Hace unas semanas, la vida de Candice Running dio un giro inesperado cuando su hija Livy comenzó a tener dificultad para respirar y fiebre alta. Lo que parecía una enfermedad común terminó convirtiéndose en una experiencia que nunca olvidará.

Antes de ir a emergencias, su esposo Kyle le dio una bendición del sacerdocio. Dentro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, estas bendiciones se consideran palabras inspiradas que brindan guía y consuelo. En ese momento se incluyó una promesa clave: sus padres tendrían claridad mental para saber qué hacer.

Nadie imaginaba cuánto necesitarían esa guía.

En el hospital, los médicos diagnosticaron a Livy con neumonía y le recetaron antibióticos. Todo indicaba que la situación estaba bajo control. Aun así, con el paso de los días, algo no terminaba de encajar.

Imagen: Candice Running, Facebook

Candice no lograba sentirse tranquila. Aunque los médicos aseguraban que su hija estaba mejorando, una inquietud constante no la dejaba en paz. Livy seguía débil, con dolor en el pulmón derecho, y su estado no coincidía con lo que describían como un caso leve.

Una idea insistente apareció una y otra vez: ¿y si hay algo más?

Lejos de desaparecer, esa sensación fue creciendo con el paso de los días. Tanto ella como su esposo percibían que algo no estaba bien, aunque no sabían explicarlo con claridad. En medio de esa incertidumbre, volvió a su mente la bendición: claridad para actuar.

Con esa impresión presente, decidió regresar al médico, pero hizo algo diferente. En lugar de darle medicamentos para bajar la fiebre, prefirió que los doctores evaluaran su estado real.

Esa decisión marcó un antes y un después.

Imagen: Candice Running, Facebook

Durante la consulta, el nivel de oxígeno de Livy estaba en 91. Su condición era evidente: apenas podía caminar, respiraba con dificultad y su cuerpo mostraba un deterioro claro. Ante ese panorama, los médicos reaccionaron con mayor urgencia.

Al revisar su tratamiento, detectaron que la dosis del antibiótico no era la correcta. También consideraron necesario realizar una nueva radiografía.

Horas más tarde, llegó la llamada que confirmaría lo que Candice temía. Livy no solo tenía neumonía: había desarrollado empiema, una complicación grave en la que se acumula líquido infectado en los pulmones. En su caso, había más de cien pequeñas acumulaciones en el pulmón derecho.

Debido a la gravedad del diagnóstico, fue trasladada de inmediato a un hospital infantil.

Al ingresar, su nivel de oxígeno había bajado aún más, hasta 81. En cuestión de horas, todo se volvió crítico. El equipo médico actuó rápidamente para estabilizarla.

Al día siguiente, le colocaron un tubo en el pecho para drenar el líquido acumulado. Durante cinco días, su cuerpo luchó mientras el tratamiento hacía efecto.

Imagen: Candice Running, Facebook

Fueron momentos intensos, llenos de preocupación, pero también de fe.

Cuando finalmente retiraron el tubo, el cambio fue casi inmediato. Livy comenzó a moverse, a recuperar su energía y a comportarse como una niña nuevamente.

Para Candice, todo cobró sentido.

Esa impresión persistente no fue casualidad. Más bien, se convirtió en una guía que decidió seguir, incluso cuando todo parecía indicar lo contrario.

Hoy, con su hija sana, no puede evitar pensar en lo diferente que habría sido la historia si hubiera ignorado esa inquietud.

A veces, las respuestas no llegan como esperamos. No siempre son evidentes ni fáciles de explicar. Sin embargo, cuando vienen acompañadas de claridad y persistencia, pueden cambiarlo todo.

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