Nota del editor:  Esta una historia compartida para Mas Fe.

Esta joven y su esposo crecieron en la Iglesia. Compartían los mismos valores, la misma fe y, finalmente, decidieron casarse en el templo de Manti. Para ellos, la vida parecía clara con respecto al amor, compromiso y espiritualidad caminando de la mano. Como recuerda:

«Mi esposo y yo crecimos en la Iglesia y nos casamos en el templo de Manti.» 

Durante los primeros años, compartían momentos familiares, celebraciones de la Iglesia y la fe era un punto de unión. Pero la vida los llevó por caminos inesperados.

La prueba de la fe

Imagen: Canva

Diez años después de casarse, se encontró con información crítica sobre la Iglesia. Se topó con diversas fuentes anti-Mormonas. Esa experiencia la hizo cuestionar todo lo que había creído, y su testimonio se debilitó hasta desaparecer. Decidió alejarse de la Iglesia. Su esposo, en cambio, se mantuvo firme.

«Mi esposo se quedó en la Iglesia y seguimos casados, pero fue un tiempo muy doloroso y solitario para ambos.»

Durante casi una década, junto a su esposo vivieron una relación marcada por la distancia espiritual. La religión se volvió un tema difícil de tocar, un “elefante en la habitación” que impedía conversaciones íntimas.

«No podíamos conectarnos espiritualmente. La religión siempre era un elefante en la habitación, algo de lo que no podíamos hablar entre nosotros de manera íntima.»

La relación al borde del colapso

mujer quitándose el anillo de matrimonio
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Su matrimonio llegó a estar al borde del divorcio. Pero algo los mantuvo juntos, su esposo se mantuvo comprometido con los convenios que habían hecho juntos. No la dejó ir, y ella decidió darle una oportunidad para intentar salvar su matrimonio.

«Nuestro matrimonio estaba a punto de terminar en divorcio, pero como mi esposo permaneció comprometido con sus convenios, no me dejó ir, y yo estaba dispuesta a intentar ver si podíamos salvar nuestro matrimonio.»

Buscaron consejería matrimonial y enfrentaron la crisis de fe de ella de frente. Aprendieron a hablar de manera abierta, a escuchar sin juzgar y a expresar sus sentimientos. Con el tiempo, recuperaron una conexión espiritual y emocional, aunque todavía no había regresado completamente a la Iglesia.

«Pudimos recuperar una conexión espiritual y aprender a comunicarnos y amarnos nuevamente, incluso aunque yo aún no había regresado completamente a la Iglesia.»

Aprendieron que el amor verdadero requiere esfuerzo, paciencia y comunicación, incluso cuando las creencias no coinciden.

Pequeñas experiencias que marcan el camino

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Después de casi 10 años fuera de la Iglesia, comenzó a tener experiencias espirituales que la guiaron de regreso. No fueron grandes milagros espectaculares, sino momentos sencillos pero poderosos que le recordaron que la fe y la familia podían reconciliarse.

«Después de casi 10 años fuera de la Iglesia, tuve varias experiencias espirituales que me mantuvieron regresando.»

Finalmente, después de 11 años sin asistir, junto a su esposo regresaron juntos al templo. Ese momento representó la restauración de su fe y su matrimonio.

Durante todo este proceso, aprendieron que el amor no depende de tener las mismas creencias. Aprendieron a encontrarse donde cada uno estaba, a dejar de intentar cambiarse y a comprenderse en lugar de juzgarse.

«Aprendimos a comunicarnos incluso cuando no creíamos las mismas cosas. Aprendimos a amarnos y encontrarnos donde estábamos, y a dejar de intentar cambiarnos.»

La Expiación del Salvador en acción

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Lo que parecía roto se fue reconstruyendo poco a poco. La Expiación del Salvador sanó su matrimonio, fortaleció su familia y les enseñó a confiar nuevamente en Dios y en el otro.

«No tengo dudas de que la Expiación del Salvador sanó a mi esposo y a mí, y nuestro matrimonio. El Salvador puede sanar todas las cosas rotas. Estábamos completamente rotos, y día tras día, línea por línea, la Expiación nos ha reunido nuevamente.»

Hoy, sabe que su historia es un testimonio vivo de que el Salvador puede sanar relaciones, corazones y familias que parecen imposibles de restaurar. Su matrimonio y su familia son la prueba de que, con fe, comunicación y amor, todo puede volver a unirse.

«Toda la historia es realmente un milagro.»

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