En 1985, escribí una serie de artículos sobre los miembros del Quórum de los Doce Apóstoles, uno de los cuales se trató sobre el Elder Howard W. Hunter. En 1994, se convirtió en el decimocuarto Presidente de la Iglesia.

Los artículos se enfocaron en los apóstoles fuera de su servicio como Autoridades Generales. Don Grayston, en ese entonces fotógrafo de Deseret News, y yo visitamos al Elder Hunter en su casa en mayo de 1985. Le pedí al Elder Hunter que me contara sobre algunos de sus intereses más allá de su servicio en la Iglesia.

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Presidente Howard Hunter

Me contó sobre su carrera musical, su banda tocaba en bailes y en otro tipo de reuniones, como voluntarios y como músicos profesionales.

Terminó esa fase de su vida en 1931, poco después de casarse con Clara May Jeffs. Cuando regresó a casa después de un concierto musical, envolvió su saxofón, clarinete y violín en una tela de gamuza y las guardó en unas cajas. En ellas permanecieron guardadas, a excepción de algunas ocasiones especiales y reuniones familiares.

Le pregunté si alguna vez había vuelto a sacar alguno de los instrumentos. Él se levantó de su silla, se dirigió a un armario y sacó una caja negra. En el interior, su clarinete yacía sobre una tela de terciopelo azul. Ensambló el instrumento de palisandro, tocó sus llaves, que estaban duras por los años de desuso y, tentativamente, sopló en la boquilla.

El único sonido que salió fue el roce del aire contra un tubo hueco. “Ha pasado mucho tiempo”, dijo. “La lengüeta se ha secado”.

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Intentó de nuevo, soplando el instrumento hasta que logró producir un dulce y suave sonido que hacía eco de los recuerdos de su pasado.

Luego, sentado en el extremo del banco del piano en su sala de estar, empezó a tocar fragmentos de las melodías que fueron sus favoritas en sus días como músico profesional en un crucero con destino a Asia y en un programa de radio en Los Ángeles, California.

“Decidí que no podía ser músico”, dijo sobre la noche en que guardó sus instrumentos musicales. “Hubiera tenido que viajar y tocar muchas noches. No pensé que el matrimonio y la vida de gira serían una buena combinación para nosotros.”

Se convirtió en un abogado y hombre de negocios antes de ser sostenido el 10 de octubre de 1959 en el Consejo de los Doce Apóstoles.

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Aunque dejó su carrera musical atrás, mantuvo un profundo amor por la música. 

“Todavía tengo la necesidad de tocar de vez en cuando. Mis dedos no pueden quedarse quietos cuando escucho una orquesta.”

 

Recordó haber tenido alrededor de 6 años cuando se aventuró en el mundo de la música. “Mi madre pensó que sería bueno que aprendiera a tocar el piano”, compartió.

Yo pensé que su mamá tuvo una buena previsión de las cosas. El Presidente Hunter creció hasta llegar al metro ochenta de altura y tenía manos tan grandes que fácilmente podrían haber llegado a una octava y media en el piano.

En Boise, Idaho, donde creció, aprendió a tocar el violín, la marimba (ganó uno en un concurso) y la batería. Formó una banda. Cambió de instrumento dejando de tocar el clarinete y el saxofón por razones prácticas. 

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“Me cansé de llevar grandes baterías y marimbas cada vez que tocábamos, así que empecé a tocar algo que podía llevar debajo de mi brazo”, expresó con una de sus características  carcajadas.

Me explicó que su trabajo con la banda era sólo otra actividad que hacía para ganar dinero. Siempre tenía un trabajo. De joven, llevaba revistas a las casas y vendía periódicos en las esquinas. “Gritaba los titulares”, dijo. Uno de los titulares que más recordaba era la del 11 de noviembre de 1918, al anunciar el armisticio de la Primera Guerra Mundial. Eso fue tres días antes de que cumpliera 11 años.

Durante nuestra visita, el Elder Hunter hurgó en una pila de fotos y encontró una foto de cinco jóvenes con instrumentos musicales. En la batería decía “Hunter’s Croonaders”. Señalando la fotografía que se estaba desvaneciendo, se echó a reír y dijo: “¿Acaso no éramos increíbles?”

Realmente lo eran.

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Ese grupo se formó después de que se graduó de la escuela secundaria Boise en 1926 y se inscribió en la Universidad de Washington en Seattle por un corto tiempo. Él y su banda hicieron una audición, y se les otorgó, un contrato para presentarse a bordo del “SS President Jackson”, un crucero que hacía una gira de cinco meses a Asia. 

La banda tenía un horario de tiempo completo, tocando música ligera y popular a la hora del almuerzo, música clásica durante la cena, música bailable en el salón de baile y música de teatro para acompañar las películas mudas a bordo del barco.

Cuando llegaban a tierra, tocaban en los hoteles y clubs de Tokio, Shanghai, Hong Kong y Manila.

El Elder Hunter recordó que cuando, años más tarde, viajó con el grupo de bailarines internacionales de BYU en 1984, a China, le preguntó a un guía si había oído hablar del “French Club”, uno de los restaurantes de élite de Shanghai. El guía afirmó que sí y que, de hecho, el club todavía estaba allí. 

“Me llevó al lugar”, dijo el Presidente Hunter. “Se veía igual que cuando mi banda tocó allí”.

Dijo que su amor por la música lo había llevado por el camino que lo dirigiría a su mayor felicidad, su matrimonio con Clara May Jeffs, a quien conoció en Los Ángeles en un Baile de Oro y Verde. 

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Howard W. Hunter conoció a Clara May Jeffs en el sur de California.

Cuando la conoció, sus días como músico estaban contados. Poco después de casarse, el Presidente Hunter decidió dejar la música.

En 1939, recibió un doctorado en jurisprudencia de la Facultad de Derecho de la Universidad de Southwestern en Los Ángeles. Se graduó a sólo dos décimas de un punto por debajo de la nota más alta de su clase y se convirtió en uno de los principales abogados de Los Ángeles.

Howard y Clara Hunter tuvieron tres hijos, el primero de los cuales murió en su infancia. Clara Hunter murió en 1983. El Elder Hunter se casó con Inis Egan en 1990.

Después de servir 36 años como Apóstol, se convirtió en el Presidente de la Iglesia el 5 de junio de 1994, a la edad de 86 años. Murió a menos de un año después, el 3 de marzo de 1995, a la edad de 87 años.

Este artículo fue escrito originalmente por Gerry Avant y fue publicado originalmente por churchnews.com bajo el título “Did you know President Howard W. Hunter was a professional musician? Here’s why he left it behind