Muchos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días conocen la historia del joven José Smith. Él fue inspirado a orar después de leer Santiago 1:5.
Ese acto sencillo, nacido de una pregunta sincera, dio lugar a la Primera Visión. Sin embargo, hay un detalle menos conocido de ese momento decisivo: la Biblia que José leyó y la extensa historia de traducciones que hay detrás de ella.
José Smith utilizó la versión de la Biblia del Rey Santiago, una traducción al inglés publicada en 1611. Para su época, ese lenguaje ya tenía varios siglos de antigüedad.

Aun así, fue suficiente para tocar su corazón y motivarlo a buscar a Dios en oración. Este hecho muestra cómo el Señor puede comunicarse con Sus hijos a través de distintos idiomas, estilos y contextos históricos.
Josh Sears, profesor asociado de Escrituras Antiguas en Brigham Young University, explicó en una conversación con Church News que muchas personas hoy hablan del “hebreo original” del Antiguo Testamento como si fuera el punto inicial absoluto. Sin embargo, incluso antes de que esos textos fueran escritos en hebreo, ya existían procesos de traducción.
El hebreo, señaló Sears, no se desarrolló plenamente sino hasta alrededor del siglo XII antes de Cristo. Esto significa que cuando los israelitas comenzaron a registrar las escrituras en hebreo, ya estaban traduciendo relatos que circulaban en otros dialectos, como el cananeo.

Más adelante, durante el cautiverio en Babilonia, muchos judíos adoptaron el arameo. Con el tiempo, perdieron el uso cotidiano del hebreo. Esto dio lugar a nuevas traducciones de las historias sagradas.
Este patrón continuó con el paso del tiempo. El Nuevo Testamento fue escrito principalmente en griego. Más adelante, fue traducido al latín, cuando ese idioma se convirtió en el predominante del cristianismo. Luego llegaron las traducciones a lenguas modernas como el inglés, el francés, el alemán y el español. Para cuando José Smith tuvo acceso a la Biblia, el texto ya había pasado por múltiples capas lingüísticas y culturales.
Comprender esta realidad ayuda a entender por qué La Iglesia anunció, el 16 de diciembre de 2025, una actualización del Manual General. Este cambio permite mayor flexibilidad en el uso de traducciones bíblicas.

La sección 38.8.40.1 indica que, aunque se recomienda usar ediciones preferidas o publicadas por la Iglesia en clases y reuniones, también pueden utilizarse otras traducciones. Algunas personas, explica el manual, se benefician más de versiones doctrinalmente claras y fáciles de comprender.
Al anunciar este cambio, el élder Dale G. Renlund, del Cuórum de los Doce Apóstoles y presidente del Comité de Escrituras de la Iglesia, señaló que los hijos de Dios suelen aceptar y seguir mejor Sus enseñanzas cuando pueden entenderlas.
También recordó que los Santos de los Últimos Días cuentan con una base adicional para evaluar la doctrina. Entre ella se encuentra el Libro de Mormón, junto con otras escrituras modernas y las enseñanzas de profetas vivientes.

Para Sears, esta actualización es positiva y necesaria. El lenguaje cambia constantemente. La historia demuestra que cuando el idioma de las escrituras se aleja demasiado de la forma en que la gente habla y piensa, surge la necesidad de renovarlo. Esto no debería causar temor, sino gratitud.
En última instancia, explicó, la traducción es una herramienta. El propósito de las escrituras no es solo entender lo que se dijo en la antigüedad. Su fin principal es acercarnos al Padre Celestial y a Jesucristo mediante el Espíritu Santo. Aunque las diferencias entre traducciones pueden generar preguntas, lo esencial es si esas palabras nos están guiando hacia Cristo.
Sears también recalcó que no existe una única manera correcta de estudiar las escrituras. Cada persona puede probar distintos enfoques. También puede comparar versiones y descubrir qué le ayuda más a comprender y sentir el mensaje del Salvador. Para muchos, una traducción más clara significa menos tiempo descifrando palabras difíciles. A cambio, hay más espacio para reflexionar sobre cómo aplicar el evangelio en la vida diaria.
Al reunir distintas versiones y considerar sus matices, dijo Sears, se pueden obtener nuevas perspectivas que enriquecen la fe. Al final, si las escrituras nos ayudan a venir a Cristo y a tomar sobre nosotros Su naturaleza, están cumpliendo su propósito. El idioma o la traducción no cambian esa realidad.
Fuente: Church News
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