A veces todo se junta. Problemas pequeños, errores propios, decisiones que no salieron bien. En esos momentos, muchos llegan a una conclusión silenciosa

Tal vez Dios me está castigando.

Esa idea puede cambiar la forma en que vemos a Dios. En lugar de sentir confianza, aparece la vergüenza. En lugar de orar con paz, aparece la culpa.

Pero el evangelio restaurado enseña algo diferente y profundamente liberador

Dios no es un Padre que busca castigarnos. Es un Padre que busca sanarnos.

El sufrimiento no es un castigo divino, muchas veces es una consecuencia natural

Imagen: masfe.org

Las escrituras enseñan que el pecado nunca trae felicidad. No porque Dios quiera vernos sufrir, sino porque alejarnos de Él significa alejarnos de la fuente de la paz.

Es como apagar la luz y luego preguntarnos por qué estamos en oscuridad.

La oscuridad no es el castigo. Es el resultado.

De la misma forma, cuando actuamos en contra de las leyes de Dios, el resultado natural es sentir vacío, culpa o dolor espiritual.

No es venganza, es consecuencia y lo más importante es que Dios no se aleja cuando fallamos. Él permanece cerca, esperando ayudarnos a regresar.

Dios no disfruta nuestro dolor, Él lo siente con nosotros

Imagen: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Una de las verdades más hermosas del evangelio es que Dios no es indiferente a nuestro sufrimiento.

Las escrituras muestran que Él llora por Sus hijos. Significa que cuando cometemos errores, Dios no reacciona con odio. Reacciona con amor, compasión y preocupación. Él sabe que el pecado nos hiere y Su deseo es sanarnos, no condenarnos.

Jesucristo sufrió por nosotros. No solo por los pecados grandes. También por los pequeños. También por los errores que todavía nos duelen. 

Él lo hizo para que tengamos una salida. El arrepentimiento no es un castigo. Es una oportunidad de liberación.

Cuando nos arrepentimos, no estamos siendo humillados. Estamos siendo sanados. Cristo ya sintió ese dolor para que nosotros podamos sentir paz.

Dios respeta nuestra libertad, incluso cuando nos equivocamos

Imagen: masfe.org

Parte del plan de Dios es el albedrío. La capacidad de elegir. Eso significa que nuestras decisiones tienen resultados reales. Pero también significa algo esperanzador

Siempre podemos elegir regresar. Nunca estamos demasiado lejos, estamos descartados o estamos solos.

Si alguna vez hemos sentido que Dios está decepcionado de nosotros, es importante recordar que Dios no trabaja a través del miedo. Él trabaja a través del amor.

Él no quiere que evitemos orar por vergüenza o que vivamos sintiéndonos culpables para siempre. Él quiere que oremos con confianza y que aceptemos el poder sanador de Jesucristo.

Porque al final, la verdad más importante es que Dios no es un Padre que castiga a Sus hijos arrepentidos. Es un Padre que corre a abrazarlos cuando regresan.

Fuente: Ask Gramps 

Video relacionado

También te puede interesar