En São Paulo, Brasil, ocurrió algo que fue más que una visita especial. Fue un recordatorio espiritual. El reverendo Amos C. Brown, reconocido líder bautista y amigo cercano del fallecido presidente Russell M. Nelson, se reunió con el Coro del Tabernáculo de la Manzana del Templo al inicio de su gira, y su mensaje dejó una impresión profunda.
Frente al coro y la orquesta, compartió su testimonio de Jesucristo y cómo la música marcó su vida desde niño en Mississippi. Recordó que cada domingo su familia escuchaba música cristiana, incluyendo las transmisiones del coro, y cómo esas experiencias le enseñaron una verdad que lo acompañó siempre.
“Aprendimos a través de la música que todos somos hijos de Dios en Su reino.”
Ese principio, sencillo pero poderoso, sigue siendo una base espiritual que trasciende culturas, países e incluso religiones.
Cuando la fe se convierte en acción

Durante la conversación, también habló sobre lo que significa seguir realmente a Jesucristo. Explicó que su vida no se trató solo de creer, sino de actuar, de servir y de vivir de acuerdo con ese amor que el Salvador enseñó.
Citando las escrituras, recordó:
“La fe sin obras está muerta.”
Y esa frase resume una verdad que muchos discípulos aprenden con el tiempo. Seguir a Cristo no es solo sentir, es vivir de una manera diferente. Es decidir amar, servir y seguir adelante incluso cuando el camino es difícil.
Un himno que conecta generaciones de creyentes

Uno de los momentos más emotivos fue cuando habló de su amor por el himno “Venid, venid, oh santos”, una canción profundamente significativa para los Santos de los Últimos Días.
Mencionó una frase en particular:
“Ceñid los lomos con valor; jamás nos dejará el Señor.”
Ese mensaje refleja una convicción que muchos comparten. Dios no abandona a Sus hijos. Incluso en los momentos de sacrificio, Su presencia sigue siendo real.
Un mensaje claro para el futuro

Después de décadas de ministerio, su mensaje final fue uno de esperanza. Expresó su confianza en el futuro de la Iglesia y en el poder de seguir a Jesucristo.
Más allá de las diferencias religiosas, su visita dejó algo claro. Cuando el centro es Jesucristo, es más lo que nos une que lo que nos separa.
Y quizá esa fue la enseñanza más importante de ese día, que somos hijos de Dios, nuestra fe puede crecer y el seguir a Cristo sigue cambiando vidas.
Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org



