En un devocional transmitido en vivo al área México el 31 de mayo de 2025, el presidente D. Todd Christofferson abordó uno de los principios más esenciales del evangelio restaurado: la ministración.

Al hablar de la obra de ministración, el presidente Christofferson expresó:

“Este es un tema fundamental porque se trata del propósito de tener una Iglesia… una de las razones principales por la cual Él mismo organizó Su Iglesia”.

Su mensaje enseñó que la Iglesia de Jesucristo no existe para funcionar, sino para cuidar. Y ahí es donde la ministración juega un rol importante.

Velar por la Iglesia

12 apóstoles de Jesucristo
Ministrar es una responsabilidad espiritual porque imita el modo en que Cristo cuida de Sus discípulos. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

En su mensaje, el presidente Christofferson señaló que en la misión central del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro se resume en solo cuatro palabras:

«Velar por la Iglesia».

Aunque es una frase sencilla, el mensaje sugiere algo muy profundo. No habla de supervisar números ni de cumplir tareas. Habla de personas reales, con cargas reales, que necesitan ser vistas, escuchadas y cuidadas. Bajo ese punto, ministrar es una responsabilidad espiritual porque imita el modo en que Cristo cuida de Sus discípulos.

El presidente Christofferson enseñó que, a lo largo de la historia, el Señor ha guiado a Su Iglesia para encontrar mejores maneras de cumplir ese mandato. La evidencia más reciente surgió cuando el presidente Russell M. Nelson propuso una visión renovada para la Iglesia de Jesucristo: ministrar las necesidades espirituales y temporales de los miembros a la manera del Salvador.

La ministración transforma

La ministración bendice a quien la recibe y transforma a quien la ejerce. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Otro de los énfasis más destacados del mensaje del presidente Christofferson fue este:

“Este servicio fundamental hacia los demás brinda algunas de las experiencias más gozosas, más satisfactorias, que podemos tener como miembros del cuerpo de Cristo”.

Esas palabras revelaron una verdad conmovedora: la ministración no solo bendice a quien la recibe, sino que también transforma a quien la ejerce.

Cuando ministramos de verdad, dejamos de hablar únicamente de los principios del evangelio y comenzamos a ponerlos en práctica. Cuando eso ocurre, la caridad se convierte en una decisión

La paciencia deja de ser una virtud abstracta y se convierte en tiempo ofrecido y la fe deja de ser un concepto para convertirse en acción.

Participar en milagros

Un milagro puede ser que una persona sepa que no está sola y la ministración hace posible ese milagro. Imagen: veniracristo.org

Al seguir adelante, el presidente Christofferson explicó que la ministración nos permite participar en milagros. Quizás no siempre sean grandes milagros públicos, pero sí serán milagros que cambien el rumbo de varias vidas.

“Ministramos y vemos el resultado”, explicó el presidente Christofferson.

Cuando pensamos en milagros, muchos visualizamos grandes actos y obras efectuadas por fuerzas poderosas, pero en realidad, un milagro a menudo puede ser que una persona sepa que no está sola.

La ministración hace posible ese milagro. Bajo esta idea, el mensaje del presidente Christofferson nos recuerda que la Iglesia también se sostiene con discípulos atentos a ministrar. ¿Eres tú uno de esos discípulos?

Somos el cuerpo de Cristo

Miembros de la Iglesia de Jesucristo
No somos individuos aislados, somos el cuerpo de Cristo. Imagen: Venir a Cristo

Finalmente, el presidente Christofferson citó al apóstol Pablo para recordar una verdad esencial:

«Si un miembro padece, todos los miembros padecen con él; y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan».

Esa es la lógica del Evangelio vivido en comunidad. No somos individuos aislados, somos el cuerpo de Cristo. Y la ministración es la forma en que ese cuerpo cuida de sí mismo.

También aclaró algo importante: nadie ministra solo. Ni los hermanos ministrantes, ni las presidencias, ni los obispos tienen todas las respuestas. La ministración es un esfuerzo colectivo donde se puede, y se debe, recurrir a otros recursos del barrio y de la estaca cuando sea necesario.

Al concluír su mensaje, el presidente Christofferson afirmó que al sentir aprecio, interés y amor, los miembros se sienten más inclinados a servir como lo haría el Salvador. En resumen, la Iglesia existe para enseñarnos, sí. Pero, como recordó el presidente Christofferson, existe sobre todo para cuidarnos los unos a los otros.

Fuente: Facebook – Presidente D. Todd Christofferson

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