Cuando JD y Kaylea Stoddard se casaron en 2011, no solo comenzaron un matrimonio, sino una familia grande desde el primer día. Ella tenía dos hijos y él cuatro, y todos eran pequeños, entre 2 y 7 años. En ese momento sabían que algún día algunos de sus hijos podrían servir misiones al mismo tiempo. Sin embargo, nunca imaginaron que llegarían a tener cuatro sirviendo simultáneamente.
Hoy esa posibilidad ya es una realidad. La familia Stoddard tiene tres élderes y una hermana sirviendo misiones al mismo tiempo. Además, otros dos hijos ya regresaron de servir. Para los padres, los últimos meses han sido intensos. Han tenido muelas del juicio, pasaportes, visas, entrevistas y despedidas misionales. Por momentos, sintieron que vivían en reuniones y preparativos.
En su barrio incluso hubo varias despedidas seguidas y hasta un regreso de misión en medio de todo ese proceso. A pesar del cansancio, ellos sienten que todo forma parte de algo más grande. Con el paso de los años, esta familia combinada se convirtió en una familia eterna.

Uno de los días más especiales para ellos llegó cuando tres de sus hijos fueron al templo por primera vez el mismo día. Ese momento fortaleció mucho a la familia y marcó una etapa importante en su vida.
Llegar hasta ese punto no fue fácil. La familia enfrentó desafíos emocionales, económicos y familiares. Sin embargo, ellos dicen que han visto muchos milagros en su vida y en la vida de sus hijos. Algunos de esos milagros son demasiado personales para contarlos. Los padres explican que no esperan bendiciones especiales por tener tantos misioneros al mismo tiempo. Pero sí saben algo: cuando una familia pone al Señor primero, Él ayuda a que las cosas salgan adelante.
Cada misión tiene su propia historia

Cada uno de los hijos tuvo su propio camino hacia la misión. Uno de ellos intentó servir años antes, pero en ese momento no pudo continuar. Durante un tiempo pensó que esa etapa ya había terminado en su vida. Sin embargo, años después sintió nuevamente que debía servir. Decidió intentarlo otra vez y finalmente recibió el llamamiento a la misma misión.
Otra de las hijas dijo que aprendió a confiar en el plan de Dios. Ella explicó que el Padre Celestial no siempre muestra todo el camino de una vez. Más bien, muestra el siguiente paso. Esa idea la ayudó a decidir servir misión cuando sintió paz y seguridad en su decisión.
Otro de los hijos explicó que crecer viendo a sus hermanos servir misiones lo inspiró desde pequeño. Por eso, él también quiso servir. Antes de su misión trabajó ayudando a otras personas. Esa experiencia le enseñó que servir puede cambiar la vida de las personas, incluso cuando uno no las conoce.

Uno de los hermanos que ya regresó de su misión también dijo que una de las cosas que más aprendió fue que el Señor siempre prepara un camino para que podamos hacer Su obra. También dijo que servir a los hijos de Dios trae mucha alegría.
Ahora la familia tiene hijos sirviendo en diferentes partes del mundo, en distintos idiomas y horarios. Todavía están organizando cómo serán las llamadas a casa en sus días de preparación. Sin embargo, creen que las diferencias de horario incluso podrían ayudar a que no todos llamen al mismo tiempo.
Para esta familia, las misiones no son solo un servicio individual. Son parte de su identidad como familia. Ellos creen que Dios unió su familia por una razón. Ahora todos pueden servir, cada uno desde su lugar. Y así ayudan a otras familias a encontrar las mismas bendiciones que ellos han recibido.
Aunque ahora su casa está más silenciosa, saben que su familia está repartida por el mundo. Todos están haciendo la misma obra y compartiendo el mismo Evangelio.
Fuente: Church News
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