Cuando pensamos en Navidad, muchas veces visualizamos luces, villancicos y momentos cálidos en familia. Pero si nos detenemos un segundo en el primer nacimiento de Jesús, algo nos llama la atención: no ocurrió en un palacio ni en un lugar cómodo, sino en un pesebre, rodeado de animales, frío y lleno de humildad.
Ese detalle nos invita a reflexionar sobre cómo Dios muchas veces actúa en lugares incómodos, en circunstancias inesperadas, y nos muestra que lo extraordinario puede nacer de lo simple.
Los lugares humildes como escenarios divinos

El profeta Isaías dijo:
“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” – Isaías 9:6.
Jesús nació en un pesebre, un lugar que nadie escogería para un rey, y aun así allí se manifestó el amor más grande de Dios hacia la humanidad.
Esto nos recuerda que Dios no necesita un escenario perfecto para actuar. Él encuentra su espacio incluso donde hay desorden, incomodidad o lo inesperado. A veces, nuestras propias vidas parecen un pesebre: llenas de problemas, cansancio o situaciones que no elegimos. Y aun así, Dios puede actuar en medio de todo eso.
La humildad como puerta de milagros

El pesebre nos enseña que la grandeza de Dios no se mide por la comodidad del lugar, sino por Su poder para transformar cualquier espacio. En Doctrina y Convenios 18:10 leemos:
“Recordad que el valor de las almas es grande ante mí, porque he de juzgar según sus obras, sus palabras y la intención de su corazón.”
El lugar no define el milagro; la disposición sí. Así como María y José aceptaron circunstancias difíciles con fe, nosotros también podemos permitir que Dios actúe en nuestra vida aun cuando todo parece incómodo o incierto.
Cuando lo incómodo se convierte en oportunidad

Muchas veces evitamos lo incómodo: ese trabajo que nos desafía, esa conversación que tememos, esa decisión que parece imposible. Pero Dios elige lo humilde, lo sencillo y lo inesperado para manifestar Su gloria.
El pesebre nos recuerda que los lugares donde sentimos vulnerabilidad pueden ser el terreno perfecto para la bendición y el cambio. No necesitamos un escenario de perfección para ver milagros; necesitamos fe, apertura y disposición a dejar que Dios actúe.
El pesebre esta navidad

Esta Navidad, mientras vemos pesebres en nuestras casas, en las calles o en la iglesia, recordemos que el mensaje del pesebre no es solo sobre un nacimiento, sino sobre la forma en que Dios trabaja en nuestra vida.
Puede que estemos en medio de circunstancias incómodas, llenas de desafíos, incertidumbre o incomodidad. Pero allí, en nuestro propio pesebre personal, Dios puede traer luz, esperanza y milagros.
Como nos enseñó el Señor en Mosíah 2:17:
“Cuando os halláis al servicio de vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de vuestro Dios.”
Así que, sin importar dónde nos encontremos, podemos abrir espacio para que Él actúe y transforme lo ordinario en extraordinario.
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