Hay un pensamiento sobre Satanás que ha estado rondando mi cabeza por un buen tiempo. Es un concepto bastante simple, pero que por alguna razón, casi siempre permanece en la oscuridad de nuestras mentes, algo que obviamente le conviene al adversario.

Él nos tienta a todos y ninguno de nosotros supera sus tentaciones el cien por ciento del tiempo; sin embargo, de vez en cuando atrapamos a Satanás con las manos en la masa. Reconocemos el potencial del pecado e inmediatamente nos alejamos. Esos son sí buenos momentos.

Aún así, Satanás y sus secuaces no son de los que fácilmente se dan por vencidos.

¿Qué hace Satanás cuando no puede hacerte pecar?

Has leído esta escritura un millón de veces, pero vamos que revisarla una vez más:

“Porque he aquí, en aquel día él enfurecerá los corazones de los hijos de los hombres, y los agitará a la ira contra lo que es bueno.”

“Y a otros los pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sion; sí, Sion prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno.” (2 Nefi 28:20-21)

A partir de estos versículos aprendemos que Satanás tendrá éxito al convencer a la gente para que se rebelen “contra lo que es bueno”, pero si eso no funciona, él probará la táctica del siguiente versículo: La complacencia.

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Al final del día, Satanás no necesita convencernos para que nos rebelemos abiertamente contra Dios, él está perfectamente satisfecho cuando nos desinteresamos e ignoramos a nuestro Padre y a nuestras circunstancias. Si él no puede hacernos pecar, al menos hará que nos quedemos estancados. Si él no puede convertirnos en pecadores,  hará todo lo posible para convertirnos en observadores.

Hablando de estos observadores pasivos, parece que Dios está completamente al tanto de que esa sería una de las tácticas del Adversario. Aquí está lo que dijo en Apocalipsis 3:15-16:

“Yo conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”

La vida es manejar cuesta arriba, pero poner el auto en neutro es tan bueno como ponerlo en reversa.

Si no puedes hacer que un soldado cambie de equipo, convencerlo de que suelte su arma y se siente en la tierra es una alternativa fantásticamente eficaz.

En el Libro de Mormón, cuando un ejército no puede abarcar directamente una ciudad enemiga, una de las siguientes estrategias es rodearlos, cortar sus recursos y esperar hasta que se desmoronen desde el interior. Satanás parece hacer lo mismo. Si no puede incitarnos a la rebelión, tratará de rodearnos, separarnos de las escrituras, de la oración, de la Iglesia, del amor, de la compasión, de los sentimientos, de la honestidad, de la caridad, etc. “Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno”(2 Nefi 28:21), “sí, y los lleva del cuello con cordel de lino, hasta que los ata para siempre jamás con sus fuertes cuerdas.” (2 Nefi 26:22)

Este es el gran engaño. Satanás nos lleva a sustituir el pecado con la inmovilidad espiritual, lo cual es otro tipo de pecado. El mandamiento más grande está claro:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento.” (Mateo 22:37-38)

No hay lugar para la apatía. La indiferencia hacia Dios es desobediencia hacia Dios.

¿Cómo Luce el Estancamiento?

Cuando tú y yo empezamos a caer en las rutinas del evangelio que anestesian nuestra mente, esa ahí donde empezamos el estancamiento espiritual.

Cuando empezamos a olvidarnos de hacer nuestras oraciones al iniciar y terminar el día, cuando nuestros estudios de las escrituras se vuelven menos y menos frecuentes: Esos son los síntomas del estancamiento.

También viene en forma de pecados por omisión, que “Se trata de los actos de consideración y de bondad que no realizamos y que nos hacen sentir culpables por no haberlos llevado a cabo.” (Lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. James E. Faust)

El estancamiento siempre usa la peligrosa máscara de la complacencia.

El estancamiento puede ser extremadamente tentador porque ocurre en el ámbito de nuestras zonas de confort. No requiere mucho trabajo, es lo contrario de estar “anhelosamente consagrados en una buena causa” (DyC 58:42) y si nos permitimos hundirnos en la trampa de Satanás durante demasiado tiempo, rápidamente habremos “dejado de sentir” (1 Nefi 17:45).

Sigue Avanzando

Una de mis películas favoritas es “Guerra Mundial Z” y en cierto punto, Gerry Lane y su familia son recibidos en el departamento de otra familia como refugio temporal del apocalipsis zombi que ocurre afuera. Gerry explica a la familia que los acoge que no pueden simplemente quedarse en el departamento y esperar sobrevivir. “El movimiento es vida” dijo él.

Aquella familia que los hospedó se quedó atrás y se unió rápidamente a las filas de zombis descompuestos (a excepción de su hijo pequeño, quien llega a escapar). Los Lane siguen moviéndose y llegan a sobrevivir. El movimiento es vida.

El mismo principio se aplica con el agua. La vida prospera con el agua en movimiento. El agua estancada produce bacterias y rápidamente se vuelve tóxica. El agua que fluye es mucho más limpia y segura para beber. Tal vez esa es la razón por la cual Cristo a menudo se compara con una “fuente viva” o una corriente de agua.

Para asegurar nuestra supervivencia espiritual, debemos seguir avanzando.

Sigue leyendo las Escrituras diariamente. Ora a menudo. No le des a tu testimonio la oportunidad de deteriorarse. Una plaga zombie o una infección bacteriana podrían ser más preferibles a lo que Satanás tiene pensado convertirnos.

Cada uno de nosotros haría bien en tomarse un momento, meditar un poco y evaluar nuestras vidas. ¿Está Satanás teniendo éxito al provocarnos a la ira o ha pasado a tácticas más sutiles?, ¿Nos estamos volviendo espiritualmente estancados?

Es difícil cambiar y arrepentirse, pero vale la pena. Por el bien de nosotros mismos, de nuestras familias y nuestra felicidad, demos dar todo lo que tenemos.

Este artículo fue escrito originalmente por David Snell y fue publicado por mormonhub, con el título: “What Satan Does When He Can’t Get You to Sin