Nota del redactor: El siguiente artículo comparte la experiencia personal de Brian Muhanji, escritor de addfaith.

El Libro de Mormón no solo contiene pasajes sobre grandes profetas que siguieron a Cristo con fe. También reflejan a esos mismos hombres pero desde una perspectiva más humana enfrentando pruebas como nosotros.

Si lees 1 Nefi 16, encontrarás un claro ejemplo sobre esto. En el versículo 20 de ese capítulo se menciona que Lehi, el gran profeta, murmuró contra Dios en medio del hambre y el sufrimiento del desierto.

Reflexionar en esa escena me ha llevado a una pregunta sincera: Si alguien como Lehi pudo llegar a ese punto, ¿cuántas veces lo hacemos nosotros cuando la vida se vuelve difícil?

Mi prueba más oscura

La Lucha de Brian inició luego de un trágico dolor familiar: el divorcio de sus padres. Imagen: Shutterstock

Mi “desierto” comenzó después de 20 años de matrimonio de mis padres, tras lo cual decidieron separarse.

Aunque era lo suficientemente grande para entender lo que pasaba, aún así sentí un gran dolor, pero lo que más me preocupaba eran los rostros de confusión de mis hermanos menores. De pronto nos quedamos viviendo con mi papá, quien estaba enojado y muy dolido también.

Para mí, ese fue el momento más oscuro de mi vida. Y en medio de ese dolor, hice algo que jamás pensé que haría: decidí dejar de creer en Dios.

Esa decisión se alimentó con pensamientos como:

“Si Dios y Jesucristo realmente supieran lo que hacen, mi familia seguiría unida.”

Esa etapa de mi vida me llevó a cuestionar todo lo que había creído desde mi infancia y aunque no expresaba mis quejas abiertamente, en mi corazón sí lo hacía. Esa fue mi forma de murmurar.

La experiencia de Lehi y una lección para mí

Murmurar contra Dios es una experiencia que hasta a profetas como Lehi le pasó. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Mientras lidiaba con esa situación, volví a leer 1 Nefi 16 y entendí que el hambre también llevó a Lehi a optar por una actitud similar a la mía

“… y también mi padre empezó a murmurar contra el Señor su Dios; sí, y todos se sentían sumamente afligidos, tanto así que murmuraron contra el Señor”. (1 Nefi 16:20)

Eso me hizo pensar que si un hombre de fe como él se sintió sobrepasado por el dolor, lo que yo sentía no era algo del otro mundo. Pero a pesar de llegar a esa conclusión, mi período de incredulidad empeoró.

Debido a eso, un día mi papá decidió que ya no pagaría mi matrícula universitaria porque, según él, yo era lo suficientemente “grande” para trabajar y cubrir mis propios estudios. Esa noticia me devastó.

Yo amaba estudiar e inevitablemente sentí que mi futuro soñado de pronto se escapaba de mis manos. Fue entonces cuando tomé una decisión que jamás pensé que haría: volver a hablar con el Dios contra el que había murmurado.

Entonces me senté en mi cama e intenté orar, pero me sentía incapaz. En el fondo supe que eso me pasaba porque no podía pretender volver a Dios solo para pedir favores sino que debía reparar mi relación con Él primero.

Entonces comencé a esforzarme por volver a Él con sinceridad, y poco a poco, algo cambió.

El Señor no se va aunque nosotros sí

salvador; jesuscristo; jesús; redentor; buen pastor; príncipe de paz
Aunque intentemos alejarnos, el Señor nunca se va. Imagen: Pinterest

Durante el transcurso de ese tiempo comprendí que aunque intentemos alejarnos, el Señor nunca se va. Tal como enseña Él en la Biblia:

“Porque el Señor no desechará para siempre; antes bien, si aflige, también se compadecerá según la multitud de sus misericordias”.

Así como Lehi, aunque caí en la incredulidad por dejarme llevar por las pruebas, el Señor simplemente esperó con paciencia a que volviera a Él. Esa experiencia, lejos de alejarme de Él, fortaleció más mi testimonio.

Dos años después de esa experiencia, di un paso que transformó mi vida al unirme a BYU–Pathway. Allí entendí que el Plan de Salvación nos permite experimentar el dolor para crecer a través de él y ese conocimiento afirmó aún más mi fe.

Hoy sé que murmurar no es más que una reacción humana breve dentro de una gran historia. Lo peligroso no es caer en ella pero sí lo es si escogemos quedarnos ahí.

Si ahora mismo estás en tu propio “desierto” como Lehi, no dejes que ese dolor te aleje del cielo. Luego de murmurar, Lehi encontró nuevamente dirección y nosotros también podemos.

Fuente: addfaith

Video relacionado

También te puede interesar