¡Es increíble pensar que ya casi llega la navidad! Una temporada mágica de amor y alegría, con todas sus tradiciones preciadas. Las casas adorablemente decoradas e iluminadas con luces resplandecientes, árboles de navidad por doquier, villancicos en el ambiente, olores deliciosos saliendo de cada cocina, fiestas con amigos y familia y las tiendas llenas con personas buscando el regalo perfecto.

La campaña mormona por Navidad

A pesar de ser una época tan maravillosa, también puede ser agotadora y frenética, dejándote agotado al final de cada día, demasiado cansado para hacer cualquier cosa significativa. Y cuando llega la madrugada de la navidad, y se destapan todos los regalos y las festividades se terminan, te sientes un poco decepcionado porque por una vez más te dejaste llevar por el lado comercial de la navidad y descuidaste su verdadero significado. ¿Te suena familiar?

Para ayudarte a evitar otro final decepcionante, crea un plan y escoge un momento para visitar el pesebre. Eso hará una gran diferencia.

Encuentra un lugar tranquilo donde te puedas relajar, cierra los ojos y respira profundamente e imagina en tu mente esa noche sagrada en la que nació nuestro Salvador y escucha el suave canto… “noche de luz, noche de paz…”

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                                      Crédito de imagen, película “una historia de navidad”.

Con los ojos aún cerrados, imagínate mirando a los ojos del precioso bebé Jesús, envuelto en sábanas en un pesebre. Siente el sagrado momento de la ocasión al estar allí con él. Abre tu corazón, tus oídos y tu alma a la dulce melodía del universo, escuchando a los ángeles cantar: “Gloria a Dios en lo alto, paz y buena voluntad”

Deja que tu mente y tu corazón reflexionen en ese sagrado momento… ese milagro… la razón y el motivo de esta alegre celebración navideña.

“Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”. (Lucas 2:14)

Y cuando estés listo para regresar al mundo exterior, toma un momento para recordar que la navidad no se trata de una fecha límite, y que todo no termina después del 25 de diciembre. Es una celebración espiritual, un viaje espiritual de la oscuridad a la luz, del odio al amor, del caos a la paz. Y que sobre todas las cosas, se trata de celebrar al Hijo de Dios,  por haber descendido a esta tierra y convertirse en hombre, para que los hombres podamos ascender y llegar a ser como Dios.

¡Feliz Navidad!

 

Este artículo fue escrito originalmente por Rynna Ollivier y fue publicado por ldsmag.com, con el título: “Finding Christmas Amidst the Rush”