Cuando estudiamos las escrituras con atención, nos daremos cuenta de que hay relatos que revelan verdades poderosas sobre quién es Dios y cómo nos ama.

Uno de esos relatos ocurre justo después de que Satanás tentara a Adán y a Eva. Cuando eso pasó, muchos dejamos pasar desapercibido un pequeño detalle tan simple: la vestimenta de Adán y Eva.

Quizá algunos digan: ¿Qué tiene que ver la vestimenta aquí? Pero si nos detenemos a meditar, nos daremos cuenta de que su vestimenta revela una verdad crucial sobre el carácter divino de Dios.

Los delantales de hojas

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Cuando Adán y Eva comieron del fruto, se dieron cuenta de que estaban desnudos. Imagen: Pinterest

Según el relato de la Biblia, luego de comer el fruto prohibido, Adán y Eva se dan cuenta de que están desnudos. Pero además de eso, también sienten vergüenza por haber transgredido contra el mandamiento de Dios.

El élder Scott D. Whiting, de los Setenta, explicó este momento:

“Tal vez más doloroso que el haber estado sin ropa en ese momento era que ahora se encontraban expuestos a causa de su transgresión. Estaban indefensos y vulnerables; estaban desnudos en todo el sentido de la palabra”.

La historia continúa con Satanás, quien aprovecha esta situación para incitar a Adán y a Eva a esconderse de Dios. Y, siguiendo su sugerencia, ellos recogen hojas de higuera y se hacen delantales.

“Y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales”. (Moisés 4:13)

Con esta primera vestimenta de Adán y Eva, comienza nuestro análisis. Los delantales de hojas parecían una buena solución para cubrir su desnudez; sin embargo, no era la mejor opción. Las hojas se podían secar y hasta romper, además de que la savia de la higuera puede irritar la piel al exponerse al sol.

En resumen, los delantales de hojas parecían proteger, pero en realidad no eran seguros. Para nosotros, ese patrón se repite cuando ante la culpa o vergüenza, buscamos soluciones rápidas y superficiales que parecen aliviar, pero que no sanan.

Así es como Satanás nos tienta ofreciendo alternativas que aparentan ayudar, pero que en realidad nos hacen daño.

Las túnicas de pieles

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Dios les proveyó túnicas de pieles a Adán y Eva. Imagem: Masfe.org

Luego de esa escena, Dios aparece y encuentra a Adán y Eva escondidos y vestidos con los delantales de hojas. Él los ve y al principio no los humilla ni los rechaza, sino que les permite explicar lo que sucede.

Luego, con orden, reprende a Satanás, establece las consecuencias de la Caída para Adán y Eva y, finalmente, hace algo profundamente significativo: los viste apropiadamente.

“Y yo, Dios el Señor, hice túnicas de pieles para Adán y también para su esposa, y los vestí”. (Moisés 4:27)

La escritura lo dice muy claro, Dios mismo les provee la vestimenta adecuada a Adán y Eva, pero ¿por qué? Podemos decir que porque Él quería que Sus hijos estén protegidos antes de que entren a un mundo caído.

Ese momento de Dios proveyendo las túnicas fue la imagen perfecta de un padre abrigando a Sus hijos con calidez antes de salir al mundo frío. Eso no eliminó las dificultades de la mortalidad para Adán y Eva, pero sí los preparó para enfrentarlas.

Un símbolo de convenios

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Para los Santos de los Últimos Días, los gárments del templo son una vestidura sagrada. Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Desde esta perspectiva, la vestimenta que Dios les otorgó representaba cuidado y un compromiso divino que iba más allá del error cometido.

Para los Santos de los Últimos Días, los gárments del templo son una vestidura sagrada que cumple un propósito similar: un recordatorio de nuestros convenios, pero también de que Dios no abandona a Sus hijos cuando fallan.

Así como Dios cubrió a Adán y Eva con las túnicas de pieles, los Santos de los Últimos Días creemos que el sacrificio de Jesucristo ofrece una cobertura constante contra los peligros del mundo y nuestros gárments son elementos externos de esa promesa.

El mensaje detrás del relato de las vestimentas de Adán y Eva es aprender a escoger la bondad de Dios y rechazar la sutileza engañosa de Satanás.

Aunque fallemos, Dios nunca nos dejará desprotegidos. No lo hizo con Adán y Eva y tampoco con nosotros. Aunque hoy nos sintamos expuestos, en Cristo, siempre está la posibilidad de ser cubiertos de nuevo por Su amor.

 Fuente: LDSLiving

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