La nadadora paralímpica Alejandra Aybar vivió recientemente uno de los momentos más significativos de su vida deportiva. La atleta dominicana fue elegida como una de las portadoras de la antorcha en los Juegos Paralímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026, un reconocimiento que destaca su historia de perseverancia y su influencia dentro y fuera del deporte.
Aybar, miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, compartió en redes sociales lo que significó para ella participar en este simbólico evento. En su publicación, expresó que la natación cambió completamente su forma de ver la vida.
“Todavía no tengo todas las palabras para describir este momento. Pero sí sé que mi vida encontró propósito cuando empecé a nadar. Fue como si Dios me mostrara que mi cuerpo es perfecto tal como es”.
Para la atleta, el deporte no solo representó una actividad física, sino también una nueva manera de entender sus propias capacidades. En lugar de enfocarse en lo que no podía hacer, decidió mirar las oportunidades que tenía delante.
“En lugar de quejarme por lo que no podía hacer o no tenía, empecé a enfocarme en todas las posibilidades frente a mí. Aprendí a aprovechar lo que sí tenía: una fuerza de voluntad más grande que yo misma”.

Aybar llevó la antorcha junto a Felipe Vicini, presidente de la organización sin fines de lucro Creando Sueños Olímpicos. Esta institución apoya a deportistas de República Dominicana que buscan competir al más alto nivel en eventos olímpicos y paralímpicos.
El recorrido de la antorcha paralímpica comenzó el 24 de febrero con un festival de la llama en la ciudad de Turín, Italia. Desde allí inició un trayecto de aproximadamente 2,000 kilómetros por distintas ciudades italianas antes de llegar a la ceremonia de apertura en la Arena Olímpica de Verona el 6 de marzo. Durante los once días del relevo participaron 501 portadores de la antorcha.

Para Aybar, formar parte de ese grupo fue especialmente significativo, considerando el camino que recorrió para llegar hasta allí.La atleta mide 1.30 metros y vive con osteogénesis imperfecta, una condición genética conocida como enfermedad de los huesos de cristal, que provoca gran fragilidad ósea. A pesar de este diagnóstico, decidió comenzar a nadar a los 26 años, luego de sufrir una lesión en la rodilla.
Lo que comenzó como una forma de rehabilitación pronto se transformó en una pasión profunda. Con el tiempo, esa pasión la llevó a competir al más alto nivel del deporte paralímpico.

Aybar debutó en los Juegos Paralímpicos a los 32 años. En Tokio 2020, celebrados en 2021, se convirtió en la primera nadadora en representar a la República Dominicana en unos Juegos Paralímpicos. Además, tuvo el honor de ser una de las abanderadas de su país en la ceremonia de apertura.
En esa competencia participó en varias pruebas de natación adaptada, incluyendo los 100 metros pecho, 50 metros libre y 100 metros mariposa, dentro de las categorías destinadas a atletas con limitaciones físicas.
Tres años más tarde volvió a competir en los Juegos Paralímpicos de París 2024. Allí participó en el relevo de 200 metros combinado individual, así como en las pruebas de 100 metros pecho y 50 metros mariposa.

Fuera de las piscinas, Aybar también desarrolla su carrera profesional como ingeniera industrial. Sin embargo, su historia deportiva se ha convertido en una fuente de inspiración para muchas personas.
La atleta reconoce que nunca imaginó hasta dónde la llevaría la natación.
“Lo que comenzó como una simple pasión se convirtió en algo mucho más grande de lo que jamás imaginé. Siendo honesta, nunca pensé que me traería hasta aquí”.
Hoy, su participación como portadora de la antorcha paralímpica representa no solo un logro personal, sino también un símbolo de esperanza para quienes enfrentan desafíos físicos y buscan descubrir nuevas posibilidades en sus propias vidas.
Fuente: Church News
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