¿Mito… o verdad? Si creciste en la Iglesia, probablemente escuchaste algo así:

“Rodéate de amigos con tus mismos principios.”

Y no suena mal. De hecho, tiene lógica. Pero entonces aparece la otra realidad: conoces personas increíbles fuera de la Iglesia. Leales. Nobles. Con valores sólidos. Y la pregunta cambia:

¿De verdad los mejores amigos solo se encuentran dentro de la Iglesia?

La respuesta corta es: “no es tan simple”.

Lo que sí es verdad

amigos hablando
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

La Iglesia crea algo especial: un espacio donde compartes creencias, normas y metas espirituales. Oran por lo mismo. Guardan los mismos convenios. Luchan con preguntas parecidas. Intentan vivir estándares similares.

Eso genera conexión. Porque cuando un amigo entiende por qué decides esperar, por qué sirves una misión o por qué eliges ciertos límites, hay menos fricción y más apoyo.

Compartir principios facilita la profundidad.

Y en la juventud, cuando estás formando identidad, eso pesa mucho. No es casualidad que se nos aconseje buscar amistades con valores similares. Las amistades moldean decisiones. La Escritura lo resume claro:

“El que anda con sabios, sabio será” (Proverbios 13:20).

Tus amigos influyen en tu dirección.

Pero aquí viene el equilibrio

amistades; amigos; amigas
Escuchar el testimonio de nuestros seres queridos nos fortalece. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Pensar que solo dentro de la Iglesia puedes encontrar amistades reales sería limitar demasiado la realidad.

Hay personas fuera de nuestra fe que viven principios admirables: respeto, honestidad, lealtad, compasión.

La luz de Cristo no está limitada por una membresía.

Jesús mismo se relacionó con todo tipo de personas. No construyó burbujas. Construyó puentes.

El punto no es encerrarte. El punto es saber quién eres cuando estás en cualquier entorno.

Entonces, ¿dónde están los mejores amigos?

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Imagen: masfe.org

Tal vez la pregunta correcta no es “¿dentro o fuera?”, sino:

  • ¿Me acercan a Cristo?
  • ¿Respetan mis convicciones?
  • ¿Me ayudan a ser mejor?

Un buen amigo no tiene que creer exactamente igual que tú. Pero sí debería respetar lo que tú crees.

Y aquí entra lo más importante en la amistad:

La verdadera amistad no compite con tu fe. La respeta.

Cuando eres joven

amigos
Imagen: Canva

Es verdad que en la juventud se nos insiste mucho en elegir bien las amistades. Y tiene sentido. En esa etapa, la presión social es fuerte y la identidad todavía está en construcción.

Rodearte de personas que compartan estándares puede darte estabilidad espiritual. Pero eso no significa rechazar o desconfiar de quienes son diferentes.

Significa tener claridad.

Tener amigos con principios similares fortalece. Tener amigos distintos amplía tu comprensión.

Ambas cosas pueden ser sanas.Algunos encontrarán a sus mejores amigos en el seminario, en la misión o en el barrio. Otros los encontrarán en la universidad, en el trabajo o en un proyecto fuera del entorno religioso.

No hay una fórmula única. Pero sí hay queda el principio constante de que las amistades que más valen son las que te acercan a lo que Dios quiere que seas.

Una reflexión honesta

amigos hablando en la capilla
Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Quizá el objetivo no es clasificar amistades por ubicación, sino por fruto. Cristo enseñó que por sus frutos los conoceríamos (Mateo 7:16).

Pregúntate:

  • ¿Después de pasar tiempo con esta persona me siento más fuerte espiritualmente o más confundido?
  • ¿Me impulsa a mejorar o a negociar mis convicciones?
  • ¿Hay respeto mutuo?

Ahí encontrarás la mejor decisión.

Entonces, ¿cuál es la respuesta?

amigos abrazandose
Imagen: Canva

¿Puedes encontrar grandes amigos en la Iglesia? Sí.

¿Puedes encontrarlos fuera de ella? También.

Pero los mejores amigos, los de verdad, son aquellos que:

Respetan tu fe.
Celebran tu crecimiento.
Y caminan contigo sin alejarte de Cristo.

Y cuando encuentras a alguien así, no importa tanto dónde lo conociste. Importa hacia dónde te ayuda a ir.

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