Nota del editor: Este artículo está basado en la experiencia real de Roseanne Service de Public Square.

Un simple momento de la vida puede ser suficiente para cambiar y marcar a alguien por completo y eso pasó con Roseanne. Ella pensaba que sabía lo que era pasar por cosas difíciles ya que había enfrentado 2 partos, problemas médicos complicados e incluso un tumor cerebral.

Después de todo esto, ella supuso que había desarrollado una fortaleza suficiente para soportar el dolor, pero no estaba preparada para lo que pasaría después.

Cuando una infección extremadamente peligrosa apareció, el dolor se volvió abrumador y tan intenso que su mundo se redujo a sobrevivir minuto a minuto. Su lucha recién estaba comenzando.

Una lucha mental intensa

depresión
Mientra Roseanna miraba a otras personas con normalidad, sentía una gran tristeza por la vida que creía que ya no iba a recuperar. Imagen: Canva

Meses después de detectar su infección, Roseanne sintió que algo no estaba bien y esta vez no era físico. El miedo junto con una crisis de ansiedad aparecieron sin aviso y la paralizaron. Actividades simples como ir al dentista o viajar se volvieron imposibles. Su mundo de pronto comenzó a hacerse más limitado.

Era como si su mente hubiera guardado una imagen de los hechos complicados que vivió y ahora tratara de protegerla de que volviera a pasar, incluso cuando ya no había peligro real. Fue entonces cuado Roseanne supo que tenía trastorno de estrés postraumático y eso la quebró.

Mientra ella miraba a otras personas viviendo con normalidad, sentía una gran tristeza por la vida que creía que ya no iba a poder recuperar y en ese proceso, su fe también se vio afectada. Después de todo, ¿cómo confiar plenamente en Dios luego de pasar por cosas así?

Aunque la respuesta para Roseanne no llegó de forma inmediata, sí vino a través de una compañía real.

Pequeños pasos que fueron suficientes

mujer tocando su corazón
Aunque no todo funcionó de inmediato, Roseanne seguía intentando vencer el estrés postraumático con fe. Imagen: Canva

El cambio de Roseanne se produjo de manera lenta pero constante. Con el tiempo y siendo consciente de su trastorno, ella empezó a intentar cosas pequeñas como leer, entender lo que le pasaba e incluso probó técnicas para enfrentar el miedo en lugar de evitarlo.

No todo funcionó de inmediato pero aún así, Roseanne seguía intentando con fe sin embargo, cada intento por mejorar era una batalla interna. Pese a todo esto, el punto de inflexión en su historia de lucha llegó cuando ella decidió algo crucial: dejar de huir en medio de una crisis.

Un día, al intentar abordar un avión para un vuelo de una hora, Roseanne sufrió un ataque de pánico, pero con técnicas de relajación y distracciones, logró superarlo y cuando logró aterrizar en su destino, un gran gozo la invadió. Durante el viaje, Roseanne recurrió a algunas ideas budistas para buscar tranquilidad con la idea de que «pasará», lo que le permitió perseverar.

Ese acto sencillo y pequeño en apariencia, cambió algo dentro de ella porque le demostró que el miedo no siempre gana.

Aprendiendo a vivir de nuevo

Roseanne sobrevivió a un tumor cerebral y tuvo que aprender a vivir nuevamente después de ese suceso trágico. Imagen: Public Square

Esta experiencia llevó a Roseanne a descubrir un concepto que describía exactamente lo que estaba viviendo: crecimiento postraumático.

Ese concepto no significa que el dolor desaparece, ni que todo vuelve a ser como antes sino que, para Roseanne, significa que, incluso con cicatrices, puedes construir algo nuevo volviendo a intentar.

Este mismo principio la volvió a acompañar años después. Otro día, durante una cena con amigos en un restaurante abarrotado, sufrió un ataque de pánico. En ese momento de tensión, aunque su cuerpo le decía que se fuera, Roseanne se dijo a sí misma:

«Ya sabes cómo funciona: tu instinto es huir, pero si te quedas, pasará y lo pasarás genial».

Unos minutos después, el miedo se fue y esa noche no solo se quedó sino que también la disfrutó, algo que antes parecía imposible. Ahora, Roseanne sigue luchando con su trastorno pero ahora tiene algo a su favor: la esperanza de saber que siempre encontrará paz en medio del dolor.

La esperanza sigue estando allí

Tanto para Roseanne como para nosotros, la fuente de nuestra esperanza es Cristo. Imagen: iSotck

La historia de Roseanne no es una historia perfecta donde todo se resuelve pero eso está bien porque refleja la realidad. A veces, como ella, nos tocará lidiar con dificultades por mucho tiempo o incluso por siempre, pero Roseanne nos recuerda que aunque el miedo llegue, también podemos hallar fortaleza y paz si ejercemos fe.

Esos momentos de “esperanza postraumática”, como dice Roseanne, nos enseñan que aunque la vida cambie, todavía podemos encontrar maneras de seguir adelante y reconstruírnos sin presión y a nuestro ritmo.

Finalmente, debemos recordar que la fuente de esa esperanza es Cristo y cuanto más nos acerquemos a Él, más podremos recibir esa esperanza que nos libere del dolor. Lo único que debemos hacer es aceptar la invitación del Salvador:

«En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo».

¿Con qué traumas estás lidiando hoy? No importa lo que sea, Cristo puede ayudarte a superarlos. ¿Qué puedes hacer para demostrarle tu confianza?

Fuente: Public Square

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