La mañana del 22 de febrero de 2026, un operativo federal en el municipio de Tapalpa, Jalisco, cambió el ritmo de la vida cotidiana en varias ciudades del occidente de México. La operación terminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Su fallecimiento provocó una reacción inmediata.
Horas después comenzaron a registrarse bloqueos carreteros, quema de vehículos y enfrentamientos armados en distintos puntos del estado. Municipios como Tapalpa, Autlán y San Gabriel emitieron avisos urgentes pidiendo a la población permanecer en sus hogares ante el riesgo de quedar en medio de situaciones violentas.
Las autoridades locales recomendaron no salir, evitar circular por carreteras y mantenerse atentos únicamente a información oficial.

Como medida preventiva, el Gobierno de Jalisco suspendió temporalmente el transporte público en algunas zonas mientras se desarrollaban operativos de seguridad.
El ambiente cambió rápidamente a calles vacías, comercios cerrados y escuelas suspendiendo actividades. En medio de ese contexto, surgió una preocupación particular para muchas familias dentro y fuera de México.
La seguridad de los misioneros que actualmente sirven en la región.

Ante los hechos de violencia registrados en distintas zonas de Jalisco, varias misiones enviaron comunicados oficiales dirigidos a los padres y familiares de los jóvenes que sirven en México.
El objetivo fue claro: informar con rapidez y brindar tranquilidad.
Desde las misiones en Guadalajara Este, Guadalajara y Xalapa se comunicó que, debido a los incidentes ocurridos, se tomaron medidas inmediatas para proteger a cada misionero. Se informó que todos ellos se encontraban seguros y resguardados en sus casas, mientras las actividades fueron ajustadas de forma preventiva y se suspendieron salidas innecesarias.

En varios casos, la instrucción fue permanecer en casa mientras continuaban las acciones de seguridad en las ciudades afectadas. Esto implicó pausar visitas externas, evitar desplazamientos y limitar actividades fuera del hogar.
Los reportes desde las misiones coinciden en que los misioneros se mantienen seguros, en comunicación constante y bajo resguardo.
En medio de un entorno cambiante, el enfoque ha sido preventivo, priorizando su protección, ajustando actividades cuando es necesario y continuando la obra con prudencia. Hoy, el mensaje que llega desde estas misiones es consistente: los misioneros están acompañados y bien cuidados.
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