En una reciente conversación sobre la guía “Para la Fortaleza de la Juventud”, la Presidencia General de las Mujeres Jóvenes compartió un recordatorio para las jóvenes de todo el mundo: tener un cuerpo es un regalo sagrado de Dios.
Para muchas jóvenes hoy, el cuerpo suele verse a través de filtros sociales, comparaciones o estándares externos. Sin embargo, el evangelio propone una mirada diferente. Nuestro cuerpo no es un objeto que debemos perfeccionar para agradar al mundo, sino un don divino que nos permite crecer, aprender y acercarnos más a Dios.
Comprender eso cambia la conversación por completo.
Un regalo que nos permite elegir

La Presidenta General de las Mujeres Jóvenes, Emily Belle Freeman, explicó que las escrituras y las enseñanzas inspiradas existen para ayudarnos a aprender cómo cuidar este regalo que Dios nos ha dado.
El cuerpo no es un detalle menor dentro del plan de Dios. Es parte central de nuestra experiencia en la tierra. Gracias a nuestro cuerpo podemos actuar, decidir, servir y progresar espiritualmente.
La guía “Para la Fortaleza de la Juventud” enseña algo muy claro, tener un cuerpo aumenta nuestro poder para ejercer el albedrío.
Eso significa que nuestras decisiones importan. Lo que hacemos con nuestro cuerpo, cómo lo tratamos y cómo lo valoramos, refleja quiénes queremos llegar a ser.
Virtud: una palabra que habla de poder

Durante la conversación también hablaron sobre la palabra virtud, un término que a veces se malinterpreta o se reduce a un solo significado.
La Presidenta Freeman recordó la historia de la mujer que sufría flujo de sangre en el Evangelio de Marcos. Ella creyó que si lograba tocar el manto de Jesucristo sería sanada. Cuando lo hizo, las escrituras dicen que el Señor sintió que “virtud había salido de Él”.
Una nota en las escrituras explica que esa palabra también significa poder o fuerza.
Esto nos ayuda a entender algo importante. La virtud no es debilidad ni restricción. En el evangelio, la virtud es una forma de poder espiritual.
Por eso en Doctrina y Convenios 121:45 se enseña:
“Deja que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente”.
Cuando vivimos con esa intención, el Señor promete que nuestra confianza en Su presencia crecerá.
Elegir diferente cuando todos eligen distinto

Las líderes también reconocieron una realidad que muchas jóvenes viven hoy. A su alrededor pueden ver amigos o compañeros tomando decisiones sobre su cuerpo que son diferentes a las suyas.
En esos momentos puede ser fácil sentir presión o incluso dudas.
Pero recordar que el cuerpo es sagrado cambia la perspectiva. Cuando entendemos el valor divino de nuestro cuerpo, nuestras decisiones dejan de basarse en presión social y comienzan a reflejar identidad espiritual.
La forma en que tratamos nuestro cuerpo llega a ser parte de quiénes somos.
Un ejemplo sobre el poder de elegir

Durante la conversación, la hermana Tamara Runia compartió una experiencia de su esposo. En una ocasión tuvo la oportunidad de conducir un auto de carreras en una pista profesional. Antes de comenzar, recibió instrucciones claras sobre cómo manejar el vehículo a alta velocidad.
Sin embargo, empezó a llover. Los instructores le indicaron que debía reducir la velocidad y adaptarse a las nuevas condiciones.
Él pensó que estaría bien y continuó como antes. Poco después el auto comenzó a girar fuera de control.
La experiencia fue aterradora porque de pronto se dio cuenta de que tenía poder, pero no estaba usando ese poder con sabiduría. Dios nos ha dado poder para elegir, pero ese poder requiere dirección, conocimiento y cuidado.
Cuidar el cuerpo también incluye la salud emocional

Otro punto importante que resaltaron las líderes es que cuidar el cuerpo también incluye cuidar la salud mental y emocional.
A veces las luchas emocionales o mentales pueden hacer que la conexión espiritual se sienta más débil. Pero eso no significa que Dios esté lejos o que alguien esté siendo castigado.
Buscar ayuda es parte del cuidado personal.
Hablar con padres, líderes, médicos o consejeros profesionales puede ser una bendición. Pedir apoyo no es una señal de debilidad, sino un paso valiente hacia la sanación.
Recordar quién eres realmente

En medio de las presiones culturales y las expectativas del mundo, este mensaje es especialmente relevante para las jóvenes.
Tu cuerpo no es un problema que debes resolver ni un estándar que debes alcanzar, es un regalo de tu Padre Celestial.
Es la herramienta que te permite aprender, crecer, servir y acercarte más a Él.
Cuando entendemos ello, nuestras decisiones cambian. No porque alguien nos obligue, sino porque empezamos a vernos a nosotras mismas de la forma en que Dios nos ve.
Cuando una joven recuerda su valor divino, también recuerda el poder que tiene para elegir un camino que la acerque a Dios.
Fuente: Church News



