Si alguna vez has asistido a una reunión sacramental de la Iglesia de Jesucristo, quizá hayas sido testigo de un momento especial en el que varios poseedores del sacerdocio forman un círculo, sosteniendo a un bebé en brazos, mientras uno de ellos pronuncia una bendición.

Para los miembros de la Iglesia de Jesucristo es habitual bendecir a sus recién nacidos de esta forma. Sin embargo, al ver esto, muchos visitantes de otras religiones podrían hacerse la misma pregunta: ¿por qué no bautizan a sus bebés?

Este es un tema un poco debatible pero si analizamos detenidamente las enseñanzas del Salvador en cuanto a los niños, hallaremos la respuesta.

Lo que enseñan las Escrituras sobre los niños

Las escrituras revelan verdades importantes sobre el bautismo de los niños. Imagen: Venir a Cristo

En el Nuevo Testamento vemos que tanto Jesús como Juan el Bautista fueron circuncidados y nombrados poco después de nacer (Lucas 1:59, Lucas 2:21).

Más adelante durante Su ministerio, el Salvador tomó a los niños en Sus brazos y los bendijo. Una práctica que no solo realizó en el Medio Oriente sino incluso también cuando se presentó ante los nefitas.

“Y tomó a sus niños pequeños, uno por uno, y los bendijo, y rogó al Padre por ellos” (3 Nefi 17:21)

Y ahí está un detalle importante: Cristo bendecía a los niños pero no los bautizaba a pesar de que desde ese tiempo sí se efectuaban bautismos. La razón de esto se revela nuevamente en el Libro de Mormón casi al final mediante una enseñanza clara del profeta Mormón:

“Sus niños pequeños no necesitan el arrepentimiento, ni tampoco el bautismo. He aquí, el bautismo es para arrepentimiento… Mas los niños pequeños viven en Cristo”.

En otras palabras, el bautismo está ligado a la responsabilidad personal. Y un bebé aún no tiene la capacidad para ejercer su albedrío plenamente.

La revelación moderna

José Smith leyendo
José Smith recibió una revelación sobre la bendición de los recién nacidos. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Pero entonces, si los bebés son puros y no requieren bautismo, ¿por qué los bendecimos? Esto responde a una instrucción moderna que recibió el profeta José Smith cuando se restauró la Iglesia de Jesucristo.

“Todo miembro de la Iglesia de Cristo que tenga hijos deberá traerlos a los élderes ante la iglesia, quienes les impondrán las manos en el nombre de Jesucristo y los bendecirán en su nombre”. (Doctrina y Convenios 20:70)

Desde entonces, se estableció la práctica de presentar al recién nacido y bendecirlo, no bautizarlo.

Aunque el versículo no menciona explícitamente el acto de dar un nombre durante esas bendiciones, desde los primeros años de la restauración se indicó que el nombre del niño debía registrarse oficialmente.

Esos fueron los primeros comienzos de esta ordenanza que se ha preservado a lo largo de las décadas en la Iglesia de Jesucristo.

La bendición de los niños a través del tiempo

La bendición de un bebé no reemplaza ninguna ordenanza esencial. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

En los primeros años de la restauración, muchas familias practicaban lo que llamaban la “bendición del octavo día”, recordando la tradición bíblica. Con el tiempo, los líderes aclararon que la bendición oficial debía realizarse bajo la dirección del obispo para quedar registrada.

Pasó el tiempo y el manual de la Iglesia de Jesucristo de 1928 reforzó la idea de que los obispos animen a los padres bendecir a sus hijos siempre y cuando sean dignos poseedores del Sacerdocio de Melquisedec.

Hoy, la bendición de un bebé no reemplaza ninguna ordenanza esencial como el bautismo, el cual se efectúa a los 8 años, pero sí representa un paso importante en la vida del recién nacido ya que:

  • Presenta oficialmente al niño ante la congregación.
  • Declara su nombre y linaje espiritual.
  • Invoca protección y guía divina.
  • Reconoce que pertenece a una familia del convenio.
Estas bendiciones introducir al niño o niña a la fe. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Todo eso en cuanto al bebé. Pero en cuanto a los padres, este es un momento en el que expresan públicamente que reconocen al recién nacido como suyo y que lo dedican a Dios.

Aunque estas bendiciones no son requisitos para ser salvos, sí representan una forma de introducir al niño o niña a la fe y eso es igual de importante para nosotros.

Fuente: addfaith

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