Desde muy pequeña, Julia Colere de la Cruz mostraba que había algo especial en ella. A los 6 años, lo que empezó como una actividad recreativa pronto se transformó en una vocación clara. Con el paso del tiempo llegaron los entrenamientos exigentes, las competencias, una convocatoria histórica y también los desafíos propios del deporte de alto rendimiento.
Hoy, con 15 años, su historia inspira no solo por los logros deportivos, sino por la forma en que ha aprendido a caminar con fe, confiando en que Dios guía, cuida y prepara el camino incluso cuando el futuro parece incierto.
Del ballet a la gimnasia de alto rendimiento

Antes de llegar a la gimnasia rítmica, Julia practicaba ballet y jazz en la escuela de su abuela. Fue allí donde una profesora notó su potencial y sugirió que probara en una escuela especializada. Su familia la llevó al Club Agir, en Curitiba, y tras una clase experimental, el avance fue inmediato.
En apenas un mes, Julia pasó de la escuela básica al equipo de competencia. Lo que normalmente toma uno o dos años ocurrió en semanas. Desde el inicio, su determinación era clara. Al saber que el equipo de alto rendimiento entrenaba por las tardes, expresó con firmeza que ese era el lugar donde quería estar.
Desde entonces, antes de entrenar o competir, se toma un momento para orar, pidiendo protección para su cuerpo, claridad para ejecutar lo que ha practicado y paz para sentir la compañía del Señor.
La oración se convirtió en su ancla, una forma de enfrentar la presión con confianza y serenidad. No como un ritual extraordinario, sino como parte de su día a día.
Una convocatoria que puso a prueba la fe

Con el tiempo, Julia comenzó a destacar a nivel nacional y fue convocada a entrenamientos organizados por la Confederación Brasileña. En 2023, durante uno de esos procesos, fue seleccionada para integrar el conjunto juvenil de la Selección Brasileña.
La alegría fue grande, pero también el desafío. Con apenas 12 años, se mudó a Aracaju, lejos de su familia, para entrenar durante las temporadas 2024 y 2025 con miras al Mundial Junior. La primera preocupación de Julia no fue el rendimiento ni las medallas, sino algo más profundo: cómo seguir viviendo el Evangelio y asistiendo a la Iglesia lejos de casa.
Mundial Junior 2025: un momento histórico

La preparación fue intensa. El Mundial Junior de 2025 representó el mayor desafío del ciclo, y el equipo brasileño llegó con confianza tras importantes resultados previos, incluido el bicampeonato panamericano.
El resultado marcó historia. El equipo obtuvo dos medallas de plata, las primeras del Brasil en campeonatos mundiales de gimnasia rítmica. Más allá del podio, hubo un detalle que marcó profundamente a la familia: antes de los entrenamientos, la entrenadora reunía a las atletas para orar.
El enfoque no estaba solo en ganar, sino en dar lo mejor y confiar en Dios con el resultado.
Milagros cotidianos en el camino

La familia de Julia habla con honestidad sobre lo que implica sostener una carrera deportiva. El esfuerzo económico es constante y, en varios momentos, fue necesario organizar rifas, vender dulces y buscar alternativas para cubrir lo básico.
Abuelos, tíos y otros familiares fueron clave en este proceso. Y junto a ese apoyo, ocurrieron experiencias que la familia reconoce como pequeños milagros. Equipos que llegaron como regalo inesperado, collants donados en el momento justo, ayudas que cubrieron exactamente lo necesario.
Dios se manifestó en los detalles, confirmando que el esfuerzo acompañado de fe no pasa desapercibido.
Lesiones, exámenes y una nueva prueba

Al regresar a casa, Julia enfrentó una lesión en el fémur y, durante los exámenes, se detectó un tumor en la otra pierna. El diagnóstico final trajo alivio: era benigno y no comprometía su entrenamiento. Aun así, fue una experiencia que exigió fe y serenidad. La familia aprendió, una vez más, a confiar en que Dios abre puertas cuando es el momento y da dirección cuando es necesario esperar.
De vuelta en Curitiba, Julia retomó entrenamientos en el club donde comenzó su historia. Hoy se prepara para un nuevo desafío: regresar a las competencias individuales, ahora en categoría adulta. Sabe que no será fácil, pero avanza con esperanza. Sueña con volver a la Selección y, algún día, llegar a una Olimpiada. No como una presión, sino como un sueño que vale la pena perseguir con gratitud.
La historia de Julia no es solo sobre gimnasia rítmica. Es la historia de una joven que aprendió disciplina, perseverancia y confianza. Es el testimonio de una familia que vio al Señor actuar en lo cotidiano.
Entre entrenamientos, distancia, desafíos y nuevos comienzos, queda una certeza: cuando confiamos en Dios y hacemos lo correcto, Él camina con nosotros en cada etapa del proceso.
Fuente: Maisfe.org



