En un artículo de la Liahona del año 2016, el Élder David A. Bednar contó una historia poderosa de John, un hombre Santo de los Últimos Días quien con sólo 23 años y a 3 semanas de casarse en el templo, fue diagnosticado con cáncer de hueso.

Con esta devastadora noticia, John escribió en su diario: “hoy fue el día más alarmante de mi vida. Yo era el proveedor y protector de mi nueva familia, y sólo llevo 3 semanas cumpliendo este rol y ya siento que he fracasado”.

Su esposa Heather agregó: “hoy fue el peor día de mi vida, pero recuerdo ir a la cama esa noche con gratitud por nuestro sellamiento en el templo… podría quedarme mirando el techo de la habitación y preguntarme qué es lo que el Padre Celestial tiene planeado para nosotros. Algunas veces mi mente vagaba por lugares oscuros, y el miedo de perder a John me agobiaba”.

Una pregunta difícil

Después de tres meses de tratamiento, quimioterapia, y cirugías, John y Heather recibieron una visita del Élder David A. Bednar.  Sobre esta experiencia el Élder Bednar compartió lo siguiente en la Liahona:

Al concluir nuestro tiempo juntos, John me preguntó si yo podría darle una bendición del sacerdocio. Le respondí que con mucho gusto le daría la bendición, pero que primero tenía que hacerle ciertas preguntas.

Luego le hice unas preguntas que no había planeado hacer y que nunca había considerado: “John, ¿tienes fe para no ser sanado? Si es la voluntad de nuestro Padre Celestial que seas transferido por la muerte en tu juventud al mundo de los espíritus para continuar Su ministerio, ¿tendrías fe para someterte a Su voluntad y no ser sanado?

Frecuentemente en las escrituras, el Salvador o sus siervos ejercieron el don de la sanación (Véase 1 Corintios 12:9, DYC 35:9, 46:20) y percibieron que un individuo tenía la fe para ser sanado (Véase Hechos 14:9; 3 Nefi 17:8; DYC 46:19). Pero mientras John, Heather y yo hablábamos juntos y debatíamos esas preguntas, comprendimos cada vez más que si la voluntad de Dios era que ese buen joven fuera sanado, entonces esa bendición podria ser recibida sólo si esa pareja valiente tenía la fe para no ser sanados.

Después de tomar el tiempo suficiente para meditar respecto a mis preguntas, y después de hablar con su esposa, John me dijo: “Élder Bednar, yo no quiero morir. Yo no quiero dejar a Heather. Pero si la voluntad del Señor es llevarme al mundo de los espíritus, entonces eso está bien para mí”.

pruebas

Mi corazón se llenó con gran aprecio y admiración al ver a esta joven pareja enfrentarse a una de las más difíciles luchas espirituales: la entrega sumisa de su voluntad a la voluntad de Dios. Mi fe se fortaleció al ser testigo de los deseos fuertes de su corazón de ser sanados y ser “absorbidos en la voluntad del Padre” (Mosíah 15:7).

Le di la bendición a John, y las semanas, los meses y los años pasaron. El cáncer de John milagrosamente entró en remisión. Él fue capaz de completar sus estudios universitarios, y obtener un empleo remunerado. John y Heather continuaron fortaleciendo su relación y disfrutando su vida juntos.

Lo que podemos aprender

La rectitud y la fe ciertamente son instrumentos para mover montañas, si es que mover esas montañas está de acuerdo con el propósito de Dios y  Su voluntad. La rectitud y la fe son los instrumentos para sanar a los enfermos, sordos y cojos, si es que tal sanidad cumple con los propósitos de Dios y está de acuerdo a Su voluntad. Y aunque tengamos una fe muy fuerte, muchas montañas no se moverán y muchos enfermos y afligidos no serán sanados. Si toda la oposición fuera removida de la tierra, entonces los principales propósitos de Dios serían frustrados.

Muchas de las lecciones que vamos a aprender durante la mortalidad sólo se recibirán a través de las cosas que experimentamos y los sufrimientos. Y Dios espera que confiemos en él para recibir Su ayuda, para que podamos aprender lo que necesitamos aprender y para que podamos llegar a ser lo que seremos en la eternidad.

 

 

Este artículo fue escrito originalmente por LDS.org y fue publicado en ldsliving.com, con el título: “Elder Bednar, I Do Not Want to Die”: The Unexpected Question Elder Bednar Asked a Man He Blessed”