principalmente a la naturaleza desesperada de la vergüenza, donde la culpa es un sentimiento temporal de haber hecho algo malo que provoca que uno cambie. La vergüenza es una sensación duradera de estar equivocado, un estado de incompetencia desesperada.

Según señaló Brené Brown, un experto líder en el campo de la psicología de la vergüenza, “La vergüenza carcome la misma parte de nosotros que cree que somos capaces de cambiar. La vergüenza disminuye nuestra valentía y alimenta el desinterés”.

La psicología moderna apunta a un liderazgo más efectivo basado en la sinceridad y la compasión. Los padres que tienen la intención de criar niños sanos tienen más éxito al fomentar un diálogo sincero y tratar los errores con cuidado.

Comenzó con vergüenza

Cuando le preguntan acerca de la vergüenza por su adicción, Brandon no habla de cuando comenzó, a la edad de 13 años. Habla de la vergüenza durante los primeros años de su infancia.

“Recuerdo que sentía odio por mí mismo. Recuerdo que miraba el espejo todo el tiempo… [y] pensaba que era la persona más fea que podía imaginar. Así era. Lo podía ver en el espejo. Podía ver por qué frustraba a mamá o a mi maestro… La vergüenza no solo era, como, en la Iglesia. [Por vergüenza] obedezco. Básicamente, era una identidad completa. Este es quien soy. Así es como me relaciono con cada parte del mundo: inferior, frágil, no muy adorable, de la misma manera”.

A pesar de haber sido criado en la Iglesia, los sentimientos constantes de vergüenza que Brandon sufrió cuando era niño lo prepararon para cualquier adicción que pudiera presentarse. Al igual que todas las otras adicciones, la adicción a la pornografía no es nada más que la incapacidad para manejar el dolor de maneras saludables.

En una entrevista reciente, Geoff Steurer, director fundador de LifeStar de St. George, Utah, un programa de tratamiento para parejas e individuos afectados por la pornografía y la adicción sexual, aclaró el vínculo entre la vergüenza y la adicción.

“La vergüenza es tan dolorosa y severa que tienes que cambiar de estado de ánimo porque la vergüenza básicamente es… el sentimiento más doloroso que puedes tener, los investigadores hacen referencia a la vergüenza como la emoción maestra”, dijo.

Los jóvenes que viven en la vergüenza encontrarán formas de automedicarse, algunos con comida, libros o videojuegos. Sin embargo, aquellos que descubren sus propios cuerpos como un medio de escape, encontrarán las experiencias sexuales intensas que son difíciles de evitar una vez que comienzan, especialmente si no se sienten seguros de hablar con sus seres queridos sobre estas experiencias.

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En parte, culpar es una cultura más amplia de temor y vergüenza con respecto a la sexualidad, que se fortalece especialmente en la Iglesia y en otras comunidades de fe. Parte de esto es natural y saludable, establecer límites apropiados y normas sociales. Sin embargo, gran parte de la vergüenza y el temor relacionados con la sexualidad puede ser contraproducente cuando impulsan la discreción, que es un componente esencial de la adicción.

Además, el temor a las relaciones sexuales y, específicamente, a la pornografía puede afectar nuestra capacidad de tomar decisiones racionales. El temor detiene al lóbulo frontal, lo que nos obliga a confiar en nuestros impulsos en lugar de nuestro mejor juicio.

Los estudios han demostrado que el temor  incluso aumenta el deseo sexual, es responsable del poco juicio ante los estímulos sexuales. Los padres que les enseñan a sus hijos a tener temor a la pornografía en realidad pueden estar afectando su capacidad para luchar en contra de la misma.

Primero, la vergüenza nos prepara para la adicción al causar dolor y, luego, al aislarnos de las relaciones que pueden ayudarnos a hacernos camino y curarnos del dolor. Brandon luchó contra la vergüenza a una edad temprana – vergüenza a la sexualidad y vergüenza de sus pecados ocultos, todo eso alimentó el ciclo de la vergüenza.

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Recientemente, en la convención de la Coalición de Utah contra la Pornografía, el Élder Anthony D. Perkins, Setenta Autoridad General, explicó el ciclo de la vergüenza en el contexto de la adicción.

El ciclo de la vergüenza aclara en gran medida la historia de Brandon.

Al crecer en la Iglesia, Brandon tuvo grandes ideales de moralidad y perfección. Cuando no pudo vivir a la altura de ellos debido a su debilidad mortal, se llenó de un profundo sentimiento de miedo e indignidad.

Esta vergüenza fue tan dolorosa que se vio obligado a automedicar su dolor usando su adicción. Volvía a sus grandes ideales después de actuar y prometerse a sí mismo que nunca más volvería a fallar. Sin embargo, el ciclo siempre regresaba a la adicción, cada ronda de fracaso reforzaba la profunda vergüenza de Brandon.

“Necesitamos esforzarnos por tener hogares y lugares de adoración sin zonas de vergüenza. Jesucristo nunca avergonzó a nadie, en ningún lugar, en ningún momento, nunca. La vergüenza es una herramienta que Satanás usa para mantener a los adictos como adictos”, dijo.

Las familias que crían hijos con un sentido saludable de identidad manejan el fracaso y el pecado con mayor resistencia y pueden evitar el ciclo destructivo de la vergüenza y la adicción.

Crear una cultura de seguridad y sinceridad

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Por supuesto, el mejor momento para comenzar a interrumpir el ciclo de la vergüenza es ahora, independientemente de cuán pequeños o grandes sean nuestros hijos.

Podemos comenzar a construir culturas familiares de seguridad y sinceridad al aprender a reconocer la vergüenza en nuestros seres queridos y ayudarlos a encontrar un terreno más seguro; al valorar la sinceridad por encima de la pureza; y, especialmente, al cultivar la esperanza en un futuro brillante.

Identificar la vergüenza y construir puentes de regreso

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Esto puede ser complicado porque los niños son buenos para ocultar su vergüenza, y los adultos son aún mejores. Los padres que notan ideas o comportamientos inusuales o extremos, como el perfeccionismo, el aislamiento, comer en exceso, etc., deben hacer algunas buenas preguntas.

Especialmente, con los niños más pequeños, simplemente ayudarlos a encontrar los nombres correctos para sus sentimientos puede tener gran impacto en “la construcción de un puente de regreso” a una identidad sana, como dice Steurer:

“Esto no tendrá nada que ver con la pornografía; esto tiene que ver con la vergüenza, que, en realidad, es aprender a ver a tu hijo como una persona con sentimientos, ideas, pensamientos, experiencias [y] reacciones que son diferentes a las tuyas. Preocúpate por tu hijo, dale su espacio. Cuando sienta ese tipo de amor, afirmación y sensación de ‘le importo a esta persona’ cuando tenga experiencias que no coincidan con las expectativas prescritas que se nos enseñan en la Iglesia o que enseñas en casa, sabrá que lo valoran, aman y que no va a ser condenado. Eso creará un puente para que tu hijo pueda hablar acerca de lo que sucede en su cuerpo, de este modo el padre tendrá acceso a su mundo interior. Este problema se trata del mundo interior”.

Valorar la sinceridad por encima de la pureza

“Ninguna noticia es una buena noticia” no se aplica aquí en absoluto. Los padres deben esperar escuchar acerca de los sentimientos sexuales, tentaciones, provocaciones y errores de sus hijos. Un hijo que comparte que una película causó ciertas sensaciones en él, espera que su padre le diga algo como, “Sí, eso es normal. ¿Cómo lidiaste con eso?”

Por supuesto, los padres no aprueban el pecado o los comportamientos poco saludables, pero pueden comprender los sentimientos, los pensamientos y las acciones sexuales porque todas las personas normales los experimentan.  Esta normalización de la sexualidad es un antídoto poderoso contra la vergüenza.

Crear un ambiente libre de vergüenza comienza con una sinceridad profunda dentro de la seguridad de las relaciones amorosas y los hijos aprenderán mejor a ser sinceros con los padres que son sinceros.

Los padres que comparten sus propias historias son más capaces de ayudar a sus hijos a hacerse camino entre las nuevas experiencias, lidiar con los errores y corregir el curso.

Steurer señala que podemos aprovechar los años entre el inicio de la pubertad hasta la edad adulta para aprender acerca de la sexualidad saludable, prepararnos para experimentar lo que realmente es una sexualidad más avanzada, dentro de los lazos del matrimonio.

Debemos esperar que se cometan errores. A veces, los errores son las mejores oportunidades de aprendizaje. Además, los niños que tienen miedo de fallar tienen más probabilidades de fracasar aquí debido al vínculo poderoso entre el temor y los deseos sexuales.

Por lo tanto, los padres que enseñan a sus hijos acerca de la sexualidad de manera positiva, que hablan de la exposición a la pornografía como algo de esperar y tratar, y que lidian con los errores con gentileza y comprensión, fortalecerán a sus hijos en su lucha por la pureza.

Muchos adolescentes temen hablar con sus padres sobre casos de masturbación o pornografía por temor a ser “entregados” al obispo. Estos temores y secretos pueden llevar a los adolescentes a la adicción cuando podrían haber estado bien con la orientación de los padres.

Los padres deben sentirse cómodos al aconsejarles a sus hijos sobre casos personales y ayudarlos a sentirse bien al reunirse con el obispo o un terapeuta profesional si parece que se están formando patrones o adicciones.

Sobre todo, los jóvenes deben saber que sus padres pueden manejar cualquier cosa de la que necesiten hablar. Los padres deben enfatizar que prefieren escuchar sobre los desafíos de sus hijos que creer que son perfectos.

Los padres pueden crear una cultura afirmativa al admitir cuando cometen errores y mostrarles a sus hijos que los errores son la forma en que aprendemos y crecemos.

Mantener las esperanzas siempre vivas

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Ante el trauma y el dolor que puede causar la adicción sexual, puede ser difícil esperar un futuro brillante. Sin embargo, Steurer, después de una larga experiencia trabajando con adictos en recuperación, ha visto una gran sanación y cambio. “Todo ese asunto de ‘una vez adicto, siempre adicto’, no lo compro”, dice.

En la actualidad, un hombre que lucha contra la adicción a la pornografía, se centrará en no ver pornografía.  El próximo año, se esforzará por evitar los pensamientos lujuriosos. En cinco años, se responsabilizará por lo sincero que será con respecto a sus sentimientos.  Se acostumbra tanto a nadar a contracorriente que simplemente nunca se detiene y, finalmente, termina a kilómetros de la persona que nunca fue adicta.

A menudo, los adictos en recuperación se convierten en las personas más sanas y felices, y en los mejores cónyuges porque aprenden a ser responsables y cultivar buenas relaciones. Según escribió Josemaria Escriva, “La lucha es el símbolo de la santidad. Un santo es un pecador que sigue intentando”.

La mejor noticia de todas es que tenemos una mejor comprensión de cómo criar hijos sanos y felices que cualquier generación anterior. A medida que creamos zonas libres de vergüenza en nuestros hogares, iglesias y escuelas, nuestros hijos serán fortalecidos no solo para evitar la adicción, sino también para crear relaciones profundas y duraderas con los que los rodean. La lucha por la libertad en nuestra sexualidad nos dará paz y libertad en todos los demás aspectos de la vida.

*Se cambiaron los nombres.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Kari Monet y fue publicado en ldsliving.com con el título “Preventing Pornography Addiction: 3 Ways Latter-day Saint Families Can Help Break the Shame Cycle”.