Pregunta
El 27 de junio de 1844, el asesinato de José Smith no solo dejó a los Santos de los Últimos Días sin su profeta, sino que también dio paso a una de las preguntas más decisivas de su historia: ¿quién será el siguiente profeta?
Durante años, críticos y distintos movimientos religiosos han afirmado que “las llaves murieron con José Smith”. Por otro lado, otros sostienen que Doctrina y Convenios ya había previsto cómo debía continuar el liderazgo de la Iglesia. Esa crisis de sucesión en el liderazgo de la Iglesia de Jesucristo marcó un antes y un después.
Entonces, ¿qué pasó realmente tras la muerte de José Smith? Aunque no lo creas, la respuesta es más familiar de lo que parece.
Respuesta

Para responder a la pregunta hay que remontarnos al inicio de todo: el martirio de José Smith. Ese día no solo murió José Smith sino también Hyrum Smith, su hermano mayor, patriarca de la Iglesia de Jesucristo y Asistente del Presidente. Ese detalle lo cambió todo.
José llegó a declarar públicamente que había ordenado a alguien para sucederlo, y ese alguien era Hyrum. Pero con ambos asesinados la misma tarde, el plan se desmoronó. Para complicar aún más la situación, Oliver Cowdery, otro posible sucesor en la línea de liderazgo, había sido excomulgado. La Iglesia de Jesucristo quedó sin cabeza.
Entonces, surgieron múltiples aspirantes al liderazgo, cada uno con una visión distinta. Entre ellos estaban:
- Sidney Rigdon: Como único consejero sobreviviente de la Primera Presidencia, Rigdon regresó a Nauvoo proclamando que debía actuar como guardián de la Iglesia hasta que el hijo de José Smith creciera.
- La familia Smith: Otros rumoraban que el liderazgo debía permanecer en los Smith. Circulaban bendiciones y testimonios que apuntaban a José Smith III, el hijo mayor sobreviviente del profeta. Pero había un detalle: José Smith III solo tenía 12 años, así que no podía liderar por el momento.
- Otros líderes menores: Figuras como James J. Strang o Lyman Wight también reclamaron autoridad, apoyándose en revelaciones personales o asignaciones regionales. Sin embargo, ninguno logró reunir al cuerpo principal de los Santos.
La Iglesia de Jesucristo estaba fragmentada y necesitaba una respuesta clara.
Lo que José hizo antes de morir

Aquí entra un detalle histórico clave que decidió el desenlace de la historia.
Durante los últimos meses de su vida, José Smith se reunió repetidamente con el Cuórum de los Doce Apóstoles. ¿La razón? Para conferirles todas las llaves del sacerdocio y de las ordenanzas y declararles que sobre ellos recaería la responsabilidad de seguir adelante si él moría.
Brigham Young, presidente del Cuórum de los Doce, recordaría a los Santos más tarde que José les había entregado todo lo necesario para “edificar el reino”, y que las fuerzas del mal no podrían destruirlo más rápido de lo que ellos podrían hacerlo crecer.
Este principio tiene su fundamento en las revelaciones modernas que afirman que el Cuórum de los Doce:
“constituyen un cuórum, igual en autoridad y poder que [la Primera Presidencia]”.
Agosto de 1844: el día que marcó el rumbo

El punto de inflexión llegó en agosto de 1844, durante una conferencia en Nauvoo convocada para decidir el futuro del liderazgo. En esa reunión, Sidney Rigdon habló primero.
Luego de su mensaje, Brigham Young, recién regresado de una misión, intervino y se dirigió a los santos. Lo notable de su discurso es que no habló de sí mismo, no pidió ser profeta, ni reclamó el liderazgo. Solo habló de las llaves del sacerdocio y del orden que Dios ya había otorgado al Cuórum de los Doce Apóstoles.
Mientras Brigham Young se pronunciaba, ocurrió un hecho inusual. Muchos sintieron, y algunos incluso afirmaron ver, que su voz y su semblante se asemejaban a los de José Smith.
Para los presentes, esa fue una confirmación espiritual de que el manto había pasado al Cuórum de los Doce. Tras lo cual, la congregación votó a mano alzada para sostener a los Doce como la autoridad dirigente de la Iglesia de Jesucristo.
No fue una decisión absolutamente unánime, pero sí decisiva.
Un modelo de liderazgo claro

Brigham Young no se convirtió inmediatamente en presidente de la Iglesia de Jesucristo. Durante casi tres años, el Cuórum de los Doce la lideró como cuerpo colectivo, con Brigham como su presidente.
Finalmente, en diciembre de 1847, ya en el Valle del Lago Salado, se reorganizó la Primera Presidencia, y Brigham Young fue sostenido formalmente como presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
Esa sucesión dejó heridas en varios grupos que se separaron y formaron nuevos movimientos como la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (hoy Comunidad de Cristo), bajo el liderazgo de José Smith III, en abierta oposición a Brigham Young.
Sin embargo, la mayoría de los Santos siguió a los Doce Apóstoles y hoy, muchas décadas después, seguimos el mismo modelo de liderazgo.
Si bien fue uno de los periodos más confusos y preocupantes dentro de la historia de la Iglesia de Jesucristo, esa etapa nos dejó una gran enseñanza: la revelación guía, pero el orden protege.
Fuente: AskGramps



