En los últimos días, fuertes lluvias han provocado inundaciones y deslizamientos en la región de Arequipa, al sur del Perú, afectando a miles de personas y obligando a las autoridades a declarar en emergencia varios distritos. Viviendas dañadas, calles cubiertas de lodo y familias damnificadas forman parte del panorama que enfrenta esta zona del país, en medio de una temporada de precipitaciones más intensa de lo habitual y bajo la alerta por un posible evento de El Niño Costero (fenómenos natural) en los próximos meses.

Arequipa es una de las principales ciudades del Perú y un centro importante para millones de personas. Sin embargo, como muchas regiones en América Latina, las lluvias extremas pueden provocar emergencias repentinas, especialmente en zonas donde el sistema de drenaje no logra contener el volumen de agua.
Miles de personas han resultado afectadas y varias zonas de la ciudad han sido declarados en emergencia mientras continúan las labores de limpieza y ayuda.
En medio de esta situación, los misioneros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que sirven en la zona se encuentran a salvo y han estado participando activamente en las labores de ayuda.

Varios de ellos han salido a colaborar directamente con las familias afectadas, retirando lodo de las viviendas, limpiando espacios dañados y ayudando a recuperar lo que se pueda salvar.
No es parte de su rutina habitual, pero sí es parte de su propósito.
Servir a las personas, especialmente en momentos de necesidad. El servicio misional no se detiene cuando ocurre un desastre. Se convierte en una respuesta.

Por otro lado, miembros de la Iglesia en la ciudad también se han organizado para sumar esfuerzos, reuniendo donaciones y participando como voluntarios en jornadas de limpieza.
Jóvenes y adultos han unido fuerzas para apoyar a las familias afectadas, trabajando por turnos y colaborando en la recuperación de viviendas y pertenencias dañadas por el agua y el lodo.

Estas acciones comenzaron desde los primeros momentos de la emergencia y han continuado en los días siguientes, reflejando un esfuerzo conjunto para ayudar a la comunidad a levantarse.
Líderes locales confirmaron que todos los misioneros están seguros y que su apoyo ha sido una ayuda importante en algunos de los barrios más afectados, donde la limpieza puede tomar días o incluso semanas.
En medio de calles cubiertas de barro, su servicio se ha convertido en una respuesta inmediata para quienes hoy intentan volver a empezar.
Recursos: https://noticias.laiglesiadejesucristo.org



