Cuando David Zumbrennen estaba en su primer año de secundaria, quedó impactado al ver la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 desde la televisión de su abuela. Hubo un momento que se le quedó grabado para siempre: el arquero español Antonio Rebollo encendiendo de la antorcha con una flecha en llamas. Por lo que pensó:
“Eso es increíble. Yo quiero ir a los Juegos Olímpicos”.
Lo que comenzó como una fascinación adolescente pronto se transformó en un sueño. No solo quería ver los Juegos… quería formar parte de ellos.
Años después, cuando se acercaba su graduación de secundaria, decidió intentar algo audaz: ofrecerse como voluntario para los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Lo logró. Pero lo que no imaginó entonces fue que ese paso marcaría el inicio de una trayectoria profesional que duraría décadas.

Hoy, treinta años más tarde, Zumbrennen ha participado en 13 ediciones de los Juegos Olímpicos, ya sea como voluntario o como parte del personal. Esa experiencia, sumada a otros eventos deportivos y laborales, lo ha llevado a asumir un rol clave en la organización de la celebración de puertas abiertas del Templo de Salt Lake en 2027.
Al mirar atrás, reconoce que muchas de las experiencias que en su momento parecían desconectadas, pero ahora cobran sentido.
“Ha sido muy humilde ver cómo cosas que antes no parecían tener relación ahora encajan. De pronto entiendes: ‘Esto era exactamente para lo que me estaba preparando’”.
Una historia que empezó con un sueño

Adoptado desde Costa Rica cuando era bebé, David creció en Provo, Utah, dentro de un hogar Santo de los Últimos Días.
Después de servir como misionero en Minnesota, estudió historia en BYU, con énfasis en tribus indígenas de la época colonial, además de cursar estudios en ciencia política y comunicaciones.
Más adelante completó formación en gestión de eventos deportivos en la Universidad de Florida y Georgetown. Durante su tiempo en BYU también tuvo un rol poco común: fue uno de los estudiantes que interpretaron a Cosmo, la mascota universitaria.
Su primera experiencia olímpica llegó antes de la misión, en Atlanta.
Allí trabajó en el centro acuático entregando toallas, agua y apoyo en el área de hospitalidad. Renunció a unas vacaciones familiares para hacerlo y encontró alojamiento con una familia Santo de los Últimos Días local. No era glamoroso, pero le encantó.

Uno de los momentos más significativos no ocurrió en una competencia, sino en el Parque Olímpico del Centenario, al observar personas de todo el mundo reunidas.
“Parte de nuestra razón de estar aquí es aprender unos de otros, comunicarnos y valorar las culturas. Sí, es un evento deportivo, pero también es un lugar donde el mundo se reúne en paz”.
Después de su misión, repitió la experiencia como voluntario en Sídney 2000. Poco después regresó a Utah para trabajar con el comité organizador de los Juegos de Invierno Salt Lake 2002.

Allí participó en el reclutamiento y capacitación de miles de voluntarios y colaboró en las ceremonias como líder de audiencia, guiando al público en actividades colectivas.
“Fue una experiencia increíble”.
Desde entonces, su camino lo llevó por Atenas, Turín, Beijing, Vancouver, Londres, Sochi, Río, Pyeongchang y París, desempeñando roles que iban desde logística hasta hospitalidad. Actualmente se encuentra en Italia participando en los Juegos de Milán-Cortina 2026.
La única edición que no pudo vivir fue Tokio 2020, debido a las restricciones por la pandemia.
Pequeños actos, grandes aprendizajes

Viajar por tantos países amplió su visión del mundo.
“Hay personas buenas en todas partes, tratando de mejorar el mundo a su manera. Eso ha sido lo más gratificante: conocerlas y crear vínculos”.
Una experiencia en Turín le dejó una enseñanza duradera. Vio a dos patinadores artísticos que necesitaban llegar con urgencia a su destino, pero no tenían dinero para el taxi. Él simplemente pagó el traslado.
“Lo hice para que pudieran llegar a tiempo”, contó, reconociendo que el discipulado muchas veces se vive en actos silenciosos que nadie ve.
También ha encontrado paralelos espirituales en los Juegos, como la antorcha olímpica.
“Multitudes salen a ver el recorrido, aunque muchos ni siquiera vean la llama. Pero hay algo en su significado que une. En cierto sentido, se parece a la luz de Cristo: tiene poder para reunir e inspirar”.
Preparado para algo más

Entre Olimpiadas, trabajó durante 12 años con Disney, incluyendo ocho en Disney Cruise Line, donde coordinó equipos de más de 80 nacionalidades.
También ha participado en eventos como el Super Bowl, finales universitarias de fútbol americano, el Juego de las Estrellas de la NBA, el Derby de Kentucky y las «La Gran Carrera Americana». Este año se prepara para su primera experiencia en la Copa Mundial de la FIFA.
Cuando no está en grandes eventos, enseña historia como profesor sustituto en Utah.
Ahora, todo ese recorrido parece haberlo preparado para una nueva asignación: ayudar a coordinar voluntarios en la jornada de puertas abiertas del Templo de Salt Lake, que se extenderá durante seis meses en 2027.
“El Señor te prepara, incluso cuando no lo sabes”.

Comparando sus experiencias, comenta:
“Los Juegos duran 17 días… esto será seis meses. Será como unas Olimpiadas, pero multiplicadas”.
Su deseo es que cada visitante se sienta bienvenido.
“Quiero que todos sientan amor cuando esten aquí”.
Lo que empezó con una flecha encendiendo de antorcha terminó convirtiéndose en una vida dedicada a servir, reunir y ayudar a otros a vivir experiencias que trascienden fronteras.
Fuente: newsroom.churchofjesuschrist.org
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Que hermoso gesto y que bendición
Me gustaría ponerme a disposición para ser voluntaria
Tengo dos idiomas fluidos Español y portugués de Brasik
Muy hermoso la historia, y una bendición para servir
Me gustaría ponerme a disposición para ser voluntaria ya que puedo ayudar con el Español y Portugués
Y en lo que pueda ayudar