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Thomas S. Monson, Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

 

La navidad es una celebración que no es ajena para los mormones. En realidad, también es una de sus fechas favoritas ya que recuerdan el nacimiento del Salvador del mundo.

El profeta de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el Presidente Thomas S. Monson es una de las personas que se regocija en esta fecha. Él cuenta lo siguiente:

En esta época del año, las ondas radiofónicas están llenas de música navideña. Mi corazón se remonta muchas veces a mi hogar natal y a Navidades pasadas al escuchar algunas de mis canciones predilectas de Navidad, tal como ésta:

¡Ah! No hay nada como el hogar

para las Fiestas, pues no obstante

lo mucho que te puedas alejar,

si quieres ser feliz de mil maneras

para las Fiestas, nada supera

al hogar, el dulce hogar.

Una escritora dijo: “Otra vez Navidad, siempre el momento del regreso. Al destacarse por su misterio, su espíritu y magia, de cierto modo la época parece quedar suspendida en el tiempo. La importancia de todo lo que nos es querido, que es duradero, se renueva: Hemos regresado al hogar”

Lo recordamos a Él

Si tenemos el espíritu de la Navidad, recordamos a Aquel cuyo nacimiento conmemoramos en esta época del año. Con la imaginación, contemplamos aquella primera Navidad predicha por los profetas de la antigüedad. Así como yo, ustedes recordarán las palabras de Isaías: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel, que significa “Dios con nosotros”.

En el continente americano, los profetas dijeron: “Porque he aquí que viene el tiempo, y no está muy distante, en que con poder, el Señor Omnipotente… morará en un tabernáculo de barro… sufrirá tentaciones, y dolor… Y se llamará Jesucristo, el Hijo de Dios”.

Más que un mensaje, una acción de amor

Para el presidente Thomas S. Monson la navidad es hacer. Él exhorta lo siguiente: “En esta maravillosa dispensación del cumplimiento de los tiempos, nuestras oportunidades de amar y dar de nosotros mismos son en verdad ilimitadas, pero también son perecederas. En estos días hay corazones que alegrar, palabras amables que decir, obras que realizar y almas que salvar.”