No todos los días conoces al amor de tu vida mientras alguien sale del agua con ropa blanca y una sonrisa nerviosa. Pero así empezó esta historia.
No es una película. Es el tipo de historia tranquila que pasa cuando Dios mueve piezas que nosotros ni siquiera vemos.
“Entendí que Dios sí tiene un plan”

Vijai creció en el sur de India, en una familia hinduista. Aprendió valores, respeto, disciplina. Pero siempre había una pregunta de fondo:
¿Qué se supone que debo creer exactamente? ¿Cuál es el camino?
Ir a estudiar a Estados Unidos parecía imposible. Sin embargo, contra todo pronóstico, terminó en Utah en 2019. Nuevo país, nueva cultura, nuevas preguntas. Lo que más le impactó no fue un evento espectacular. Fue una idea clara y directa:
Dios tiene un plan para cada persona.
No un plan genérico. Un plan personal. Esa enseñanza empezó a conectar todo desde su viaje a Estados Unidos hasta las oportunidades inesperadas, los encuentros. Sintió que no estaba ahí por casualidad.
En Navidad de 2022 decidió bautizarse. Y ese mismo día conoció a Deborah. Con el tiempo empezaron a salir y en 2024 se sellaron en el templo de Newport Beach, California. Para él, no hay duda que Dios dirigió sus pasos mucho antes de que él lo entendiera. Su versículo favorito resume su historia:
“Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia… y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5–6).
Hoy vive con una convicción sencilla pero firme:
Cuando confías en Dios, puedes dejar de vivir con miedo.
“Yo también necesitaba ese bautismo”

Deborah creció en Hawái, en una familia fuerte en la Iglesia. Sirvió misión en Corea del Sur. Sabía lo que era compartir el Evangelio. Sabía lo que era sentir el Espíritu. Pero al regresar a casa, la vida adulta comenzó a pesar. Trabajo. Expectativas. Metas profesionales. Responsabilidades en la Iglesia. Por fuera todo parecía en orden. Por dentro, no tanto.
Seguía asistiendo. Seguía sirviendo. Pero se sentía desconectada. Insegura. Como si no pudiera reconocer claramente la presencia de Dios en su vida.
Y entonces llegó el día del bautismo de Vijai. No lo conocía realmente. Pero al verlo entrar al agua sintió algo muy específico: el deseo profundo de apoyarlo en su nueva fe. Y mientras lo apoyaba a él, algo pasó con ella. Su propio testimonio empezó a renovarse.
Ver la conversión sincera de alguien más la ayudó a volver a lo básico. A recordar por qué cree. A confiar otra vez. Ella ama un versículo en particular:
“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno… hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios” (Miqueas 6:8).
No habla de perfección. Habla de dirección. Caminar humildemente con Dios, incluso cuando la vida no es sencilla.
Cuando el amor y el Evangelio crecen juntos

No todas las historias de amor empiezan en un templo. Algunas empiezan en una capilla común, un domingo cualquiera, en un bautismo sencillo.
Lo interesante aquí no es solo que se enamoraron.
Es que ambos estaban en procesos espirituales distintos:
- Uno descubriendo el Evangelio por primera vez.
- La otra redescubriéndolo después de una etapa de duda silenciosa.
Y Dios usó ese punto de encuentro para bendecirlos a los dos. A veces el Señor no solo cambia tu vida. La conecta con la de alguien más para acercarlos a Él.
Una reflexión para nosotros

Esta historia nos recuerda tres cosas claras:
- La conversión es personal, pero nunca es solitaria.
- Dios puede usar a otras personas para fortalecer nuestra fe.
- Cuando confiamos en Su plan, entendemos después lo que antes no tenía sentido.
Tal vez hoy no ves el panorama completo. Tal vez estás en una etapa de búsqueda, o de cansancio espiritual, o apenas dando tus primeros pasos. Pero si algo deja esta historia es esto:
Dios sí está guiando caminos. Incluso cuando tú solo ves coincidencias.
Y a veces, en medio de decisiones simples, como asistir a un bautismo, Él está escribiendo algo mucho más grande de lo que imaginas.
Fuente: LDS Living



