Dos frases que se repiten a menudo en las Escrituras son “No temas” y “Sed de buen ánimo“. Los discursos de la Conferencia General resuenan con variaciones sobre este tema, asegurando a los oyentes que todo irá bien si mantienen la fe, permanecen positivos y soportan las pruebas de vida alegremente. El valor de tal consejo es claro, pero es mucho más fácil decirlo que hacerlo cuando usted sufre de un trastorno de ansiedad.

Según la Anxiety and Depression Association of America, aproximadamente el 18% de la población, o 40 millones de personas sufren de ansiedad solo en los Estados Unidos.

Esto representa potencialmente una proporción significativa de miembros de la Iglesia que luchan por sobrevivir la vida diaria debido a la ansiedad. En una religión que enfatiza la elección de la fe y la alegría sobre el miedo y la depresión, los miembros que no pueden simplemente elegir no tener ansiedad pueden sentirse aislados y desalentados por la sugerencia bien intencionada de “mantenerse firmes“. Seguramente esta no es la intención de los profetas, así que, ¿qué han dicho en realidad acerca de la ansiedad?

No sientas vergüenza

que dicen los profetas sobre la ansiedad

Cuando sufres de alguna enfermedad mental, a menudo hay una tendencia a sentir que tienes la culpa.

Habiendo lidiado con la ansiedad y la depresión, conozco demasiado bien la carga de sentir que mis luchas son un signo de debilidad o de indignidad de mi parte. Es fácil mirar a todas las personas a tu alrededor que parecen estar volviéndose “adultas” muy bien y sentirte como un fracaso. Sin embargo, agravar la ansiedad que sientes por la culpa, sólo hará que sea más difícil para ti hacerle frente.

En su discurso Como una vasija quebrada, el élder Jeffrey R. Holland nos asegura que

por más desconcertante que todo esto pueda ser, estas aflicciones son algunas de las realidades de la vida mortal y el reconocerlas no debería avergonzarnos sino que tendría que ser como cuando reconocemos que tenemos que lidiar con presión arterial alta o con la repentina aparición de un tumor maligno“.

Cada uno de nosotros enfrenta desafíos únicos a lo largo de la vida. No hay vergüenza en sufrir las consecuencias naturales de vivir en un mundo caído.

Aprende de los ejemplos de otros

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Los trastornos de ansiedad pueden ser increíblemente aislantes. Tu familia y amigos pueden luchar para entender lo que te está pasando y cómo ser de apoyo o, si eres como yo, tu ansiedad te impide acercarte y confiar en los demás. Expresar tus emociones se siente demasiado desalentador o doloroso, o te preocupa que otros te juzguen. Incluso confiar en el Padre Celestial y en el Salvador por medio de la oración puede ser difícil.

Pero incluso si hablar con otra persona viva, respirando es demasiado ahora mismo, todavía puedes buscar a los demás por inspiración. Muchas figuras importantes, tanto dentro como fuera de la Iglesia, vivieron vidas de significado y propósito mientras luchaban contra alguna enfermedad mental. El élder Holland menciona a

“Abraham Lincoln, Winston Churchill y el élder George Albert Smith, este último siendo uno … que luchó contra la depresión recurrente durante algunos años antes de convertirse más tarde en el octavo profeta universalmente amado … de la Iglesia”.

Algunos de ustedes están pensando: “Sí, claro. No soy Abraham Lincoln”. El propósito de aprender de los demás no es que te compares con ellos, sino recordarte que no descartes tu propio potencial. No importa cuán graves sean tus síntomas, hay mucho bien que puedes hacer y muchas maneras en que puedes influir positivamente en la vida de los demás, incluso indirectamente.

Mientras servía en mi misión, tuve una caída y tuve lesiones severas en mis brazos. No podía hacer casi nada por mí misma. Mi compañera tuvo que ayudarme con todo, preparándome por la mañana, alimentándome, incluso cepillándome los dientes. Me sentía humillada e inútil, y preocupada de ser la que estaba impidiendo que nuestro trabajo progresara.

Pero aprendí una lección valiosa de esa experiencia.

que dicen los profetas sobre la ansiedadMi lesión, esta circunstancia fuera de mi control, me impidió hacer y ser todo lo que deseaba y me obligó a humillarme a un nuevo nivel. También vi un crecimiento significativo en mi compañera, ya que tomó más responsabilidad y se enfocó en prestarme servicio. El mismo principio se aplica a la ansiedad. A pesar de que el proceso es increíblemente frustrante, luchar con enfermedades mentales puede bendecir a otros tanto como a nosotros mismos.

Busca consejo

Si las cosas continúan debilitándolos, busquen el consejo de personas certificadas y con buena reputación, aptitud profesional y buenos valores. Sean sinceros con ellos acerca de su historial y sus dificultades. Consideren con espíritu de oración y de manera responsable el consejo que les brinden y las soluciones que les prescriban. Si tuvieran apendicitis, Dios esperaría que pidieran una bendición del sacerdocio y que obtuvieran la mejor atención médica disponible; lo mismo se aplica a los trastornos emocionales. Nuestro Padre en los Cielos espera que usemos todos los maravillosos dones que Él nos ha proporcionado en esta gloriosa dispensación“.

-Elder Jeffrey R. Holland

Hablar con amigos de confianza, miembros de la familia o líderes del sacerdocio es bueno y necesario durante cualquier momento difícil. Sin embargo, durante algunos de mis peores momentos, el asesoramiento profesional era indispensable. Casi cualquier persona puede prestar un oído empático, pero sólo aquellos capacitados para hacerlo pueden ayudarte a desarrollar las herramientas para hacer frente a tus síntomas.

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Me resistía a buscar ayuda profesional durante mucho tiempo porque 1) no me sentía segura de que tenía un problema real y no quería quejarme, 2) me avergonzaba la idea de que necesitaba ese tipo de ayuda, y 3) estaba ansiosa y asustada (sorpresa, sorpresa) de lo desconocido.

Por favor, no esperes hasta que tu salud mental esté realmente en crisis para buscar ayuda. Ahora soy una gran aficionada a la terapia y al asesoramiento y se lo recomendaría a cualquiera, porque todos necesitamos un poco de salud mental en ocasiones, sea que tengamos un desorden o no.

Cuida de ti mismo

Cuando el profeta José Smith estaba traduciendo el Libro de Mormón, el Señor le ordenó que

 “No corras más aprisa, ni trabajes más de lo que tus fuerzas… te permitan (Doctrina y Convenios 10: 4).

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Si un profeta de Dios necesita practicar el autocuidado, el mismo principio ciertamente se aplica al resto de nosotros. Presta atención a cómo te sientes. Toma el consejo del élder Holland 

estén pendientes de los indicadores de estrés en ustedes mismos y en otras personas a las que puedan ayudar. Al igual que con su automóvil, estén alertas a las temperaturas elevadas, a la velocidad excesiva o al bajo nivel de combustible. Cuando afronten una “depresión por agotamiento”, hagan los ajustes necesarios. La fatiga es un enemigo común para todos nosotros, así que disminuyan el ritmo, descansen, repongan energías y recobren fuerzas. Los médicos nos aconsejan que si no nos tomamos el tiempo para cuidarnos, lo más seguro es que después lo tomaremos cuando estemos enfermos“.

El élder L. Tom Perry habla en su discurso, “Hágase con sencillez” de un tiempo en que él y su esposa estaban sufriendo de una gran tensión:

Manejamos a un lugar a pocos kilómetros de casa para alejarnos y tener momentos de tranquilidad, conversar y darnos consuelo emocional el uno al otro. Nuestro lugar era la laguna Walden; era una pequeña y hermosa laguna rodeada de bosques… La laguna Walden era nuestro lugar especial para detenernos, reflexionar y reponernos. Quizás se haya debido en parte a su historia, a su relación con respecto a los esfuerzos de Henry David Thoreau por apartarse de lo mundano durante algunos años, que la laguna Walden nos brindaba tanta esperanza de encontrar la sencillez y nos ofrecía un escape sumamente renovador de nuestra compleja vida”.

El élder Perry destaca dos principios que me ayudan a manejar mi ansiedad: tomar tiempo para mí y simplificar mi vida. Estas cosas son difíciles de hacer cuando la ansiedad te presiona con sentimientos de obligación y culpabilidad. Pero ahora me doy cuenta de que soy una mejor esposa, madre, amiga y vecina cuando elimino el desorden de mi vida, y cuando me permito el tiempo y el espacio para descansar. Hacer lo mismo te permitirá servir mejor a los que te rodean.

Apóyate en el Salvador

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El recurso más importante para cualquier persona, que sufre de cualquier tipo de dolencia, es la Expiación. El Salvador ofrece el máximo alivio y sanación de la enfermedad mental. Sólo Él ha sufrido

“sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases … a fin de que sepa cómo socorrer a los de su pueblo” (Alma 7: 11-12).

El élder Dallin H. Oaks dice del Salvador:

Jesús sanó a muchas personas de enfermedades físicas, pero no negó la curación a aquellos que buscaban ser “sanados” de otros padecimientos. Mateo escribe que Cristo sanaba toda enfermedad y toda dolencia entre los del pueblo (véase Mateo 4:23; 9:35). Las multitudes lo seguían y Él “sanaba a todos” (Mateo 12:15). Esas curaciones ciertamente incluían a aquellos cuyas enfermedades eran emocionales, mentales o espirituales. Él los sanaba a todos.

¿Esto significa que todos aquellos con enfermedades mentales pueden esperar encontrar una cura en esta vida? Hay momentos en que todas las habilidades de superación y medicamentos en el mundo no pueden aliviar mi ansiedad y depresión. Mi única gracia salvadora durante esos tiempos es mi confianza en la oración, las escrituras, las bendiciones del sacerdocio y la asistencia al templo. Incluso entonces, mi enfermedad no desaparece repentinamente.

El élder Oaks nos recuerda que A veces “la curación” sana nuestras enfermedades o levanta nuestras cargas; pero, otras veces se nos “sana” al otorgársenos fortaleza, comprensión o paciencia para soportar las cargas que llevamos”.

Puedes encontrar esta fortaleza, comprensión y paciencia mientras sigues el consejo del élder Holland de

Fielmente sigan las buenas prácticas de devoción que invitan al Espíritu del Señor a sus vidas. Busquen el consejo de los que poseen las llaves de su bienestar espiritual. Pidan y atesoren las bendiciones del sacerdocio. Participen de la Santa Cena cada semana y aférrense a las promesas de perfección en la expiación de Jesucristo. Crean en los milagros. He visto suceder muchos de ellos cuando todo otro indicio decía que ya no había esperanza. La esperanza nunca se pierde. Si esos milagros no llegan enseguida, plenamente o nunca llegan, recuerden el angustiado ejemplo del Salvador: Si la amarga copa no pasa de nosotros, bebámosla y seamos fuertes, confiando en días más felices por delante”.

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Hablo por experiencia cuando digo que los días oscuros tienen un final. Ese final puede ser un largo camino, o venir con más días oscuros. Aún así, siempre hay calma en la tormenta. Es posible que no comprendamos completamente por qué debemos superar retos como la ansiedad y otras enfermedades mentales en esta vida, pero podemos estar seguros de que Dios los atraviesa con nosotros. Mientras seguimos aferrados a la expiación y a las palabras de los profetas, digamos con el apóstol Pablo:

Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo (2 Corintios 12: 9).

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¿Has encontrado consuelo y fuerza en las palabras de los profetas para ayudarte a soportar la enfermedad mental? Por favor comenta y comparte tus pensamientos.

Este artículo fue escrito originalmente por Holly Black y fue publicado en mormonhub.com, con el título What Have the Prophets Taught About Anxiety? Español © 2017