“Cenar en familia con más frecuencia se relacionó con menos problemas emocionales y conductuales, mayor bienestar emocional, conductas más confiadas y serviciales con los demás, y una mayor satisfacción global”.    – Dr. Frank Elgar, McGill University, Montreal, Canada

Familia y Cena, dos asuntos que van de la mano cuando se trata de los hispanos. Familia entera alrededor de la mesa o del fogón, con mucha o poca pero sabrosa al fin la comida casera.

Los niños alborotados, la abuela preocupada de que nadie se lastime, la madre orgullosa de su platillo ‘al dente’, un padre comentando la última hazaña de su equipo futbolero, la hija adolescente nerviosa porque el novio está por llegar y el varón sin terminar el bocado pero ya con la pelota debajo del brazo.

Palabras que cruzan de lado a lado, todo el mundo hablando al mismo tiempo, a los gritos para escucharse pero con la habilidad única de un latino de estar llevando 3 o 4 temas a la vez y participando en todos ellos. Y no nos olvidemos del abuelo que entre mordida y dormidas le pasa la hora para luego preguntar -Y fulano ya se fue? Es la típica y tradicional celebración casi diaria que tanto a los hispanos nos ha identificado y que nos ha sido de matriz al orgullo que hoy sentimos a la hora de decir: SOY LATINO.    

Hoy en día el recordar esa vida es como el opio de “lo que fue una vez”, ya que para muchos el efecto adormecedor de recordar en cierta manera nos alivia la culpa de lo que ya no estamos haciendo.                  

Hemos olvidado la cena familiar, ese encuentro único y diario donde el núcleo familiar tiene para encontrarse con los demás, para tener el roce emocional con sus seres mas queridos. El momento informal pero a la vez sagrado donde se mezclan sabores, opiniones, miradas, valores y consejos.                                            

La cena del momento donde el mas pequeño de la familia está quizás por primera vez al mismo nivel de los demás para así poder dar su punto de vista de la vida.                                                                                            

La Cena Familiar no es para sermonear, es para reconciliar, para gozar, para informar y para sentir que cada uno de los miembros que la forman tienen un lugar único y especial donde todos pueden ser escuchados y también corregidos. 

Eso es la Cena Familiar, es tu lugar, es tu momento, es cuando afuera el mundo loco sigue a toda velocidad y tú dentro de tu terruño haces una pausa, un balance y aclaras el porqué de la Familia.                        

De que no viven para el mundo sino que haciendo lo correcto, que nadie dijo que es fácil, y desde el hogar se aprenderá a dominar el mundo.                                                                                                                              

Hoy en día, se da lo contrario, el dominio es de afuera hacia adentro, por tal razón ya cenamos menos, si bien comemos y nos alimentamos, pero dejamos de cenar en familia.

cena familiar 2

“Desayuna como los pobres pero almuerza y cena como los ricos” – Anónimo

Nunca es tarde para volver a empezar, el tiempo no se acaba y los errores son maestros, sin embargo, la hora de dar el primer paso no debe llegar mañana sino hoy, ya que sino la consecuencia sería estar toda la vida con un pie en el aire prometiendo dar el primer paso. Un calambre es mas doloroso que una torcedura por dar el paso. Los padres con su hijo, la madre con sus hijos, un padre soltero, una pareja sin hijos y un solo miembro, todos pertenecemos y hacemos familia, así que jamás deberíamos sentirnos solos y perdernos la cena familiar. 

Los hijos la reclaman, la disfrutan y a gritos hoy la necesitan. Es para ellos su guarida en tiempos de cólera, su escuela en tiempos pobres de enseñanza de valores y su refugio en guerras contra enemigos modernos. No dejemos en otro la responsabilidad y el privilegio de darle a nuestra próxima generación el sazón de los valores.

“El que depende de la mesa de otro, con frecuencia cena tarde” – Anónimo

Ahora bien, ¿Importa tanto el lujo del platillo o del tenedor?  ¿Es más importante el sazón que el comensal?  LA CENA FAMILIAR ESTA SERVIDA, y el plato será tan sabroso y deseado como el gozo que los invitados a la mesa ofrezcan.                                                                                                                                                

No importa si es mucha o poca cuando la mesa tiene como platillo principal el amor que toda familia hoy necesita gozar.