Nota del editor: Los hechos descritos en este artículo corresponden a la experiencia de hermana Osmond, una misionera de la Iglesia de Jesucristo.
A veces, las decisiones más importantes no nacen en momentos perfectos, sino en medio del dolor, las dudas y las preguntas más fuertes jamás antes hechas.
Esa fue la realidad de la hermana Osmond, una joven que recientemente fue llamada a servir como misionera de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Texas. Pero detrás de su decisión hay una historia que toca a muchos corazones por lo inesperada, lo dolorosa y lo espiritual que llegó a ser.
Una pérdida que lo cambió todo

Durante su etapa en la escuela, la hermana Osmond atravesó momentos difíciles: relaciones complicadas, soledad y una sensación constante de no encajar. En medio de ese proceso, conoció a un amigo llamado JB con quien compartía algo en común: sentirse invisibles.
Cuando la hermana Osmond pensó haber encontrado a alguien con quien compartir y sentirse bien, al poco tiempo después ocurrió algo que marcaría su vida para siempre. Su amigo JB decidió quitarse la vida.
La noticia la dejó devastada en medio del dolor, la confusión y las preguntas que comenzaron a venir a su mente. En ese momento la hermana Osmond no solo estaba lidiando con la pérdida, sino también con una gran sensación de soledad.

En medio de ese vacío, ella empezó a preguntarse dónde estaba Dios y si realmente la escuchaba. Poco tiempo después, sin explicar sus motivos, la hermana Osmond decidió buscar consuelo pidiendo una bendición del sacerdocio.
Lo que ocurrió en ese momento la impactó profundamente. La persona que le dio la bendición, sin conocer la historia de su amigo, le mencionó a la hermana Osmond durante la bendición sobre un ángel cercano a ella, alguien que estaba intercediendo por su bienestar.
Para cualquiera, eso podría parecer una frase más. Pero para ella, no lo fue. En ese instante de la bendición, supo que Dios sí estaba consciente de su dolor y que su amigo no estaba lejos, como ella lo sentía.
El día que fue al templo sin saber la fecha

Tiempo después, motivada por su fe de aquella experiencia con la bendición, la hermana Osmond decidió ir al templo. Eligió una fecha sin pensarlo demasiado, en medio del ritmo agitado de la vida. Pero al llegar ese día, se dio cuenta de que era exactamente el aniversario de la muerte de su amigo.
No había planeado su visita al templo por ese motivo y ni siquera había recordado esa fecha. Simplemente ocurrió pero lo más impactante vendría después.
Cuando llegó al templo, vio un rostro que le resultó familiar: el hermano menor de su amigo. Y poco después, se encontró con su familia quienes, para su sorpresa, le compartieron que ese mismo día, justo antes de que ella llegara, habían realizado la obra del templo por él.
Para la hermana Osmond, esa noticia no fue una coincidencia más sino una respuesta y una nueva confirmación de que Dios estaba al tanto de su dolor, de sus preguntas y de su camino.
La duda antes de servir

Aun con esas experiencias poderosas, decidir servir una misión no fue fácil paral a hermana Osmond. Aunque ella quería ser una misionera, volvió a sentir dudas cuando estaba a punto de enviar sus papeles misionales.
Su mente giraba constantemente en torno a preguntas como: ¿Es esta la decisión correcta? ¿Seré suficiente? ¿Dios realmente me necesita?
En medio de todas esas dudas, hizo algo simple que lo cambió todo: abrió la aplicación de la Biblioteca del Evangelio en su celular y leyó el mensaje del día el cual decía:
“Cuando decimos sí a servir, decimos sí a Jesucristo”.

Aquella no era una respuesta larga ni vino de una voz fuerte. Sin embargo, para ella, fue exactamente lo que necesitaba escuchar en ese instante. Ese pequeño detalle se sintió como un gran milagro.
Si sientes que estás pasando por situaciones similares a la experiencia de la hermana Osmond, recuerda que, incluso en medio de la pérdida, pueden surgir experiencias que cambien completamente tu vida.
Fuente: Meridian Magazine



