El matrimonio es posiblemente una de esas etapas que la sociedad actual está desvalorando. La mentalidad moderna sugiere que casarse es “perder tu libertad”. Por eso muchos, antes de casarse, deciden “vivir su vida al máximo” y evitar pensar en el matrimonio hasta que sea “el momento indicado”.
Pero en realidad, hay algo que muy pocos están considerando: el matrimonio no empieza cuando conoces a la persona correcta, sino cuando te conviertes en ella. Esa verdad sugiere que la etapa antes del matrimonio es donde debes prepararte para amar bien cuando llegue el momento.
En el caso de los hombres, llegar a ser un buen esposo no es tan difícil como parece. Aquí te comparto 4 ideas para tu preparación.
Ora por ella aunque no la conozcas

Puede sonar extraño para algunos, pero orar por tu futura esposa, incluso sin saber quién será, es un acto de fe poderoso.
Esto no significa que debas idealizar a alguien inexistente, sino que entrenes a tu corazón para amar sin posesión. Orar así te saca del egoísmo y te coloca en una posición de responsabilidad.
El apóstol Pablo lo enseñó con claridad:
“La caridad es sufrida, es benigna… no busca lo suyo”.
Como sabemos, esa caridad es el amor a la manera de Cristo. Ese es el tipo de amor que Dios espera que muestres como esposo. Cuando oras por tu futura esposa, incluso sin saber quién es, en realidad estás desarrollando esa caridad.
Sana para no lastimarla

Aquí es donde entramos a un terreno delicado. Y es que la mayoría de matrimonios hoy en día se destruyen por ejercer abuso o violencia de cualquier tipo. Eso no tiene por qué pasar en tu matrimonio.
Puede que pienses:
“Pero si no soy violento, entonces este consejo no aplica para mí”.
Bueno, piensa otra vez. Muchos hombres no dañan por maldad, sino por heridas no resueltas del pasado. Entrar a una relación sin haber sanado primero puede llevarte a lastimar a tu futura esposa.
Así que otro punto de tu preparación para ser un buen esposo incluye examinar tus heridas o traumas pasados y sanarlos. El élder Richar G. Scott habló sobre esto y recordó:
“Puede que hayas sido herido por el abuso, pero esas heridas no tienen por qué ser permanentes… En el plan eterno, en el debido tiempo del Señor, esas lesiones se curarán si haces tu parte”.
Puedes leer su mensaje completo para obtener más guía, pero la idea central aquí es que si eliges sanar antes de amar, estás diciendo: no voy a usar a mi futura esposa para llenar mis vacíos. Eso hará toda la diferencia.
Esfuérzate por ser bueno en todo lo que haces

Prepararse para ser un buen esposo es un asunto tanto espiritual como práctico.
Es por eso que esforzarte por ser responsable, disciplinado, constante y confiable en todos tus tratos también es una forma de prepararte para el matrimonio. Porque el amor también necesita estabilidad.
El presidente Gordon B. Hinckley enseñó:
“Ahora, mis queridos hermanos… Vayamos con la determinación de esforzarnos un poco más, de ser un poco mejores”.
Esa máxima también se aplica al matrimonio. Un hombre que trabaja en su carácter hoy está construyendo seguridad para su matrimonio del mañana. Así que empieza por preguntarte: ¿qué puedo hacer hoy para ser una mejor persona para mi futura esposa?
Acude al templo para estar más cerca de Dios

Para los miembros de la Iglesia de Jesucristo, el templo es un lugar sagrado y un punto de recalibración donde recordamos nuestro propósito y recibimos orientación de Dios para asuntos personales sagrados. El matrimonio es uno de esos asuntos.
Además, asistir regularmente al templo nos ayuda a santificarnos para ser hombres íntegros y virtuosos, dos atributos importantes para ser un buen esposo.
El presidente Russell M. Nelson afirmó que:
“La adoración regular en la Casa del Señor aumenta nuestra capacidad tanto para la virtud como para la caridad”.
Esto no quiere decir que ir al templo te haga automáticamente el prospecto de esposo perfecto, pero sí te recuerda los convenios para los que te estás preparando. Mantener ese enfoque te ayudará a no desviarte.
Un recordatorio importante

Puede que ya estés aplicando estos consejos, pero esa persona indicada aún no llega. Si te está pasando eso, recuerda que tú no manejas el tiempo. Tal vez la indicada llegue pronto o puede que tarde más de lo que imaginas.
Esa decisión solo le corresponde al Señor. Pero hay algo que sí está en tus manos hoy: decidir prepararte en lugar de desesperarte.
Cuando llegue el momento, no se tratará de suerte, ni de timing, sino de si estuviste dispuesto a trabajar en ti para esa persona. La pregunta final entonces no es cuándo llegará ella sino:
“¿Qué tipo de hombre seré cuando ella llegue?”
Fuente: Instagram



