A casi tres meses de haber sido sostenido como el decimoctavo presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el presidente Dallin H. Oaks expresó que siente con profundidad la responsabilidad del “manto del profeta”.
“Es una responsabilidad pesada y constante, y es una responsabilidad muy sagrada. Estoy aprendiendo a crecer dentro de ella”, afirmó durante una entrevista realizada el sábado 10 de enero en Burley, Idaho, un día antes de dedicar un nuevo templo en esa ciudad.

El presidente Oaks, de 93 años, sucedió al presidente Russell M. Nelson, quien falleció el 27 de septiembre de 2025. Al hablar de su nuevo llamamiento, señaló con humildad que nunca aspiró a esa posición y afirmó que la acepta con reverencia porque confía en que Dios prepara a quienes llama.
“Nunca tuve la impresión de que ocuparía ese cargo. Toda mi vida he querido hacer lo que mi Padre Celestial desea que haga. No retrocedo ante esa responsabilidad”.
Esa convicción, dice, ha guiado toda su vida: hacer la voluntad de su Padre Celestial sin retroceder cuando el camino se vuelve exigente.
Esa manera de entender el liderazgo también se refleja en su vida familiar. Quienes lo acompañan de cerca han notado que, desde que fue sostenido como presidente de la Iglesia, su enfoque se ha intensificado.

Su esposa, Kristen Oaks, ha señalado que hoy muestra una atención aún mayor por la obra del Señor y por el bienestar espiritual de los miembros en todo el mundo.
El presidente Oaks no llega a esta etapa sin preparación. Durante más de cuarenta años sirvió como apóstol y trabajó junto a ocho presidentes anteriores de la Iglesia. De cada uno aprendió formas distintas de escuchar, decidir y liderar bajo revelación.
Entre esas experiencias, guarda un aprecio especial por su prolongada asociación con el presidente Russell M. Nelson, a quien consideró un ejemplo de visión y dedicación incansable.
Esa experiencia acumulada se refleja en las decisiones que ha impulsado desde el inicio de su ministerio como profeta. Lejos de pausar el avance de la Iglesia, ha mantenido un ritmo activo, anunciando nuevas misiones, nuevos templos y ajustes significativos en el servicio misional.

Uno de esos cambios fue la reducción de la edad mínima para que las mujeres sirvieran en una misión. Al explicar esta decisión, el presidente Oaks enfatizó que la Iglesia busca ampliar las opciones para las jóvenes que sienten el deseo de servir en una etapa más temprana de sus vidas.
Para él, este ajuste reconoce tanto su capacidad espiritual como su disposición a responder al llamado del Señor.
El presidente Oaks también expresó su esperanza de que este cambio tenga un impacto positivo a largo plazo en la vida de los jóvenes adultos, ayudándolos a tomar decisiones importantes con mayor claridad y compromiso.
Desde su perspectiva, el servicio misional temprano puede fortalecer la fe, el propósito y la preparación para la vida familiar.

En cuanto a los templos, el presidente Oaks ha señalado que no son solo edificaciones sagradas, sino centros que bendicen y transforman a las comunidades donde se levantan.
Por ello, ha comenzado a establecer un nuevo patrón: anunciar los templos directamente en los lugares donde servirán a los miembros. Para él, esa cercanía refuerza el significado espiritual de cada anuncio.
“El mejor lugar para anunciar un templo es en el distrito de ese templo”.
Al dirigirse a los Santos de los Últimos Días, el presidente Oaks ha invitado a ver la vida no como una lista de metas espirituales que se tachan una a una, sino como un recorrido continuo de convenios. En ese camino, reconoce que el mundo presenta desafíos reales, desde conflictos hasta incertidumbre social y política.
“A veces vemos los mandamientos y las experiencias espirituales como una lista de cosas por marcar. Es mucho más sano entender nuestra vida terrenal como un viaje desde el nacimiento hasta el regreso al lugar donde nuestro Padre Celestial desea que estemos”.

Aun así, anima a los miembros, especialmente a los jóvenes, a avanzar con esperanza. Para él, la fe en Jesucristo permite enfrentar un mundo complejo sin caer en el desaliento, confiando en que Dios prepara a Sus hijos para superar las pruebas y regresar a Él.
“Sean felices. No se desanimen. Confíen en el Señor”.
Reconoció que la vida siempre ha estado llena de desafíos, pero recordó que esos desafíos forman parte de la experiencia terrenal.
“Somos optimistas porque confiamos en el Señor y sabemos que Él nos ama y nos preparó para tener éxito, no para fracasar”.
Fuente: Meridian Magazine
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