Para algunos líderes y miembros, el programa de bienestar de la Iglesia puede generar preguntas incómodas como si es que hay abuso del programa. Hay quienes sienten que ciertas personas se acercan a la Iglesia solo por la ayuda material y que esa ayuda se vuelve permanente, no temporal. Esa percepción no es nueva y, aunque incomoda, merece una respuesta clara y honesta.

El bienestar en la Iglesia no nace como un derecho automático, sino como una expresión de amor cristiano guiada por principios espirituales.

Qué es realmente el sistema de bienestar

La Iglesia se preocupa por el bienestar integral de todos los hijos de Dios. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días administra uno de los programas de bienestar más respetados del mundo, basado principalmente en la ofrenda de ayuno. Los miembros ayunan voluntariamente y donan ese dinero para ayudar a quienes atraviesan dificultades reales.

Este programa no busca solo cubrir necesidades inmediatas. Su propósito es fortalecer, levantar y ayudar a las personas a recuperar la autosuficiencia, no crear dependencia ni reemplazar el esfuerzo personal.

Desde sus inicios, el bienestar de la Iglesia ha enseñado que la ayuda debe ser temporal y formativa, una herramienta para salir adelante, no un punto de llegada.

El rol clave del obispo

autosuficiencia; estudio
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

En cada barrio, el obispo tiene la responsabilidad directa de administrar estos recursos sagrados. No actúa solo ni a la ligera. Cuenta con consejeros, secretarios y políticas claras que lo ayudan a evaluar cada situación con cuidado.

El obispo no solo evalúa números, sino personas, contextos y necesidades reales. Muchas veces ve información que otros no conocen y toma decisiones que buscan equilibrio entre misericordia y responsabilidad.

¿Puede existir abuso?

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Como en cualquier sistema humano, existe la posibilidad de mal uso, sí puede existir. Puede haber personas que exageren necesidades, entreguen información incorrecta o pidan ayuda sin verdadera intención de avanzar.

Por eso, la Iglesia aplica medidas prácticas. Pagos directos a arrendadores o servicios básicos, verificación de cuentas y seguimiento en casos repetidos. No para desconfiar de todos, sino para proteger lo sagrado y evitar daños mayores.

Cuando surgen dudas serias, los líderes consultan con autoridades de estaca. La ayuda nunca se maneja de forma improvisada.

Cuando desde fuera no vemos todo

donación
Neil Heatherington, CEO del Banco de Alimentos Daily Bread (centro), junto a Stephen Harvey (segundo desde la izquierda), gerente de bienestar y autosuficiencia del este de Canadá para La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Imagen cortesía de Black Ram Media para el Banco de Alimentos Daily Bread.

A veces, algunos miembros se inquietan al ver que las ofrendas se usan para pagar cosas que parecen “no esenciales”, como multas o servicios de internet. Sin embargo, la realidad detrás de cada caso suele ser más compleja.

Una multa puede evitar un problema legal mayor. El acceso a internet puede ser clave para buscar trabajo o estudiar. La ayuda puntual puede prevenir una crisis más profunda.

Eso no significa justificar abusos continuos. La Iglesia distingue claramente entre ayuda ocasional y patrones que revelan problemas más profundos.

Caridad no es dependencia

Los voluntarios ayudan a las familias a elegir los ingredientes para una cena de Acción de Gracias como parte de la iniciativa Bendición de Acción de Gracias del Banco de Alimentos de Alaska, en la que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días participó el lunes 24 de noviembre de 2025 en Anchorage, Alaska.
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

El bienestar de la Iglesia rechaza la idea de que la ayuda sea un beneficio permanente. La caridad verdadera edifica, no reemplaza la responsabilidad personal.

Cuando la ayuda se convierte en costumbre sin progreso, los líderes buscan otras soluciones. Capacitación, empleo, planes de autosuficiencia y acompañamiento espiritual. Dar sin límites ni discernimiento puede dañar tanto al que recibe como al que da.

Para los miembros que donan, la invitación es clara. Damos con fe, no con control. El Señor conoce el sacrificio de cada ofrenda y las bendiciones no dependen de cómo se use cada sol entregado.

Confiar no significa ignorar principios, sino reconocer que Dios dirige Su Iglesia y que Él también se encarga de corregir lo que no está bien.

Un programa con principios, no con privilegios

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

El programa de bienestar de la Iglesia no es perfecto, pero está profundamente anclado en doctrina. Rechaza la manipulación, el beneficio personal y cualquier forma de usar lo sagrado para obtener ganancia.

Cuidar los fondos del bienestar es una responsabilidad espiritual, porque detrás de cada ayuda hay sacrificio, fe y amor por el prójimo.

Al final, el bienestar no se trata solo de dinero. Se trata de edificar a Sion con compasión, orden y confianza en que el Señor guía incluso las decisiones más difíciles.

Fuente: Ask Gramps 

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