Durante su servicio misional en Filipinas, una joven misionera vivió una experiencia que transformó su forma de entender el sacrificio, la fe y lo que realmente significa servir a Dios.
En una de sus últimas áreas, compartía zona con varios misioneros del norte del país. Entre ellos se encontraba un grupo de tres élderes que llamaban la atención por su energía, su compromiso y su disposición constante para trabajar. Nadie sospechaba que uno de ellos, el élder Ejera, enfrentaba una prueba que cambiaría su misión por completo.
La noticia llegó de manera inesperada durante un consejo distrital. El líder anunció que trasladarían al élder Ejera a Manila para una cirugía urgente. Días después, el presidente de misión explicó la razón: los médicos le habían diagnosticado un tumor de melanoma en uno de sus ojos. Aun así, lo que más impactó a quienes escucharon el mensaje no fue el diagnóstico, sino el deseo que el misionero expresó con claridad: volver y terminar su misión.

Los médicos realizaron la cirugía con éxito y lograron remover el cáncer. Sin embargo, el momento más emotivo ocurrió semanas después. Durante lo que sería la última conferencia de zona para algunos misioneros, un fuerte aplauso interrumpió el desayuno. El élder Ejera había regresado. Su llegada llenó el lugar de emoción, lágrimas y gratitud.
Más tarde, el presidente de misión lo invitó a compartir su testimonio. El élder habló con sencillez y firmeza. Contó que había ido al templo para orar específicamente por su misión. Relató que no se sentía cómodo usando la bata del hospital y que decidió volver a ponerse su ropa misional. También recordó un encuentro especial con un líder de la Iglesia, quien firmó su diario y reforzó su determinación de seguir sirviendo.

Sin necesidad de discursos largos, su mensaje quedó claro para todos los presentes. El evangelio vale cada sacrificio. El servicio no depende de la fortaleza física, sino de la convicción espiritual. Su ejemplo enseñó que, aun cuando el cuerpo enfrenta limitaciones, el testimonio puede crecer con más fuerza.
Hoy, el élder Ejera continúa su vida con fe y gratitud. Su historia dejó una huella profunda en quienes lo conocieron y recordó a muchos que vivir con “un ojo puesto en la gloria de Dios” implica entregar la voluntad y el corazón al servicio del Señor.
Video relacionado
@masfe.org Que hermoso es sentir como Dios obra en nosotros ❤️🩹 #jesusteama #cancionescristianas #sanar #fyp ♬ sonido original – Masfe.org



