Arma peligrosa: Cómo Satanás creó la vergüenza + 5 maneras de combatirla

Insidiosa. Destructiva. Poderosa.

Estas son algunas palabras que describen una de las herramientas más utilizadas por el adversario.

La vergüenza fue una de las primeras herramientas que utilizó el gran embaucador para intentar alterar la relación entre el hombre y Dios.

Lamentablemente, es una herramienta muy eficaz. Pero, ¿qué es la vergüenza y cómo se originó? Más importante aún, ¿cómo podemos vencerla?

¿Qué es la vergüenza?

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La vergüenza es una emoción dolorosa que surge de la comparación de cómo nos vemos a nosotros mismos y lo que creemos que deberíamos ser.

Las personas que experimentan vergüenza generalmente no solo piensan que han hecho o hacen cosas malas; creen que son malas o no tienen valor.

Con frecuencia, la vergüenza provoca el deseo de encubrirse o alejarse. Tratamos de ocultar nuestras debilidades o fracasos. La vergüenza puede crear sentimientos de imperfección tan fuertes, que impide que las personas avancen en cualquier dirección.

pecados

En el contexto del evangelio, la vergüenza puede hacer que nos preguntemos por qué deberíamos molestarnos en tratar de vivir una vida recta. Este sentimiento hace que coloquemos una barrera entre nosotros y Dios.

La vergüenza ataca directamente la verdad fundamental de que somos hijos de Dios. Sin la confianza en un Dios amoroso, un Salvador misericordioso y nuestro propio potencial, el progreso se vuelve casi imposible.

¿Cómo se originó la vergüenza?

Mediante las enseñanzas restauradas del Evangelio y del templo, aprendemos que Adán y Eva disfrutaron de la presencia física de Dios en el Jardín del Edén.

Asimismo, aprendemos que fue Satanás quien sugiere que la pareja se esconda de Dios debido a su desnudez.

Así nació la vergüenza. Nunca antes el hombre había considerado siquiera que debía esconderse de Dios, incluso después de haber cometido una transgresión.

Por necesidad del plan, Adán y Eva fueron expulsados ​​del Jardín y fueron enviados a un desierto solitario y triste. Ya no podían disfrutar de la presencia física de Dios.

Dios no tenía la intención de que Adán y Eva se sintieran avergonzados. Solo hubo consecuencias por sus acciones. ¿Se suponía que se sintieran tan indignos que se escondieran del Dios que amaban y con el que caminaban?

De manera similar, todos transgredimos las leyes de Dios. ¿Se supone que debemos escondernos de Dios debido a nuestros pecados y errores? Si creemos en las escrituras y las palabras de los profetas modernos, la respuesta es NO.

5 formas de combatir la vergüenza

Es probable que todos experimentemos vergüenza en nuestras vidas. ¿Qué podemos hacer al respecto? Aquí hay algunas cosas en las que pensar.

1. Reconoce la diferencia entre la vergüenza y la culpa

Dios

La culpa tiene un propósito, especialmente en el sentido del evangelio. La culpa nos permite saber cuándo hemos hecho algo mal y nos insta a arrepentirnos.

No nos libramos de culpas cuando cometemos errores. Debemos enfrentar las consecuencias y soportar el dolor o la prueba que viene con el pecado.

Sin embargo, Dios ha enseñado que cuantas veces nos volvamos a Él, podemos progresar y ser perdonados.

Necesitamos disociar nuestras debilidades y pecados con el amor de Dios.

Satanás impide que sintamos la gloria del arrepentimiento al colmarnos de tanta vergüenza que ni siquiera intentamos arreglar nuestra situación.

El élder Jeffrey R. Holland dijo en una oportunidad:

“Por más tarde que pienses que hayas llegado, por más oportunidades que hayas perdido, por más errores que pienses que hayas cometido, sean cuales sean los talentos que pienses que no tengas, o por más distancia que pienses que hayas recorrido lejos del hogar, de la familia y de Dios, testifico que no has viajado más allá del alcance del amor divino.

No es posible que te hundas tan profundamente que no te alcance el brillo de la infinita luz de la expiación de Cristo”.

2. Concéntrate en tu relación con Dios, no en la cultura de la Iglesia  

Gran parte de la vergüenza proviene de no estar a la altura de las expectativas percibidas, ya sean de nuestra propia mente o de influencias externas.

Incluso si nadie tiene la intención de hacerlo, puede haber mucha presión por parte de la cultura de la Iglesia.

Con frecuencia, sentimos que necesitamos ser perfectos. Los principios del Evangelio se convierten en interminables listas de cosas por hacer. No es de extrañar que nos abrumemos.

Dios sabe dónde estás y tiene un plan para impulsarte hacia adelante.

Concéntrate en construir una relación con Cristo y cambiar tu corazón, en lugar de encajar en cualquier molde o cumplir con las expectativas que otros puedan poner en ti.

Es probable que lo que debas hacer para acercarte a Cristo sea diferente a lo que hace otra persona.

3. Evita las comparaciones, especialmente en las redes sociales

Hablando de alguien más, todos sabemos que la comparación es el ladrón de la felicidad. Pero, ¿nos damos cuenta de lo profundo que se ha vuelto nuestra comparación psíquica?

Todos los días en las redes sociales somos testigos de grandes actuaciones: Los selfies perfectos, las mejores comidas, los momentos más fantásticos.

Puede que no nos demos cuenta, pero la realidad se ha convertido en todo lo contrario.

Evita las comparaciones al enfocarte en tu propio progreso y al servir a los demás.

Ambas acciones te abrirán los ojos a cómo Cristo realmente ve las cosas. No confíes en las redes sociales y el mundo para decirte cómo debes verte, cómo debes actuar o cómo debes vivir tu vida.


4. Descubre lo que amas de ti mismo

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Con frecuencia, cuando experimentamos vergüenza, nos sentimos desesperados por cosas que nos hagan sentir amados o dignos.

En lugar de hacer lo que realmente nos traerá alegría y satisfacción, hacemos lo que provocará elogios o la aprobación de los demás. Esto nunca es suficiente y nunca dura.

Descubre con qué dones has sido bendecido y disfruta. Independiente de cualquier otra persona, ¿por qué te amas? ¿Qué te trae alegría?

Es bueno buscar tus motivos y preguntar por qué estás haciendo algo.

5. Avanza con fe

Las personas que atraviesan pruebas no quieren escuchar que solo tratar de ser felices arreglará las cosas.

Cuando alguien se siente tan avergonzado que el dolor parece insoportable, “simplemente amarte a ti mismo” no va a funcionar.

Sin embargo, hay un verdadero principio detrás de todo esto que puede ayudar. La única forma de deshacerse verdaderamente de la oscuridad es agregar luz.

dios

Necesitamos seguir intentándolo, seguir avanzando y seguir haciendo nuestro mejor esfuerzo para agregar luz a nuestra vida.

El élder Holland, en uno de sus discursos de la Conferencia General, dijo:

“Lo bello del Evangelio es que se nos da mérito por esforzarnos, aunque no siempre lo logremos… Sigue intentando; sigue confiando; sigue creyendo; sigue progresando. El cielo te anima hoy, mañana y siempre”.

Esta es una traducción del artículo que fue escrito originalmente por Aleah Ingram y fue publicado en ldsdaily.com con el título “How Satan Created Shame + 5 Ways to Combat It”.

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