En Brasil, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no es solo una organización. Es parte de la historia personal de millones. Pero esa historia no se construyó sola. Detrás hay decisiones, momentos difíciles y personas comunes que eligieron creer.
Tres de ellos son Violet Shibuta, Marcos Rossi y Carlos Martins. Sus vidas son distintas, pero tienen algo en común.
Cada uno descubrió que la fe no elimina los desafíos, pero sí cambia la forma de vivirlos.
Violet Shibuta y la fe que respondió una pregunta difícil

Todo empezó con un sueño sencillo. Violet imaginaba el futuro de su hija. Ballet, escuela, amigos, una vida normal. Pero ese plan cambió cuando su pequeña fue diagnosticada con autismo.
El miedo llegó con preguntas que muchos padres entienden. Por qué a nosotros. Qué va a pasar ahora. Fue en ese proceso que Violet tomó una decisión que cambiaría todo.
Convertir el miedo en fe.
Ella y su esposo comenzaron a buscar ayuda, pero también comenzaron a orar con más intención. Con el tiempo, su hija empezó a avanzar. Aprendió, creció y hoy hace muchas de las cosas que parecían imposibles.

Violet entendió que Dios no siempre cambia la situación de inmediato, pero sí fortalece a las personas para enfrentarla.
Con el tiempo, decidió compartir su experiencia en redes sociales para ayudar a otras familias. Un día, una madre le escribió diciendo que, gracias a su historia, ya no tenía miedo. Y entonces todo tuvo sentido.
A veces, nuestras pruebas también son una forma en que Dios responde la oración de alguien más.
Marcos Rossi y la decisión de creer en su propio valor

Marcos nació sin brazos ni piernas completamente desarrollados. Desde el inicio, muchos pensaron que su vida sería limitada, pero él decidió no aceptar esa idea.
Con el tiempo, aprendió algo que se convertiría en el centro de su vida.
Su identidad no dependía de su cuerpo, sino de su origen divino.
Cuando conoció el Evangelio, esa verdad se volvió aún más clara. Al leer el Libro de Mormón, sintió paz. Una paz que lo llevó a cambiar su vida.

Hoy, su mensaje es que ser hijo de Dios significa que nuestro potencial no tiene límites.
Marcos se convirtió en conferencista y ha compartido su historia con miles de personas, pero su mayor mensaje no es motivacional. Es espiritual.
La gratitud tiene el poder de cambiar la forma en que vemos nuestra propia vida.
Carlos Martins y el día que entendió qué era lo más importante

La historia de Carlos empezó antes de que él naciera, cuando un hombre decidió compartir el Evangelio con su padre. Ese simple acto cambió generaciones.
Carlos creció, estudió, tuvo éxito y construyó una carrera. Pero un día, cambió su historia para siempre.
Encontró una carta de su esposa sobre la mesa. Ella no hablaba de dinero ni de logro, hablaba de tiempo. Tiempo que la familia necesitaba.

Ese momento marcó un antes y un después.
El éxito no significa nada si nos aleja de lo que más importa.
Carlos reorganizó su vida. Más adelante, él y su esposa sirvieron en una misión humanitaria ayudando a miles de refugiados.
Hoy, comparte el Evangelio de otra forma. Entendió que las personas escuchan más lo que ven que lo que oyen.
Lo que estas tres vidas tienen en común

Brasil tiene más de 1.5 millones de miembros de la Iglesia. Pero el crecimiento no se mide solo en números.
Se mide en historias como estas de personas que decidieron confiar y que entendieron que la fe no es solo creer en Dios. Es permitir que Él transforme la forma en que vivimos.
Porque al final, eso es lo que hacen los pioneros, no siempre son los primeros. Pero sí son los que deciden avanzar con fe.
Fuente: Church News



