Una de las diferencias que he notado entre los mormones y otras denominaciones cristianas es su punto de vista sobre Eva. Por lo que entiendo, muchas iglesias ven la elección de Eva de comer del fruto en el Jardín de Edén como algo inherentemente malvado y que, de ese modo, introdujo el pecado en el mundo y consecuentemente toda la humanidad nace en un estado de “pecado original”.  Esta no es la perspectiva que sostiene La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

adam-eve-children-mormonDebido a la caída de Adán y Eva, todas las personas viven en una condición caída, separadas de Dios y sujetas a la muerte física. Sin embargo, no estamos condenados por lo que muchos llaman el “pecado original”.

El segundo Artículo de Fe afirma:

Creemos que los hombres serán castigados por sus propios pecados, y no por la transgresión de Adán.

Creemos que cada niño viene a la tierra en un estado de inocencia – libre de la mancha del pecado. Creemos que la expiación infinita de Jesucristo pagó el precio por las transgresiones de Adán y Eva, de allí que no seamos responsables por una elección que nunca fue nuestra. Los pecados de los padres no pueden recaer sobre la cabeza de los niños. (Moisés 6:54)

En el Jardín de Edén, Adán y Eva recibieron el mandamiento de no comer del árbol de la ciencia del bien y el mal. La razón por la que Dios da este mandamiento es porque el día que de él comieran, ciertamente morirán. (Gen 2:17). Pero las escrituras adicionales SUD sacan a la luz lo siguiente. Moisés 3:17 dice:

Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás. No obstante, podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido; pero recuerda que yo lo prohíbo, porque el día en que de él comieres, de cierto morirás.

De aquí comprendemos que fue un mandamiento, pero fue dado también como una elección con una clara consecuencia – la muerte.  Eso es realmente importante porque ellos estaban viviendo en el Jardín de Edén en un estado de inmortalidad e inocencia. Aún no se había introducido la muerte en el Jardín y aún no tenían conocimiento del bien y el mal.  Por lo tanto, tenemos que Adán y Eva se encontraban en el jardín sin concepto de muerte, sin concepto de bien y mal cuando Eva es engañada por Satanás. Si usted no entiende el bien y el mal, ¿cómo entiende una mentira? Sin concepto de mal, ¿cómo comprende a Satanás?

Hay algunos que ven el diálogo entre Adán, Eva y Dios como una evidencia adicional de la debilidad de Eva. Pueden decir que Adán echó la culpa a Eva y Eva echó la culpa a la serpiente (véase Gen 3:8-13) – todo en un intento de librarse de problemas. Sin embargo, la afirmación de Eva, “La serpiente me engañó, y comí” es simple en su veracidad. Fue engañada y comió. Y la declaración de Adán, “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” muestra el dilema en el que se encontraba. Él tuvo que elegir entre obedecer el mandamiento de no comer el fruto o mantener el convenio que había hecho de permanecer junto a su esposa – carne de su carne y hueso de su hueso.

Eva después dice, “De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes” (Moisés 5:11). Esta es otra pista importante para comprender su estado en el jardín. Por alguna razón, no eran capaces de procrear  sino hasta después de comer del fruto. Y aquí se encuentra otra elección difícil. Adán y Eva fueron bendecidos y se les dijo “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra” (Génesis 1:28). Si no hubieran elegido comer el fruto, no hubieran tenido hijos. Si eligieron tener hijos, entonces tenían que comer.

En 2 Nefi, Nefi dice:

Pues, he aquí, si Adán no hubiese transgredido, no habría caído, sino que habría permanecido en el jardín de Edén. Y todas las cosas que fueron creadas habrían permanecido en el mismo estado en que se hallaban después de ser creadas; y habrían permanecido para siempre, sin tener fin.

Y no hubieran tenido hijos; por consiguiente, habrían permanecido en un estado de inocencia, sin sentir gozo, porque no conocían la miseria; sin hacer lo bueno, porque no conocían el pecado.

Pero he aquí, todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe.

Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo.

James E. Faust lo describe de esta manera:

Todos tenemos una gran deuda de gratitud para con Eva. En el Jardín de Edén, a ella y a Adán se les mandó no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, pero a la vez se les dijo: “No obstante, podrás escoger según tu voluntad”. La opción consistía en, o bien seguir la existencia confortable que llevaban en el Edén, donde nunca llegarían a progresar, u optar por una salida trascendental a la vida terrenal con todo lo opuesto inherente a ella: dolor, pruebas y la muerte física, en contraposición a la dicha, el progreso y el potencial de obtener la vida eterna. Al contemplar esta disyuntiva, se nos dice: “Y cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer. . . y un árbol deseable para darle sabiduría, tomó ella de su fruto y comió, y dio también a su marido, y él comió con ella”. Y de esa forma comenzaron su probación y paternidad terrenales. Si no hubiese sido por Eva, ninguno de nosotros estaría aquí. (James E. Faust, “What It Means to Be a Daughter of God, “Lo que significa ser una hija de Dios”, Ensign, revista en inglés, Nov. 1999, 100)

Algunos ven la “maldición” de Eva como una prueba adicional de un Dios enojado que libera su cólera en todas las mujeres que ahora necesitan sufrir durante el parto debido a la elección de Eva. El Señor dice,  “Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos” (Gen. 3:16). Él nunca afirma que sea una maldición. Adán y Eva están ahora expulsados del jardín a un mundo donde hay oposición en todas las cosas (véase 2 Nefi 2:11,15). Cuando pienso en que Dios aumenta el dolor de Eva (en hebreo significa “dolor de parto” o “sufrimiento”), recuerdo el trabajo de parto como una bendición, no una maldición. Ya que es mediante tal gran sacrificio que entendemos el gozo y el valor de los niños.

Por Andrya Lewis el 30 de noviembre de 2007