A veces creemos que servir requiere tiempo, preparación o circunstancias ideales. Pero muchas de las respuestas más claras a una oración llegan en medio de lo cotidiano, incluso cuando no estamos listos… ni vestidos para ello.

Eso fue lo que vivió Amber Spencer, una madre de familia en Clarksville, Maryland.

Una oración sencilla, sin grandes expectativas

Misioneros ayudan a trasladar cajas de la casa de una familia necesitada en Clarksville, Maryland, el 1 de noviembre de 2025. Créditos: Amber Spencer. Imagen: Church News

La noche del 27 de octubre de 2025, después de hablar con sus hijos que servían como misioneros en Malasia y en Temple Square, Amber hizo una oración breve. Inspirada por el ejemplo de ellos, pidió poder servir a alguien, a su manera, al día siguiente.

Al día siguiente, Amber salió de casa apurada para llevar a su hija al colegio. Era su día libre y pensó que no pasaría nada si iba en pijama y pantuflas, solo era ir y volver.

Pero el tráfico se detuvo por completo, un auto blanco, con las luces de emergencia encendidas, bloqueaba la vía. Amber se acercó y preguntó si podía ayudar. El conductor, visiblemente afectado, le explicó que su transmisión se había malogrado y que lo único que le preocupaba era que su hija llegara a clases.

Amber no dudó. Se ofreció a llevar a la niña al colegio. Mientras la pequeña subía al auto, Amber notó que estaba llorando. Le dijo que sentía mucho que la vida fuera difícil a veces. La niña respondió con una calma que sorprendía:

“Es nuestro único carro. Yo estaré bien. Me preocupa mi papá”.

Cuando ayudar implica incomodarse

Imagen: Canva

Después de dejar a la niña en la escuela, Amber regresó. El tráfico era aún peor. Sin pensarlo demasiado, bajó del auto y trató de empujar el vehículo averiado. Pero no se movió.

Vestida en pijama, en medio de la calle, levantó las manos para detener un camión grande. Pensó que, tal vez, alguien fuerte podría ayudar.

El camión se detuvo, dentro iban cinco estudiantes del equipo de fútbol americano del colegio local. Bajaron de inmediato, empujaron el auto hasta un estacionamiento cercano y lo dejaron perfectamente alineado. Le dieron palabras de ánimo al padre y siguieron su camino.

A veces Dios responde una oración usando personas que ni siquiera saben que están respondiendo una.

Una red de ayuda que empezó a moverse

Imagen: Canva

Amber le preguntó al hombre qué haría ahora. Él pensaba caminar casi tres kilómetros hasta su casa. Ella le ofreció llevarlo.

Durante el trayecto, él contó su situación. Había perdido su trabajo, estaba siendo desalojado y su familia se estaba mudando a un espacio mucho más pequeño.

Amber sintió la impresión de contarle sobre la oración que había hecho la noche anterior. Al mencionar los nombres de sus hijos, el hombre los reconoció. Su hija mayor había tocado en la orquesta con ellos.

Ambos coincidieron en que Dios estaba al tanto de todo.

Cuando la Iglesia se convierte en familia

Misioneros sonríen después de ayudar a una familia necesitada a subir sus cajas a un camión de mudanzas en Clarksville, Maryland, el 1 de noviembre de 2025. Créditos: Amber Spencer. Imagen: Church News

Amber entendió que una ayuda puntual no sería suficiente. Así que hizo lo que sabía que funcionaba. Escribió un correo a vecinos, conocidos y a su congregación. Contó toda la historia de la oración, el pijama, los futbolistas y la familia que necesitaba apoyo.

La respuesta fue inmediata. En minutos, alguien compró una cinta para la mudanza. Otros llevaron comida. Alguien dejó dinero con una nota que decía “Sé de buen ánimo”. Hubo compras de víveres, cenas organizadas y apoyo constante.

En menos de dos horas, el padre consiguió trabajo para toda la semana. Una familia prestó un auto. Otros organizaron turnos de comida. Los misioneros ayudaron con la mudanza.

La caridad, cuando se vive en comunidad, se multiplica.

Una lección que sigue dando frutos

Un tablero de ajedrez. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Con el paso de los días, la relación entre ambas familias creció. El apoyo continuó y la familia que había recibido ayuda comenzó también a servir.

Mirando atrás, Amber resumió la experiencia de una manera muy simple. Dijo que sentía que Dios estaba moviendo las piezas como en una partida de ajedrez. Y en el momento exacto, todo encajó.

Esta historia no trata de alguien perfecto, ni de un acto heroico. Trata de una oración sencilla, de estar dispuesto a incomodarse y de permitir que Dios use lo que tenemos.

Porque muchas veces, ser respuesta a una oración empieza estando atentos, dispuestos y dando el paso.

Fuente: Church News 

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