Pregunta

¿De dónde vienen los manuscritos de la Biblia?

Cuando pensamos en la Biblia, solemos imaginar que tenemos los textos originales escritos por los apóstoles y profetas. La realidad es más compleja: ninguno de los manuscritos originales del Nuevo Testamento ha sobrevivido. Lo que hoy leemos son copias de copias, hechas décadas después de los eventos que narran.

Respuesta

Aunque los manuscritos originales se perdieron, miles de copias fueron creadas y preservadas por creyentes que transmitieron los textos con los medios que tenían a su alcance. Imagen: Ask Gramps

El fragmento más antiguo que se conserva se llama Papiro P52, un pequeño trozo del Evangelio de Juan, que data aproximadamente del año 125 d.C. 

Esto significa que hubo una brecha de 50 a 100 años o más entre los relatos de los testigos presenciales y los textos que llegaron hasta nosotros. Como dijo Sir Frederick Kenyon:

 “Los originales desaparecieron hace mucho, probablemente en los primeros años de la Iglesia; ningún escritor cristiano de la época hace mención de ellos.”

El trabajo de generaciones para preservar la fe

Las diferencias entre manuscritos no eliminan el valor espiritual de la Biblia, sino que invitan a comprenderla dentro de un proceso humano guiado por Dios. Foto: Sotheby’s

A pesar de la pérdida de los originales, más de 5,400 manuscritos griegos de todo o parte del Nuevo Testamento han sobrevivido, cada uno con pequeñas diferencias. 

Los primeros copistas eran, a menudo, personas no entrenadas, y los errores se copiaban de generación en generación. Como observa Bart D. Ehrman:

 “Los primeros copistas cometieron muchos errores, y estos errores fueron transmitidos a los siguientes.”

No fue hasta siglos después que aparecieron manuscritos más completos y cuidados, como el Codex Vaticanus, Codex Sinaiticus y Codex Alexandrinus, producidos en el siglo IV en Egipto.

Variantes, pérdidas y esperanza

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Para los Santos de los Últimos Días, la revelación continua y otros registros sagrados ayudan a completar y confirmar el mensaje central de la Biblia. Imagen: Canva

Entre todas estas copias, hay más variantes que palabras en el Nuevo Testamento mismo. Esto puede parecer preocupante, pero también nos recuerda que la Biblia no depende de un solo manuscrito, sino de la fe colectiva y la guía del Espíritu Santo. Como dijo B. H. Roberts:

“La Biblia, a pesar de sus deficiencias, sigue siendo un registro maravilloso de los tratos de Dios con la humanidad y del ministerio de Jesús.”

Para los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la pérdida de textos originales invita a confiar en la revelación y en otros registros sagrados, como el Libro de Mormón, que restaura “cosas claras y preciosas” que se habían perdido (1 Nefi 13:25-28).

El proceso de pérdida y preservación nos recuerda que la fe no depende de la perfección de los manuscritos, sino en la guía de Dios, la revelación personal y el testimonio colectivo de generaciones de creyentes. Cada lectura puede ser un encuentro espiritual, una oportunidad para sentir la mano de Dios guiándonos y confirmando Su palabra en nuestro corazón.

Fuente: Ask Gramps 

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