¿Por qué Dios espera que creamos sin verlo directamente? ¿Por qué no envía un ángel a cada persona, al menos una vez, para eliminar toda duda?

Desde una lógica humana, parecería lo más razonable. Pero el Evangelio enseña algo distinto. La fe nunca fue diseñada para existir después de la certeza absoluta. Fue diseñada para existir antes.

El Libro de Mormón lo explica con claridad

“Si tenéis fe, esperáis cosas que no se ven, pero que son verdaderas” (Alma 32:21).

Y la Biblia lo confirma

“La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

La fe comienza donde termina la evidencia visible. No porque Dios quiera esconderse. Sino porque quiere algo más profundo que una simple reacción a la prueba. Quiere una elección.

Si no existiera la duda, no existiría la elección real

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Una de las doctrinas centrales del plan de Dios es el albedrío. La capacidad de elegir. Pero no puede existir una elección verdadera si una opción es absolutamente innegable.

El académico Santo de los Últimos Días Terryl Givens explicó

“Debe haber bases tanto para la duda como para la fe, para que la elección sea realmente una elección”.

En otras palabras, si el conocimiento fuera abrumador e imposible de negar, creer no sería una decisión. Sería una obligación. Y Dios nunca ha buscado seguidores obligados.

Él busca discípulos que lo elijan libremente. Por amor, no por presión. Pablo lo enseñó así:

“Porque por fe andamos, no por vista” (2 Corintios 5:7).

Esta vida fue diseñada como un espacio donde el corazón se revela a través de las decisiones, no donde las decisiones se imponen por evidencia absoluta.

La fe funciona más como experimento que como prueba instantánea

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Muchas personas esperan recibir primero la prueba, y después creer. Pero el patrón espiritual es el inverso.

Primero se actúa con fe. Después llega el conocimiento. Alma lo comparó con una semilla

“Mas he aquí, si despertáis y aviváis vuestras facultades, aun para experimentar con mis palabras… empezará a hincharse en vuestro pecho” (Alma 32:27–28).

Primero se planta, luego crece y después se sabe. La fe no es creer sin evidencia. Es actuar antes de verla completamente. Y con el tiempo, la evidencia se vuelve personal, espiritual y real.

Ver un ángel no garantiza una fe duradera

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Puede parecer que ver un ángel resolvería todo. Pero las Escrituras muestran lo contrario. Lamán y Lemuel vieron un ángel. Y aun así dudaron después (1 Nefi 3:29).

Los hijos de Israel vieron milagros extraordinarios. Y aun así se alejaron. Incluso quienes vieron a Cristo resucitado, eventualmente murieron y nuevas generaciones tuvieron que desarrollar su propia fe. Los milagros pueden impactar el momento. Pero no reemplazan la conversión personal. La fe duradera no nace de ver. Nace de elegir seguir creyendo.

A veces parece que Dios está probando a las personas. Pero en realidad, el proceso revela algo más importante. Revela el deseo. El Señor declaró

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

La fe muestra lo que realmente queremos. No lo que sabemos, lo que elegimos. Porque Dios no quiere crear seguidores que simplemente acepten evidencia. Quiere formar hijos que elijan una relación con Él.

La fe no elimina todas las preguntas, pero sí transforma a la persona

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En el Evangelio, la fe no es el final del camino sino el inicio. Con el tiempo, algunas preguntas encuentran respuesta. Otras toman más tiempo. Pero algo sí cambia siempre. La persona. El presidente Dieter F. Uchtdorf enseñó

“La fe es confiar en Dios incluso cuando no tienes todas las respuestas”.

Y esa confianza produce algo que la evidencia por sí sola no puede producir. Cambio, conversión y relación. Al final, la fe no existe porque Dios no pueda mostrarse. Existe porque este es el único ambiente donde el amor verdadero puede desarrollarse.

El amor que nace sin obligación, el amor que elige quedarse, el amor que elige creer. Porque un día, la fe será reemplazada por conocimiento. Pero lo que esa fe formó dentro de nosotros, eso permanecerá para siempre.

Fuente: Ask Gramps 

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