La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días acaba de anunciar el llamado del élder Clark G. Gilbert al Cuórum de los Doce Apóstoles, pero algo que quizá no todos saben es que detrás de su llamado hay una historia que lo preparó justo para este momento.
¡No! No fue su trayectoria académica o su tiempo de servicio como Setenta. Al menos no fue solo eso. Fue un momento previo en el que aprendió lo que es ser un discípulo de Jesucristo junto a personas especiales: un pequeño grupo de jóvenes en Boston.
Esta es la historia de cómo, mucho antes de ser apóstol, el élder Gilbert y su esposa aprendieron el verdadero impacto del servicio.
Conociendo a “los chicos de Boston”

Todo comenzó en 1997 cuando el élder Gilbert, ya casado con su esposa Christine Gilbert, se mudó con ella a Boston, Massachusetts, para empezar sus estudios de posgrado. Sin embargo, lo que estaba por suceder sería algo más grande.
Allí el élder Gilbert recibió un llamamiento para servir con los jóvenes. Durante su juventud, el líder del élder Gilbert fue una gran inspiración para él, lo cual lo llevó a aceptar el llamamiento con esa misma visión.
Sin embargo, la situación era muy distinta a la que él había vivido en su adolescencia, ya que estos “chicos de Boston” eran minoría en sus escuelas y enfrentaban presiones sociales.
Al ver esa realidad, el élder GIlbert supo que debía estar para ellos:
“No se puede entrar en ese edificio, no se puede conocer a Jonathan, Emmanuel, Junior, James, Jesse, Gabriel y muchos más. … ¿Qué vas a hacer? ¿Volver y estudiar econometría por tu cuenta?”, expresó el élder Gilbert al recordar esa época.
Si bien él y su esposa estaban ajetreados con las labores académicas y la crianza de sus hijos pequeños, ellos sintieron que esos jóvenes también debían ser una prioridad.
“Creo que estábamos al límite con todo lo que hacíamos, pero… ellos nos necesitaban allí. Y creo que, mientras avanzábamos, no nos dimos cuenta de que realmente los necesitábamos a ellos también”, expresó Christine Gilbert años después de aquella experiencia.
Dos jóvenes que lo transformaron

Entre los muchachos que dejaron una huella en los Gilbert durante esa etapa estuvieron dos jóvenes cuyas historias reflejan una fe firme en medio de grandes desafíos.
El primero de ellos se llama Emmanuel Nnah, hijo de dos inmigrantes nigerianos que llegaron a Estados Unidos en la década de 1980, quienes le enseñaron constantemente quién era ante Dios.
Su padre se convirtió a la Iglesia de Jesucristo en 1984 y como resultado, tanto él como su hermano crecieron con el conocimiento del evangelio, el cual ayudó a Emmanuel a enfrentar presiones sociales y hallar propósito en la Iglesia de Jesucristo.
El otro joven se llamaba Jonathan Ubri. Él había tomado malas decisiones por frecuentarse con gente inapropiada en la escuela. Pero luego llegó un punto en el que sabía que necesitaba cambiar y oró para pedir ayuda.
La respuesta llegó en el lugar y momento menos pensado: un cumpleaños en una capilla de la Iglesia de Jesucristo. Al llegar allí, Jonathan sintió que el lugar le resultaba familiar y, luego de indagar, descubrió algo que lo cambió todo: él ya era miembro de la Iglesia, solo que no lo recordaba.
Su madre, su hermano y él se habían bautizado justo cuando Jonathan tenía 8 años, pero pronto se inactivaron por desafíos para asistir a la Iglesia y por eso Jonathan no se acordaba.
Tras esa experiencia que lo reconectó con la Iglesia de Jesucristo, Jonathan se activó y encontró lo que siempre había estado buscando: unidad, hermandad y pertenencia.
Cuando el élder Gilbert conoció a ambos jóvenes reconoció en ellos a dos hijos de Dios con un potencial divino y expresó:
“Todo lo que su Padre Celestial tenía para sus hijos, cada detalle, estaba ahí para ellos”.
Fue entonces cuando les habló de la universidad, la misión y del templo como expectativas naturales del Señor para ellos e incluso los motivó a trabajar en esas metas espirituales.
Con el tiempo, aquellos jóvenes sirvieron misiones, se graduaron y formaron familias eternas. Sin duda el élder Gilbert se convirtió en una gran inspiración para ellos.
El “ciclo completo” del evangelio

Uno de los recuerdos más sagrados para el élder Gilbert ocurrió en una conferencia juvenil. Mientras hablaba, recordó una experiencia espiritual con su líder de jóvenes mientras se preparaba para una carrera.
“Estaba en una carrera de atletismo al otro lado del valle… Miré al otro lado de la pista y vi al hermano Butler [mi líder de los Hombres Jóvenes] allí de pie. Y el Espíritu me dijo: ‘Esta Iglesia es verdadera, o de lo contrario no habría estado aquí en tu carrera’”, recordó el élder Gilbert.
Mientras narraba su experiencia el élder Gilbert, sintió claramente cómo la luz de Dios lo alumbraba a él y a otro joven que lo escuchaba. Al reflexionar sobre esta experiencia, el élder Gilbert expresó:
“Esa misma historia que inspiró mi propio testimonio de mi líder de los jóvenes hace tantos años, ahora formaba parte del testimonio de otro joven en un tiempo y lugar completamente diferentes. Ese es el ciclo completo del Evangelio”.
Esa frase encierra una de las grandes lecciones que el élder Gilbert solo pudo aprender mediante su servicio en Boston. Su tiempo allí fue una temporada de aprendizaje sobre cómo el Señor obra a través de actos pequeños y sinceros.
Hoy, como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles, el élder Gilbert recuerda este episodio de su vida como parte clave de su preparación para testificar del Salvador ante el mundo como representante suyo.
Y quizá la lección más importante que aprendemos de él mediante esta experiencia, sea esta reflexión suya:
“[Si] hacemos lo mejor que podemos, le demostramos al Señor que estamos dispuestos a participar en su obra, y Él… nos hace más grandes de lo que podríamos hacer nosotros mismos”.
Fuente: LDSLiving



