El mormonismo es único porque es una religión amplia en la que todos sus roles de liderazgo son ocupados por personas no remuneradas. Su tiempo es donado a la Iglesia, ya sea enseñando a los niños pequeños o sirviendo como el presidente de toda la Iglesia. Esto se llama un ministerio laico, y el concepto tiene una gran cantidad de beneficios que no se pueden encontrar en una Iglesia que paga a sus ministros, pianistas, y otros trabajadores de la Iglesia.

En un artículo anterior, escribí acerca de los peligros de la superchería. El Libro de Mormón, que los mormones (un apodo para las personas que pertenecen a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días) leen junto con la Biblia, dice: “Él manda que no haya supercherías; porque he aquí, son supercherías sacerdotales el que los hombres prediquen y se constituyan a sí mismos como una luz al mundo, con el fin de obtener lucro y alabanza del mundo; pero no buscan el bien de Sión”(2 Nefi 26:29).

En otras palabras, significa predicar el evangelio o servir en la Iglesia para beneficio personal, no con el fin de servir a Dios. Una forma en que los mormones evitan la superchería es que sus miembros ofrezcan su tiempo, en lugar de utilizar el servicio religioso como una carrera pagada. Sólo los más altos niveles de liderazgo trabajan a tiempo completo de forma vitalicia, y si ellos tienen la capacidad de hacerlo, ellos se sostienen a sí mismos. Muchos lo hacen a través de sus pensiones, ahorros, o ayuda de la familia. Si no son capaces de hacerlo, se les da un estipendio modesto que no se paga del diezmo. Los mormones dirigen un pequeño número de empresas con fines de lucro de las que pagan impuestos, y este dinero se usa para apoyar a los líderes que lo necesitan. Sin embargo, no reciben una parte de los beneficios o se hacen ricos con los fondos. Se limita a sostenerlos en un nivel modesto, probablemente reciben mucho menos que muchos ministros de carrera.

Además de la capacidad de evitar la superchería, un ministerio laico tiene otros beneficios. A continuación se presentan algunas de las formas en la que los mormones sienten que son bendecidos por tener un ministerio laico.

Los líderes mormones tienen experiencias similares a las de aquellos a quienes dirigen

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Las congregaciones mormonas, llamadas barrios, son dirigidas por obispos, que por lo general son llamados a servir durante unos cinco años. Un obispo es un pastor laico y no es el equivalente de un obispo en algunas otras religiones. Está casado y a menudo tiene hijos. Él también tiene una carrera secular, si no es retirado. Esto significa que su vida es muy parecida a la vida de las personas en su congregación. Dado que los miembros son asignados basados en congregaciones donde viven, ellos también viven en la misma área general que los miembros de sus rebaños.

Un obispo es capaz de asesorar mejor a sus miembros sobre las cuestiones del matrimonio porque está casado. Él entiende los desafíos del empleo y la necesidad de mantener altos estándares en un mundo secular. Él vive una vida similar a la suya, por lo que tiene experiencia personal con sus desafíos.

Más mormones llegan servir a Dios

Si usted no es un ministro, ¿cuándo fue la última vez que tuvo que dar el sermón o dirigir a la congregación en la oración? Los mormones tienen ese tipo de oportunidades todo el tiempo.

En la mayoría de las religiones, sólo el ministro, y tal vez un pastor asistente, logran ofrecer los sermones y dirigir las oraciones. En una congregación mormona, todos, desde los doce años y más llegan a tener esa oportunidad, y los niños, empezando de tres años, tienen la oportunidad de hacerlo en su propio programa. ¡No hay nada más lindo que escuchar un sermón dado por un niño en edad preescolar!

Debido a que el obispo tiene una vida externa ocupada y una enorme cantidad de trabajo que hacer en la Iglesia, todos lo ayudamos. Él no da el sermón cada semana. En su lugar, nos turnamos para hacerlo. Dado que la mayoría de nosotros no somos oradores profesionales, lo simplificamos al mantener los sermones, lo llamamos ‘discursos’ cortos. En un servicio normal, habrá tres o cuatro oradores. A menudo, dos de ellos son adolescentes y dos adultos. Los jóvenes hablarán por cinco minutos y los adultos de diez a veinte, dependiendo del número de oradores.

¿Cuántos adolescentes conoce usted que puedan ser capaces de ponerse enfrente de toda una congregación y predicar un sermón corto? Ya que los mormones empiezan a hacerlo a los tres años en el programa infantil, para el momento en que tienen doce, habrán tenido muchas experiencias. Una vez al año, los niños incluso se hacen cargo del servicio y dan pequeños sermones o dicen una línea o dos, y de esta manera han tenido la práctica de hablar frente a un grupo grande.

Los mormones tienen programas bastante intensos para enseñar a sus jóvenes sobre su fe. Ellos empiezan a asistir a clases en la edad de 18 meses, aunque los niños sólo reciben una lección de diez minutos y otra de canto. Una vez que tengan tres, asisten a una clase de 40 minutos y luego a las clases de grupo llamado Tiempo para Compartir y Tiempo para canciones. Los adolescentes tienen un programa muy detallado dividido en dos segmentos. Uno es la Escuela Dominical y la otra es una clase dividida por género en la aplicación del evangelio.

Lo que es único sobre el programa de la juventud es que en un reciente desarrollo, se decidió que los maestros se conviertan en mentores y facilitadores, más que instructores. Ellos presentan una pregunta y los adolescentes investigan la respuesta en pequeños grupos. Luego enseñan unos a otros lo que han aprendido y discuten cualquier pregunta que tengan en el proceso. Ellos deciden por sí mismos si necesitan una semana extra de estudio y también trabajan para tener una experiencia personal con el tema.

Esto les ayuda a aprender el evangelio mucho mejor porque aprenden cómo encontrar las respuestas por sí mismos y pensar acerca de su fe, tanto de forma intelectual y espiritual. Ellos aprenden a enseñar, lo que los prepara para el servicio de adultos.

Los mormones entienden bien su fe

Hay tanto trabajo que hacer en una típica congregación mormona, que todo el mundo tiene al menos una asignación. Algunos sirven como líderes, algunos como maestros, y algunos en otros puestos. Los puestos llamados “llamamientos”, rotan de manera regular. Durante toda la vida, la mayoría de los mormones han servido en casi todas las organizaciones de la Iglesia. Esto significa que ellos ganan una comprensión clara de la estructura, los procedimientos y los objetivos de cada organización. Tienen una comprensión más amplia de cómo funciona la Iglesia.

Debido a que muchos de los llamamientos implican la enseñanza, los mormones están estudiando siempre su religión con el fin de preparar sus lecciones. Como todos los que han enseñado saben, es el maestro el que aprende más. Cuando preparo una lección, estudio mucho más de lo que puedo poner en la lección, incluso si enseño a preescolares. Cuando termino, siempre tengo un mejor conocimiento y un testimonio más fuerte del tema que voy a enseñar. Esto motiva a los mormones a ir más allá que escuchar pasivamente los domingos y realmente profundizar en su fe.

Los mormones tienen la oportunidad de mejorar las habilidades

Los llamamientos se asignan generalmente a través de la inspiración, no son elegidos por el miembro. Esto significa que a menudo somos llevados fuera de nuestra zona de confort y se nos da la oportunidad de aprender cosas nuevas. Tuve mi primera asignación como maestra cuando tenía sólo diecisiete años y era una mormona desde hacía unos meses. Enseñé a los adultos jóvenes los principios del Evangelio que tenía que aprender por mí misma antes de poder enseñarles. Nunca había enseñado a los adultos, pero los demás me ayudaron a aprender las habilidades. Poco antes de cumplir dieciocho años, me pidieron que enseñara a diecisiete niños en edad preescolar, tres de los cuales tenían discapacidades. Dos de los niños eran sordos y yo sólo estaba en una clase básica de lenguaje por señas. Tenía problemas para tener éxito en mi clase de lenguaje por señas, pero la necesidad de enseñar y servir como intérprete cada semana me hizo mejorar rápidamente y comencé a conseguir mejores notas en mis clases de lenguaje de señas en la universidad.

En muchas religiones, es fácil llegar y pasivamente escuchar mientras que otros enseñan. Los líderes que enseñan reciben la mayor cantidad de bendiciones por sus esfuerzos. Para los mormones, ser miembros de la Iglesia no es pasivo. Todos somos una parte del programa, y el éxito de la Iglesia depende de nuestra participación. Servimos a Dios activamente cada semana. Nos ayuda a recordar que el cristianismo debe ser un el estilo de vida de todos los días. Estoy muy agradecida por la oportunidad que Dios me ha dado de servir de muchas maneras diferentes. Ya no soy la seguidora tímida, era tímida cuando me uní a la Iglesia. Mis llamamientos me han dado nuevas habilidades, me enseñaron a dirigir, y fortalecieron mi testimonio de mis creencias.

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Para mí, el hecho de que los mormones tengan un liderazgo laico es una prueba de que mi religión es verdadera. Dios, de hecho, planea un método para ayudar a Sus hijos a llegar a ser mucho más de lo que jamás imaginaron, y hacerlo mientras lo sirven. En realidad, cuando leemos la Biblia, observamos que Jesús no eligió a rabinos para que sirvan como sus apóstoles. Él escogió a personas con carreras seculares que vivían la vida de personas a quienes servirían y algunos de ellos tuvieron carreras muy humildes. Él era el Salvador de todos, desde el más poderoso hasta el más humilde y por eso escogió a Sus líderes entre la gente común del mundo, ayudándonos a entender que cualquier persona puede servir a Dios y a Jesucristo, incluso sin una educación formal en el ministerio.

Terrie Lynn Bittner