El élder Clark G. Gilbert y su esposa comparten lo que sucede cuando la fe guía cada decisión
A veces pensamos que quienes sirven como apóstoles siempre se sintieron preparados. Como si su camino hubiera sido claro desde el inicio. Pero la historia reciente del élder Clark G. Gilbert muestra algo diferente.
El llamado llegó de forma inesperada. Y lo primero que sintieron no fue seguridad, sino peso.
“Sentí el peso de esa asignación inmediatamente”, recordó. “Pero también sentí que el Señor haría posible lo que parecía imposible”.
Hace solo unas semanas, el presidente Dallin H. Oaks lo llamó como el nuevo miembro del Quórum de los Doce Apóstoles. Y desde ese momento, su vida cambió.
Pero su historia realmente comenzó mucho antes.
Una oración que marcó el inicio

Cuando llegó a casa después de recibir el llamado, él y su esposa, Christine, hicieron lo único que sabían hacer.
Se arrodillaron.
“Oramos y pedimos ayuda. Sabíamos que no éramos suficientes por nosotros mismos”, compartió.
Esa escena refleja que Dios no llama a los preparados. Prepara a los que llama.
Años antes, cuando era un joven misionero en Japón, el élder Gilbert enfrentó un desafío que parecía demasiado grande.
El idioma era difícil, la responsabilidad era grande y él no se sentía capaz. Pero entendió algo que cambió su vida.
“Si el Señor te llama, Él hará posible que lo logres. Él compensa lo que tú no puedes hacer solo”.
Esa experiencia no solo lo ayudó en la misión. Definió la forma en que vería todos los desafíos futuros.
Cuando servir a otros termina cambiándote a ti

A lo largo de su matrimonio, él y su esposa enfrentaron mudanzas, cambios inesperados y decisiones difíciles. En un momento, tuvo que dejar una carrera prometedora en Harvard para aceptar una asignación en Idaho.
“Nunca miramos atrás. Siempre quisimos hacer lo que el Señor quería que hiciéramos”, explicó.
Uno de los momentos que más lo transformó no ocurrió en una oficina ni en una conferencia. Ocurrió sirviendo a un grupo de jóvenes en Boston.
“Sentí que les di todo lo que tenía. Y cuando no era suficiente, sentí que el Señor lo llevó a otro nivel”.
Y luego dijo algo que resume el corazón del discipulado
“Eso me cambió”.
Porque así funciona el Evangelio. Cuando servimos, el Señor también nos está transformando.
La confianza no viene de creer en uno mismo

Hoy, como apóstol, el élder Gilbert dice que su confianza no viene de sus habilidades.
“Nuestra confianza no está en nuestras capacidades, sino en saber que si el Señor nos llama, Él hará posible que lo logremos”.
Ese principio se conecta con la razón principal de su llamado. Las escrituras enseñan
“Los Doce… son llamados a ser testigos especiales del nombre de Cristo en todo el mundo” (Doctrina y Convenios 107:23).
Ese es ahora su propósito, ser testigo de Jesucristo.
Un testimonio que se construyó con el tiempo

En la entrevista también relató que su certeza no llegó en un solo momento. Una de esas experiencias ocurrió mientras leía el Libro de Mormón como joven misionero.
Al llegar a Moroni 10:32, sintió algo que nunca había sentido antes.
“Tuve una claridad y una luz. Y supe que era verdad. Supe que Jesucristo es real”.
Desde entonces, ese testimonio solo ha crecido y hoy lo resume como:
“Él vive. Él es el Salvador del mundo. Y sé que eso es verdad”.
Lo que su historia nos recuerda
La historia del élder Gilbert es sobre algo que aplica a todos. El Señor ve más en nosotros de lo que nosotros vemos.
Y cuando respondemos a Su llamado, incluso con dudas, incluso con debilidad, Él hace posible lo que parecía imposible.
Porque al final, el discipulado nunca se ha tratado de ser suficiente, se trata de confiar en Aquel que sí lo es.
Fuente: Church News



