El 4 de febrero de 1846, miles de Santos de los Últimos Días dejaron Nauvoo, Illinois, y comenzaron un viaje que cambiaría el rumbo de su historia. No salieron en busca de nuevas tierras por ambición o curiosidad. Partieron porque el lugar que habían construido con esfuerzo ya no les ofrecía seguridad.

Dieciséis años antes, en 1830, José Smith había organizado la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Nueva York. Desde entonces, la nueva comunidad religiosa enfrentó rechazo constante. Sus creencias, la afirmación de que Dios seguía revelándose y, más adelante, la práctica del matrimonio plural despertaron temor y oposición en distintos sectores.

Estas tensiones obligaron a los Santos a trasladarse repetidas veces por varios estados, hasta establecerse finalmente en Nauvoo.

diario pionero
«Pioneros pescando» por Sam Lawlor

Durante un tiempo, Nauvoo simbolizó estabilidad y crecimiento. La ciudad prosperó y se convirtió en un centro clave para la Iglesia. Sin embargo, la desconfianza externa nunca desapareció. En 1844, José Smith dio un paso que intensificó los conflictos al anunciar su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos, con un mensaje enfocado en la libertad religiosa y los derechos civiles.

La reacción fue inmediata. Surgieron publicaciones abiertamente contrarias a la Iglesia y el ambiente se volvió cada vez más hostil. Tras la destrucción de una imprenta considerada provocadora por las autoridades locales, arrestaron a José Smith. Semanas después, una turba armada irrumpió en la cárcel de Carthage y asesinó a José y a su hermano Hyrum. Su muerte desató una ola de violencia en la región, con amenazas, ataques y hogares incendiados.

Arte: Trail of Sacrifice Valley of Promise by Clark Kelley Price

Ante este escenario, Brigham Young asumió el liderazgo de la Iglesia y enfrentó una decisión difícil. Convencido de que Nauvoo ya no ofrecía un futuro seguro, propuso abandonar la ciudad y buscar un lugar donde los Santos pudieran vivir su fe sin persecución. La mirada se dirigió hacia el oeste, a territorios que en ese momento se encontraban bajo control mexicano.

El éxodo comenzó en pleno invierno. Las familias cruzaron el río Misisipi con recursos limitados y establecieron campamentos temporales en Iowa. Allí, el frío, el hambre y las enfermedades golpearon con fuerza. El escorbuto y la malaria se propagaron rápidamente y, antes de la llegada de la primavera, cientos de personas perdieron la vida.

Arte por Julie Rogers.

Mientras la travesía continuaba, la guerra entre Estados Unidos y México cambió el rumbo del viaje. Más de 500 hombres Santos de los Últimos Días se unieron al Batallón Mormón y marcharon hacia el suroeste, dejando atrás a sus familias. A pesar de estas pérdidas, el resto del grupo siguió avanzando.

En julio de 1847, Brigham Young llegó al valle del Lago Salado. El lugar era árido y aislado, pero ofrecía algo fundamental: la oportunidad de comenzar de nuevo. En los años siguientes, miles de personas llegaron al valle y transformaron el desierto en comunidades organizadas. Para 1877, año de la muerte de Brigham Young, cerca de 100,000 personas vivían en la región.

Con el tiempo, esos territorios pasaron a formar parte de los Estados Unidos y, en 1896, Utah obtuvo la condición de estado. Lo que comenzó el 4 de febrero de 1846 como una salida forzada se convirtió en una historia de resistencia, fe y perseverancia, que sigue marcando la identidad de los Santos de los Últimos Días hasta hoy.

Fuente: AOL

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