Muchas personas desean estudiar las Escrituras con mayor profundidad, pero al abrirlas no saben bien cómo comenzar. A veces parece que otros encuentran mensajes claros, simbolismos y aplicaciones personales con facilidad, mientras uno siente que solo está leyendo palabras sin lograr ir más allá.
Shannon Foster, fundadora del blog de estudio de las Escrituras Red Headed Hostess, también pasó por esa sensación. En un episodio reciente del Magnify Podcast, compartió un marco sencillo que le ayudó a transformar su manera de estudiar las Escrituras y a abrir espacio para una revelación más personal.
Este enfoque se conoce como el Método 1, 2, 3 y tiene un objetivo claro: bajar el ritmo, comprender mejor lo que se está leyendo y permitir que el Señor enseñe de forma personal.

De admirar a otros a aprender cómo hacerlo
Durante años, Shannon admiró a maestros del evangelio que parecían encontrar significados profundos casi de forma natural. Ella pensaba que esa habilidad era algo con lo que se nacía, no algo que se aprendía.
Con el tiempo, se dio cuenta de que el estudio significativo de las Escrituras no depende de un talento especial, sino de tener un proceso intencional. Al aprender una forma concreta de acercarse al texto, su experiencia cambió por completo. Aunque reconoce que no es el único método que existe, decidió compartirlo porque ha sido clave en su propio crecimiento espiritual.
En qué consiste el Método 1, 2, 3

La fortaleza de este método está en su sencillez. En lugar de avanzar rápido o buscar aplicaciones inmediatas, invita a estudiar paso a paso.
Paso uno: leer
El primer paso es leer el pasaje con calma. No es necesario abarcar un capítulo entero; incluso unos pocos versículos son suficientes. El objetivo es entender lo básico: qué está ocurriendo, quiénes participan y qué dicen exactamente las palabras del texto.
Paso dos: buscar comprensión

Luego, se vuelve a leer el pasaje, esta vez con más atención. Aquí se analizan palabras clave, frases repetidas o ideas que llaman la atención. También es un buen momento para apoyarse en recursos adicionales como comentarios, diccionarios bíblicos, traducciones alternativas o análisis históricos. Shannon suele recomendar el diccionario Webster de 1828, especialmente al estudiar el Libro de Mormón, ya que ayuda a entender el significado que tenían las palabras en la época de la traducción.
Este paso ayuda a conectar un texto antiguo con una realidad actual.
Paso tres: buscar revelación
Finalmente, se invita al Señor a enseñar de manera personal. Preguntas como: ¿qué significa esto para mí hoy?, ¿qué necesito aprender?, ¿qué se me está invitando a hacer? pueden guiar este momento. Shannon anima a anotar las impresiones que lleguen, incluso si parecen pequeñas o incompletas.
La revelación no siempre llega de inmediato, pero cuando las verdades se guardan en el corazón, el Señor puede usarlas más adelante de maneras inesperadas.
Un ejemplo práctico en el Antiguo Testamento
Shannon compartió cómo aplicó este método al estudiar 1 Reyes 17 junto a un grupo de mujeres.
En este capítulo se relata la historia de la viuda de Sarepta, quien atraviesa una fuerte sequía. Cuando el profeta Elías llega a su ciudad, ella se está preparando para cocinar lo último que le queda de comida para ella y su hijo. Aun así, obedece la instrucción de Elías de servirle primero, confiando en la promesa de que la harina y el aceite no se acabarían.
Al estudiar el pasaje con calma, la conversación se volvió muy significativa. Una mujer se sintió profundamente impactada por la frase “no temas; ve y haz”, y entendió que necesitaba dejar de preguntarse cómo actuar y simplemente comenzar a hacerlo. Otra destacó el acto de consagración de la viuda, quien dio todo lo que tenía antes de ver cumplida la promesa.

Cada una encontró un mensaje distinto, pero necesario para su propia vida.
Hacer espacio para una revelación personal
El Método 1, 2, 3 puede aplicarse a cualquier pasaje de las Escrituras. Al reducir la velocidad, buscar comprensión y estudiar con la expectativa de recibir revelación, el estudio deja de ser una tarea y se convierte en una experiencia personal con el Señor.
Como señala Shannon, cuando estudiamos con el corazón abierto, la revelación llega. A veces en el momento, otras con el tiempo, pero siempre de una manera personal y significativa.
Fuente: LDS Living
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