Algunas de las primeras reuniones de la Iglesia en Puebla se realizaron dentro de una casa. No había capillas ni grandes congregaciones. Solo familias que se reunían para aprender del evangelio y compartir su fe. Hoy, más de cien años después, el evangelio sigue presente en las mismas familias que lo recibieron entonces. Todo gracias al legado de los pioneros que ayudaron a establecer la Iglesia en la región.
El evangelio se comenzó a predicar en la región en 1910. La familia Sandoval, de San Gabriel Ometoxtla, Puebla, conoció el evangelio en ese entonces. Sin embargo, los misioneros tuvieron que retirarse antes de que pudieran bautizarse debido a la Revolución Mexicana. A su regreso en 1921, los misioneros buscaron nuevamente a la familia Sandoval para que se uniera a la Iglesia.
Juan Francisco Sandoval fue la primera persona en bautizarse en el estado de Puebla el 31 de mayo de 1923. Meses después, su hijo Narciso también se bautizó el 15 de agosto de 1923. Con el paso de los años, Narciso fue apartado como presidente de rama en San Gabriel Ometoxtla. Su esposa, Dionicia Ávila, sirvió como presidenta de la Sociedad de Socorro.

Cuando los misioneros extranjeros tuvieron que retirarse del país por la Guerra Cristera, Narciso Sandoval continuó predicando el evangelio en diferentes regiones del país. Mientras tanto, su esposa se encargó del cuidado de sus hijos. Con el paso de los años y el crecimiento de la Iglesia en la región, se organizó la primera rama en San Gabriel Ometoxtla.
Otra de las pioneras de la Iglesia en la región fue Ángela Chichia. Ella recibió a los misioneros en 1912 en su casa en San Matías Cholula. Ángela y su esposo aceptaron el evangelio, así como su cuñado Concepción Barrera. En 1922, Ángela volvió a recibir a los misioneros y ofreció su casa para que fuera el centro de reuniones de la Iglesia. Su sobrina, Esther Rojas, también se unió a la Iglesia.
Los primeros bautismos de la familia se realizaron en 1923. Algunos bautismos vicarios por sus familiares se llevaron a cabo en el templo de Alberta, Canadá, en 1924. Esto demuestra el compromiso de estos primeros miembros. Ellos hicieron sacrificios para vivir el evangelio y cumplir con las ordenanzas del templo.

Con el paso de los años, estas familias pioneras no solo permanecieron en la Iglesia. También enseñaron el evangelio a sus hijos y nietos. Gracias a su fe y sacrificio, el evangelio se extendió a nuevas generaciones y a nuevas comunidades.
Durante el evento, varias personas compartieron su testimonio y su gratitud por el legado espiritual que recibieron de los primeros miembros de la Iglesia en la región. Elizabeth Méndez, bisnieta de Juan Francisco Sandoval, expresó que el cambio que él tuvo en su vida es lo que la motiva a seguir su ejemplo. También dijo que siente gratitud al reconocer su valor y su disposición para obedecer las impresiones del Espíritu.
Por su parte, Neftalí Sandoval recordó el ejemplo de fe de sus abuelos. Contó que su abuelo le enseñó las escrituras, la obediencia y la oración. Gracias a su ejemplo, aprendió la importancia de vivir dignamente y servir en la Iglesia.

Marco Flores agradeció a su tía Ángela Chichia por los sacrificios que hizo para ayudar a que la Iglesia creciera. Expresó que gracias al amor y al deseo de prestar su hogar para las reuniones, hoy muchas personas pueden disfrutar del evangelio.
Asimismo, Benjamín Zerecero compartió que siente que el Señor lo ha enviado a esta época. Él desea participar en el recogimiento de Israel. Por eso quiere servir una misión como representante de Jesucristo.
Hoy, el legado de estos pioneros sigue creciendo. La descendencia de Juan Francisco Sandoval y su esposa María Jiménez cuenta ahora con 681 integrantes. De ellos, 153 han servido en una misión. Este dato refleja cómo la fe de los primeros miembros no solo bendijo su vida, sino también la de generaciones enteras.
La historia de los pioneros de la Iglesia en Puebla no solo habla de los primeros bautismos. Habla de generaciones enteras que nacieron gracias a la fe de esas primeras familias. Lo que comenzó con unas cuantas personas que abrieron sus casas para escuchar a los misioneros, hoy continúa en hijos, nietos y bisnietos que siguen viviendo el evangelio y sirviendo en la Iglesia.
Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org
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