Para muchas personas que no son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, esta es una de las preguntas más frecuentes que viene a su mente: ¿por qué construimos tantos templos?
Puede que esta pregunta se deba a una evidente confusión entre nuestros centros de reuniones y los templos. La verdad es que no son lo mismo, pero para entenderlo debemos recurrir a la historia.
Los lugares donde Dios se revelaba

A lo largo de la historia de la humanidad, podemos ver que Dios ha escogido lugares específicos para revelarse, enseñar y hacer convenios con Su pueblo. Muchos de ellos, se encuentran en las escrituras:
- El Jardín de Edén fue el primer lugar sagrado, donde Adán y Eva caminaron y hablaron con Dios.
- Tras la Caída, Adán edificó altares para adorar y ofrecer sacrificios.
- En el Monte Sinaí, Dios le declaró a Moisés:
“Quita el calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás tierra santa es”.
- En el Monte de la Transfiguración, Pedro, Santiago y Juan presenciaron la gloria de Cristo.
Si prestas atención, te darás cuenta de que todos estos lugares eran apartados, santificados y escogidos por Dios para acercarse a Sus hijos de una forma especial. Ten presente esa idea mientras sigues leyendo.
La era de los templos antiguos

A medida que avanzaba la historia, Dios comenzó a mandar construir templos para que se convirtieran en esos lugares apartados y santos para que Él se manifestara a Su pueblo.
- El Tabernáculo de Moisés se erigió como un templo portátil durante el éxodo.
- El Templo de Salomón se convirtió en el centro espiritual de Israel.
- Después vinieron el Templo de Zorobabel y el Templo de Herodes, el mismo en el que Jesús expulsó a los mercaderes, enseñó y efectuó milagros.
Sin embargo, ahí no acabaron los templos. El Libro de Mormón también registra que el pueblo de los nefitas construyó templos:
“Y yo, Nefi, edifiqué un templo, y lo construí según el modelo del templo de Salomón… Y su obra fue sumamente hermosa”. (2 Nefi 5:16)
Incluso cuando Jesucristo mismo se apareció a los nefitas, el Libro de Mormón menciona que lo hizo en un templo. Así vemos que desde la antigüedad, los templos siempre han existido por orden de Dios.
Un mandamiento restaurado

Tiempo después, tanto las civilizaciones del Libro de Mormón como las de la Biblia rechazaron a Jesucristo y, por ende, los templos se destruyeron y dejaron de existir durante siglos.
Esto tuvo su fin en estos tiempos cuando Dios inició la restauración de Su evangelio mediante José Smith. En una revelación, el Señor le declaró:
“A mi pueblo siempre se le manda construir [casas] a mi santo nombre. Y de cierto os digo, edifíquese esta casa a mi nombre, para que en ella pueda yo revelar mis ordenanzas a mi pueblo”.
Bajo esa revelación, se inició la construcción del primer templo de la Iglesia de Jesucristo en Kirtland, Ohio, en 1836, en medio de circunstancias complicadas. Aún así, más tarde los templos de Nauvoo y otros lugares fueron abandonados o destruidos por la persecución.
Esa fue una causa de lamentación para muchos miembros. Sin embargo, continuaron edificando templos porque creían que sin los convenios del templo, no podrían fortalecer su relación con Dios.
El siguiente templo construido fue el Templo de Salt Lake, un proyecto que tomó 40 años y hoy simboliza un templo tradicional para los Santos de los Últimos Días.
¿Por qué no basta con los centros de reuniones?

Aquí es donde surge la mayor confusión. Los centros de reuniones o capillas son lugares abiertos al público donde se realizan servicios dominicales, clases, actividades comunitarias y adoración regular.
Los templos, en cambio, como ya vimos, son la casa del Señor y están dedicados a ordenanzas que, según la fe de la Iglesia de Jesucristo, son esenciales para la salvación.
En los templos realizamos ordenanzas que no se efectúan en capillas, como:
- El sellamiento, que une a las familias por la eternidad.
- La investidura, un conjunto de enseñanzas y convenios sagrados.
- Los bautismos por los muertos, realizados de manera vicaria para personas que murieron sin conocer a Jesucristo.
Para los Santos de los Últimos Días, estas ordenanzas reflejan la convicción de que Dios es un Padre justo y amoroso, que ofrece a todos Sus hijos la misma oportunidad de venir a Él.
Su importancia

Los templos existen porque los Santos de los Últimos Días creen que:
- Los convenios realizados allí nos unen a Cristo.
- La familia es eterna puede ser eterna gracias a las ordenanzas efectuadas ahí
- La salvación no termina con la muerte.
Por eso los construyen, los cuidan y, generación tras generación, siguen edificando templos con fe y amor eternos.
Actualmente, hay más de 200 templos en funcionamiento en todo el mundo, con muchos más anunciados y en construcción. Si pasas por uno, te invitamos a detenerte, pasear por los jardines y disfrutar de su paz y calma. Ahí, sentirás a Dios más cerca de ti.



