Antes de convertirse en psiquiatra, el Dr. Bryson Ensign fue un misionero que, por fuera, parecía estar haciendo todo bien.
Estudiaba, trabajaba y servía, pero por dentro, algo no se sentía igual.
Las experiencias que antes le daban alegría comenzaron a sentirse vacías. La vida perdió color. Y aunque seguía cumpliendo con todo lo que se esperaba de él, se sentía emocionalmente desconectado y confundido.
En ese momento, no sabía cómo llamarlo. Sin embargo hoy, sabe que era depresión y esa experiencia cambiaría su vida para siempre.
La misión puede ser sagrada, pero también es intensamente humana

Cuando hablamos de la misión, muchas veces escuchamos historias espirituales poderosas. Y son reales.
Pero también existe otra parte de la historia. El cansancio, la soledad, la presión y el choque cultural.
El Dr. Ensign recuerda haber visto misioneros lidiando con ansiedad, nostalgia por su hogar y agotamiento emocional. La misión es un llamado divino, pero los misioneros siguen siendo humanos.
Aprenden un idioma nuevo. Se adaptan a una cultura diferente. Viven lejos de todo lo familiar y todo eso sucede en muy poco tiempo.
Ese cambio repentino puede ser más desafiante de lo que muchos imaginan.
Algunos regresan a casa con experiencias que nadie ve

Su misión lo marcó espiritualmente, pero también dejó heridas invisibles, enfermedades graves, situaciones peligrosas y momentos de miedo real.
Aunque su testimonio creció, él reconoce que no todo el impacto fue visible, regresó más fuerte espiritualmente.
Pero también más desconectado emocionalmente y con preguntas que tardaría años en entender.
Descubrió que muchos misioneros estaban pasando por lo mismo

Años después, mientras se formaba como psiquiatra, comenzó a notar un patrón.
Muchos misioneros retornados hablaban de ansiedad. Culpa. Pensamientos persistentes. Tristeza. Pero casi nadie hablaba de salud mental.
Muchos pensaban que era un problema espiritual, pero no lo era.
En sus estudios encontró algo impactante. Solo el 4% de los misioneros reportaron no haber tenido ningún síntoma relacionado con salud mental.
Eso no significa que la misión sea mala, significa que es exigente. Servir al Señor no elimina nuestra humanidad.
Tener fe no te hace inmune a las luchas emocionales

Una de las ideas más dañinas que él ha visto era pensar que si tienes fe suficiente, no deberías sentir ansiedad o depresión. Sin embargo, eso no es verdad.
El élder Jeffrey R. Holland enseñó:
“No debería haber más vergüenza en reconocer estos desafíos que en reconocer una enfermedad física.”
Esta enseñanza cambia la perspectiva. Porque significa que las luchas emocionales no son una señal de debilidad espiritual.
Son parte de la vida mortal y Jesucristo vino precisamente para ayudarnos con ellas.
Buscar ayuda también es parte del discipulado

El Dr. Ensign enseña algo que buscar ayuda no es una falta de fe. Es un acto de fe. Significa que reconocemos que necesitamos apoyo. Que entendemos que Dios trabaja a través de diferentes medios y que confiamos en el proceso de sanación.
La fe y la salud mental no compiten entre sí. Trabajan juntas.
Muchas veces pensamos que prepararse para la misión es solo estudiar las escrituras o asistir al templo. Pero aprender a cuidar nuestra salud emocional también es preparación espiritual.
Aprender a manejar el estrés, descansar y expresar lo que sentimos. Todo eso fortalece al misionero. Porque Dios no espera misioneros perfectos, espera misioneros dispuestos.
La misión no es solo un tiempo para servir a Dios. También es un tiempo en el que Dios sirve, fortalece y transforma al misionero.
Entenderlo puede cambiar completamente la forma en que vivimos esta experiencia sagrada.
Fuente: LDS Daily



